Hagámosle caso al mensaje episcopal

Nuevamente, la familia, el rol de la mujer en la sociedad dominicana y la situación de violencia que afecta cada rincón de nuestra geografía volvió a ser motivo de análisis y reflexión en la carta pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano

Nuevamente, la familia, el rol de la mujer en la sociedad dominicana y la situación de violencia que afecta cada rincón de nuestra geografía volvió a ser motivo de análisis y reflexión en la carta pastoral de la Conferencia del Episcopado Dominicano.Es un tema que, de hecho, se ha vuelto recurrente, precisamente porque cada día amanecemos con un episodio más que involucra a estos tres componentes aludidos por la Iglesia católica, en su mensaje emitido en ocasión de celebrarse el próximo sábado el Día de La Altagracia.

Siempre que se intente abordar esta problemática, es imposible separar cada uno de estos elementos, porque están ineludiblemente entrelazados y no es posible el análisis de uno sin tomar en cuenta la realidad que envuelve al otro.

Quizás por esta razón la Conferencia del Episcopado Dominicano se refiere al tema desde una perspectiva multidimensional, cuando señala que actualmente nuestra sociedad es estremecida por “una espiral de violencia en espacios como el intrafamiliar, laboral, social y cultural”.

Y es cierto. Sin embargo, es pertinente resaltar que esta violencia referida por la Iglesia no subraya sólo aquella que convencionalmente conocemos, que es la que viene dada por agresiones físicas o verbales, aunque de igual forma hace un llamado de atención a las autoridades para estar vigilantes a estas escenas, donde las tragedias cobran vidas y dejan serias secuelas.

En el caso específico de las mujeres, la violencia que se ejerce sobre ellas se aprecia de igual forma en la falta de respeto a su lucha cotidiana por rebasar el muro que le impide avanzar a otra dimensión socio-cultural distinta, conminándolas a reducidos espacios de participación en procesos fundamentales para el desarrollo mismo de nuestra nación.
Esa es también otra forma de violencia, y que tiene un impacto demoledor en los esfuerzos encaminados a deshacer viejos patrones de conducta aprendidos y practicados de generación en generación.

Este mensaje llega en un momento en que la atención está centrada en otros temas de igual interés para la vida nacional, pero que reviste singular importancia, porque su debate o discusión no es coyuntural, sino permanente y necesario en cualquier circunstancia.

Esto indica, pues, que lo mejor que puede pasarle al pueblo dominicano es prestar especial atención a lo expuesto por la Iglesia católica a través de la Conferencia del Episcopado, so pena de seguir transitando la vía que nos conduce hacia al borde del despeñadero, en nuestro propósito de revertir estos males que en vez de debilitarse se fortalecen con el paso de los días.

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