En los primeros meses de 2025, la República Dominicana ha sido testigo de un alarmante incremento en los intercambios de disparos entre la Policía Nacional y los presuntos delincuentes.
La creciente violencia en el país ha encendido las alertas sobre la eficacia del sistema de seguridad pública, con un número notable de abatidos que refleja el deterioro de la seguridad en varias regiones del territorio nacional.
Estos enfrentamientos armados, que han cobrado la vida de decenas de personas, tanto delincuentes como agentes de la ley, se están convirtiendo en una respuesta habitual frente a la delincuencia organizada y el crimen común.
A pesar de las estadísticas oficiales que reportan una ligera disminución de los homicidios, la percepción de los ciudadanos es completamente diferente. En las calles, el miedo a la delincuencia sigue en aumento y la sensación de inseguridad se ha instalado como un problema permanente en muchas comunidades.
A medida que la delincuencia se intensifica, la estrategia de “mano dura” contra los criminales ha ganado terreno. Este enfoque ha resultado en un número cada vez mayor de abatidos, es decir, presuntos delincuentes que pierden la vida en enfrentamientos armados con los agentes del orden.
En muchos de estos casos, las fuerzas de seguridad se ven obligadas a responder con fuerza letal para neutralizar a los agresores, lo que ha generado un debate en torno a la proporcionalidad y la eficacia de estas medidas.
En enero de 2025, la Policía Nacional reportó al menos 20 abatidos en situaciones de confrontación. Estos enfrentamientos no solo dejan muertes, sino también un alto costo en términos de confianza pública en el sistema judicial.
Casos en 2025
Desde el inicio del año, varios casos han marcado la pauta de la violencia en la República Dominicana. El 2 de enero, José Luis Betancourt, conocido como “Bebo”, fue abatido durante un tiroteo en Los Guaricanos.
A pesar de su corta edad, Betancourt tenía antecedentes de violencia, lo que generó que su muerte fuera uno de los primeros casos destacados de este tipo de enfrentamientos.
Al día siguiente, en Baní, Henry Félix, alias “Mantequilla”, perdió la vida tras un tiroteo con la Policía. Félix, de 22 años, estaba siendo perseguido por su implicación en el asesinato de un sargento mayor de la Policía Nacional.
Estos eventos no fueron aislados, debido a que el mismo mes, Jesús Manuel Aquino, conocido como “La Perra”, también fue abatido en un enfrentamiento con las autoridades en La Romana. Aquino tenía una larga lista de cargos, incluidos robos y asociaciones delictivas.
Uno de los tiroteos más impactantes ocurrió el 18 de enero, cuando Yensy Reynoso, un conocido delincuente con múltiples denuncias por robos y asaltos, intentó asaltar a un exagente de la Policía. Reynoso fue abatido durante el enfrentamiento, y este caso dejó claro el nivel de peligrosidad de algunos de los involucrados en la criminalidad.
El mismo día, dos delincuentes más fueron abatidos: Juan Alberto Collado, alias “El Gordo”, y José Luis Sepúlveda, alias “Negro”, ambos de 26 años, los cuales cayeron durante un enfrentamiento armado en Verón-Punta Cana, uno de los destinos turísticos más importantes de nuestro país.
La lista de muertos sigue aumentando con casos como el de Yanepa, abatido el 27 de enero, y Eddy Lugo, alias “La Avispa”, quien fue abatido el 29 de enero en Santiago tras un tiroteo con la Policía. Lugo, de 29 años, tenía un largo historial de delitos, incluidos robos y tráfico de drogas, lo que lo convirtió en uno de los más buscados en la región.
A finales de enero, Wandy Valdez Núñez, alias “El Waja”, murió en un enfrentamiento armado con la Policía en Santo Domingo Norte. Este individuo, que se encontraba en la lista de los más peligrosos, estaba implicado en robos y asaltos en la vía pública. Tras su muerte, las autoridades encontraron dos armas de fuego en su poder, lo que subraya la peligrosidad del delincuente.
A principios de febrero cayó abatido Daniel Francisco Jiménez, alias “Chiqui”, quien perdió la vida el 5 de febrero tras un enfrentamiento con la Policía en el sector Simón Striddels, en Azua. Jiménez, de 23 años, estaba siendo buscado por homicidio y otros delitos graves.
El aumento de los intercambios de disparos en República Dominicana plantea serias interrogantes sobre el rumbo que está tomando la lucha contra la delincuencia. Los ciudadanos exigen un sistema de justicia más eficaz, que no se limite a soluciones de corto plazo basadas en la violencia.
Si bien el Código Procesal Penal establece directrices claras sobre el uso de la fuerza letal por parte de las autoridades, los críticos aseguran que la escalada de enfrentamientos solo perpetúa un ciclo de violencia.
Aunque la policía tiene la responsabilidad de proteger a los ciudadanos y combatir el crimen, algunos sectores de la sociedad consideran que la respuesta no está siendo proporcional a la magnitud del problema.
Las muertes de los presuntos delincuentes en estos enfrentamientos se están convirtiendo en una constante, pero no parece haber una disminución significativa en los delitos que aquejan a la población.