Se trata de un comportamiento con una disposición a no socializar ni comunicarse, que puede empezar desde el primer año del niño. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo explica de esta manera (abril 2016):
“Los trastornos del espectro autista (TEA) son un grupo de complejos trastornos del desarrollo cerebral. Este término genérico abarca afecciones tales como el autismo, el trastorno desintegrador infantil y el síndrome de Asperger. Estos trastornos se caracterizan por dificultades en la comunicación y la interacción social y por un repertorio de intereses y actividades restringido y repetitivo”.
La OMS ofrece una respuesta a la pregunta de cómo de común es:
“Según estimaciones de estudios, un niño de cada 160 padece un trastorno del espectro autista. Nótese que se trata de un promedio: las tasas de prevalencia observadas varían enormemente de un estudio a otro. Algunos trabajos recientes, sin embargo, incluyen tasas mucho más elevadas”.
Llama la atención el aumento que viene registrándose desde el año 2000. Según datos entre los niños estadounidenses ha aumentado de un niño por cada 150 en el año 2000, a uno por cada 68 en el 2012 ¿Tiene algo que ver ese aumento con el “boom” de la comunicación digital? ¡Buena pregunta!
¿Y es un trastorno o es que el niño desarrolla las conexiones neuronales del cerebro (sinapsis) desde temprano, concentrándose en los temas de su interés que capta de su experiencia? ¿Es esta la explicación de la genialidad de las figuras sobresalientes, que se especula ser autistas por síntomas asociados? Por ejemplo, entre otros:
Albert Einstein, físico alemán, Premio Nobel de Física en 1921, autor de la Teoría de la relatividad, que buscaba resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo.
Michael Phelps, estadounidense, mejor nadador olímpico, más condecorado de todos los tiempos, 22 medallas, varias de oro.
Ludwig Van Beethoven, alemán, compositor clásico, expresión sobresaliente del Nuevo Régimen capitalista.
Amadeus Mozart, austríaco, compositor clásico y pianista, vinculado al antiguo Arzobispado de Salzburgo.
Isaac Newton, inglés, físico, alquimista, inventor y matemático; retraído y consideraba perder el tiempo socializar.
Bill Gates. Genio digital, cofundador de Microsoft, mostraba evasión al contacto y se balancea al concentrarse.
Se nombran muchos más. Lo cierto es que al preguntarse la OMS ¿Cuáles son las causas del autismo? Se responde:
“La evidencia científica disponible parece indicar que existen diversos factores, tanto genéticos como ambientales, que contribuyen a la aparición de trastornos del espectro autista, influyendo en las primeras fases del desarrollo del cerebro”.
La OMS también se pregunta: “¿A qué edad se puede reconocer el autismo en los niños?” Se responde:
“Detectar un trastorno del espectro autista es difícil durante los primeros 12 meses de vida, pero generalmente es posible establecer un diagnóstico antes de que el niño cumpla los dos años. Son signos tempranos característicos el retraso en el desarrollo de las aptitudes lingüísticas y sociales, o su involución temporal, así como la aparición de determinadas conductas estereotipadas y repetitivas”.
¿Obligar al niño a contrariar su naturaleza, para que “se comporte como todos” crea su trastorno? ¿No ocurre acaso ese trastorno cuando al zurdo lo obligan a ser derecho?
El autismo es una condición, no una enfermedad
La ciencia no ha podido comprobar que el autismo sea una enfermedad; a lo sumo lo refiere como un trastorno, aunque investigadores más cuidadosos lo han calificado como una condición.
Dmitry Velmeshev (Postdoctoral Scholar, University of California, San Francisco, junio 2019) dice que “…aún no hemos logrado comprender en toda su extensión cómo se desarrolla el autismo y cómo altera las funciones cerebrales”.
Agrega más adelante: “El ADN y el ARN, dos tipos de moléculas relacionadas entre sí, están compuestas por secuencias de tan sólo cuatro elementos básicos y sirven para que la célula guarde información. El ADN almacena la información hereditaria a largo plazo, mientras que el ARN almacena datos recientes que indican el nivel de actividad de un gen y qué cantidad de una proteína determinada debe desarrollar una célula. Al elaborar un recuento del número de moléculas de ARN que transmiten el mismo mensaje, los investigadores pueden obtener una idea clara de los procesos que tienen lugar dentro de la célula”.
Señala: “En cuanto al cerebro, los científicos pueden medir el ARN de las células individuales, identificar el tipo de célula cerebral de que se trata y analizar los procesos que tienen lugar dentro de ella (la transmisión sináptica, por ejemplo). Al comparar los análisis de ARN de las células cerebrales de personas que no han sido diagnosticadas con ninguna enfermedad cerebral con aquellos realizados con pacientes con autismo, los investigadores podemos averiguar qué procesos son diferentes y en qué células ocurren”.
Luego agrega: “…encontramos que algunas neuronas, concretamente las neuronas corticales (las encargadas de posibilitar el intercambio de información entre las diferentes regiones de la corteza) poseen una cantidad insólita de proteínas codificadoras del ARN en la sinapsis (los puntos de contacto entre neuronas en los que las señales son transmitidas de una célula nerviosa a otra). Estos cambios fueron detectados en regiones fundamentales para el desarrollo de las funciones cognitivas de orden superior, como las interacciones sociales”.
Concluye “Este descubrimiento significa que, en este tipo de neuronas, la sinapsis no funciona correctamente, lo que genera cambios en las funciones cerebrales”.
Me pregunto: ¿“no funciona correctamente” es no ser igual a la generalidad?
Rajesh K. Kana, Lauren E. Libero, […] y Jeffrey S. Colburn (Universidad de Oxford. “Redes cerebrales funcionales y teoría de la mente subyacente de la materia blanca en el autismo”) comentan:
“Comparando los resultados entre niños sin y con autismo, pero con el mismo cociente (o coeficiente, far) intelectual, se encuentran claras diferencias. Los niños con autismo muestran una activación diferente y una disminución en la conectividad entre distintas áreas”.
¿Se trata de igualar al niño a lo que se califica de normal o aprovechar su condición para formar genios?
De toda manera, la población autista va en crecimiento, como anuncia la OMS, eso es un reto para la educación inicial.