La oración siempre tan magnificente como cuando oré bajo aflicción. La angustia sin oración te lleva a la desesperación y ésta al abismo, cegándote a opciones o posibilidades; la oración bajo aflicción o angustia te eleva por cielos abiertos hacia las cortes justicieras del Omnipotente. Cuando el Rey David clamó, Dios lo libró de “todos” sus temores, Y cuando fue un hombre sin temor se fortaleció en la fe, convirtiéndose en un peligro para sus adversarios. Nunca permitas a la angustia llevarte al abismo, llévala tú al valle de la oración y enséñale cómo derrotar gigantes, enemigos y fantasmas. Un hombre valiente no es un hombre sin miedo, es un hombre con Dios.