Ante la renuncia de Milagros Germán como ministra de cultura, el presidente Abinader tiene una excelente oportunidad para dar un paso importante en torno a fortalecer un conjunto de políticas públicas en el ámbito cultural, que se conecten de manera directa con el empuje mundial que tiene la denominada economía naranja.
El nuevo ministro o ministra no tiene que ser un intelectual que domine muchos temas, sino que debe ser un gerente cultural, conocedor de las políticas culturales, con capacidad de accionar y de aglutinar, de concertar y de actuar acorde a una visión clara para fortalecer la economía naranja.
¿Qué es la economía naranja? Los organismos internacionales la definen como “el área de la economía que abarca las actividades relacionadas con la creación, producción y distribución de bienes y servicios que utilizan la creatividad y el capital intelectual como principales insumos”. En esta definición se refieren a los sectores culturales y creativos, como el cine, el teatro, la música, la moda, el diseño, la publicidad, los videojuegos, las artes visuales, los espectáculos, entre otras.
Las industrias culturales y creativas, que constituyen el centro de la economía naranja, se han convertido en un motor de desarrollo económico y social de muchas naciones del mundo. De acuerdo a estimaciones del BID, en la actualidad representa alrededor del 6% del PIB mundial, que en el 2023 fue de más de 100 billones de dólares.
Una de las fortalezas de la economía naranja no está solo en su gran capacidad de generar empleos y riquezas, sino en su potencial para fortalecer la identidad nacional, defender esencias culturales y consolidar la marca país. En el caso específico de nuestra nación, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Consumo Cultural 2024, realizada por el Banco Central y el Ministerio de Cultura, el aporte del sector a la económica dominicana fue del 1.6% del PIB en el año 2023, lo que significa unos 107 mil 628 millones de pesos.
De acuerdo a esos datos, la economía naranja en el 2023 tuvo un aporte más significativo que sectores tradicionales como la minería, que aportó el 1.2% del PIB, el transporte, con 1.5% y el comercio, que no llegó al 1%.
El nuevo ministro o ministra debe estar consciente de la importancia de la economía naranja y sus posibilidades para contribuir al desarrollo de la República Dominicana. El hecho de que nuestra industria turística esté tan fortalecida y que seamos un país referente mundial, es un soporte fundamental para la ampliación y consolidación de la industria cultural y creativa.
Elementos como nuestra música, el merengue y la bachata, son claves pues ya son ritmos no solo nacionales sino internacionales. El cine dominicano se ha consolidado y ya camina a su proyección internacional, somos un punto de referencia para muchas producciones internacionales y, a pesar de que el gobierno quiso frustrar la Ley de Cine con la reforma fiscal, todavía el cine dominicano camina por un sendero importante como industria. De de igual manera nuestra grastronomía, nuestra moda, nuestro sitios históricos, el hecho de tener monumentos y patrimonios culturales trascendentes, nos coloca en un lugar especial para desarrollar potencialmente la industria naranja.
En un estudio realizado por el Banco Popular sobre las potencialidades del desarrollo de la industria creativa en el país, se plantean cuatro elementos esenciales para lograr su desarrollo. El primero es la creación de un marco regulatorio, el segundo, el fomento de la educación y la formación. El tercero es el apoyo a emprendedores y pymes y el cuarto, promover los productos creativos dominicanos en el extranjero.
Al designar el nuevo ministro o ministra, el presidente Abinader debe tener presente que uno de los puntos principales a desarrollar sea la consolidación y ampliación de la economía naranja en nuestra nación. Que tenga presente lo que con mucha certeza y precisión expresa el Banco Popular sobre las perspectivas del sector cultural: “La creatividad y la cultura impulsan, sin duda, a las naciones hacia un futuro más próspero y sostenible. En un mundo cada vez más interconectado, el poder blando de la cultura se convierte en un activo invaluable. República Dominicana tiene todos los ingredientes para convertirse en un líder en este campo, proyectando una imagen vibrante, creativa y acogedora que resuene en todo el mundo”.