Da pena, y ganas de llorar, lo que acontece en el cabildo de La Vega, porque desde fuera lo que se observa es mucha miseria humana y que campea un oportunismo despreciable, principalmente entre aquellos que han creado el embrollo y sus aliados circunstanciales que por poses y discursos históricos parecían distantes de la lucha por cargos y ventajas personales.
Esa es nuestra historia, con muy pocos políticos, ambiciosos por naturaleza, que se aferran, cueste lo que cueste, a un cargo público. En lo del cabildo vegano ha faltado entereza a gente pegada a un puesto como la hiedra a la pared, y también a quienes cambiaron un carguito menor por otro de mayor cuantía, sin parar mientes en la defraudación que han dejado.