La tecnología y el caso Rosselló

En estos días la carrera política de Ricardo Rosselló, gobernador de Puerto Rico, quedó arruinada, al igual que la de varios de sus allegados. Aunque su imagen ya estaba deteriorada, la copa la rebosó el “uso inadecuado” que hizo de las redes sociales. En un grupo de chateo del que era líder, se burlaron de varias personas, algo extremadamente condenable, sobre todo si se dirigen los destinos de una nación.

Steve Jobs, una de las figuras más influyentes en el mundo actual, reflexionó: “La tecnología no es nada. Lo importante es que tengas fe en la gente, que sean básicamente buenas e inteligentes, y si les das herramientas, harán cosas maravillosas con ellas”.

La tecnología puede ser buena o mala. Depende del empleo que le demos. Te puede destruir o hacer avanzar. He visto vidas destrozadas y futuros promisorios gracias a que fue mal o bien comprendida. Por ello, suelo escribir al respecto.

Me he referido a la nomofobia, considera uno de los trastornos del siglo. Es un temor irracional de estar sin celular o móvil, sea porque se les haya quedado en algún lugar, porque no tenga batería o porque carezca de señal. La mayoría la padece sin saberlo. Los afectados sufren ansiedad, taquicardias, pensamientos obsesivos, dolor de cabeza y de estómago. Puede provocar locura.

El celular o móvil, para muchos, es parte vital de sus cuerpos, indispensable como respirar. Cuando no lo tienen, se sienten incómodos, inseguros, ariscos, violentos. Estos aparatos han sustituido las conversaciones en la familia y con los allegados.

También, recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que la adicción a los videojuegos es una enfermedad mental que se caracteriza por un patrón de comportamiento de juego continuo o episódico, pero recurrente, sea en línea (a través de Internet) o fuera de línea. Se destaca por el progresivo deterioro en el manejo del juego y por la pérdida de control sobre la duración, frecuencia e intensidad de las sesiones, produciendo un incremento en la prioridad dada a esto que llamo “vicio”, al grado de que prevalece sobre otros intereses y actividades diarias.

El organismo internacional lo considera enfermedad porque el individuo continúa o incrementa el juego a pesar de sus consecuencias negativas. Los videojuegos pueden causar un deterioro significativo a nivel personal, familiar, social, educativo, ocupacional o en otras áreas.

Lo ocurrido con Ricardo Rosselló y parte de su entorno debe motivarnos, no solo a usar la tecnología para ser mejores y más sanos, sino a hacerlo siempre con decencia, sin ofender a nadie, respetando en todo momento la dignidad del prójimo. Y lograrlo es sencillo, pues depende solo de nosotros.

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