Un Congreso bajo estrés

    Ayer el Congreso Nacional fue de nuevo el foco de atención y preocupación del país por el anunciado propósito de reformar la Constitución para habilitar al Presidente Danilo Medina para concurrir a las próximas elecciones.

    El cerco policíaco-militar fue reforzado desde las primeras horas de la mañana. La coalición contraria a la reforma instaló sus mesas de recepción de firmas de ciudadanos que acudieron en número apreciable hasta la explanada frontal del Congreso Nacional.

    La Cámara de Diputados logró sesionar brevemente sin resultados, en medio de una evidente tensión. En la tarde varios senadores contrarios a la reforma denunciaron la presencia de agentes de la policía instalados con drones sobre el techo del edificio del Congreso. Se persiste en la utilización de agentes policiales en un conflicto propio de actores políticos y sociales.

    La seguridad interior de las cámaras fue reforzada y las restricciones las sufren hasta los mismos legisladores. El Congreso en esas condiciones no parece una expresión formal de lo que se asume como representación de la voluntad popular.

    Actores políticos adelantaron sus posiciones sobre la proyectada reforma. El presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) Miguel Vargas Maldonado, aliado del gobierno, anunció su apoyo a la reforma para habilitar al presidente Medina para optar por la reelección.

    Más tarde, el aspirante presidencial por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) Luis Abinader denunció los peligros que se ciernen sobre la democracia si finalmente se aprueba una reforma constitucional mediante procedimientos que vulneren la institucionalidad del Congreso. Y en efecto, convocó mañana viernes a repudiar tal iniciativa.

    La Nación tiene los ojos puestos en un Congreso Nacional estresado. Hay preocupación por el curso que puedan seguir los acontecimientos dado el carácter de confrontación que va asumiendo el proyecto de reforma auspiciado por la parte del PLD que dirige los destinos de la Nación.

    Preferimos esta enumeración de hechos. No sermonearemos a nadie. Que cada quien asuma sus responsabilidades en atención a lo que se supone constituyen los intereses supremos de una cosa que todavía insistimos en llamar República Dominicana.

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