El tejemaneje en la política dominicana

I.- Hay que ser realista para entender al que ejerce la política

1.- Para no caer en un análisis limitado a la chismografía con relación a los que hacen política recurriendo a maniobras tácticas no ajustadas a la bonita política, es bueno precisar que aquellos políticos que se manejan con habilidad poco común no son seres humanos malos ni buenos, santos ni demonios. Ellos son, pura y simplemente, personas que consideran el accionar político con una visión distinta a quien en sus afanes por llegar al poder utilizan otros métodos.

2.- Hay que tratar de ser realista para entender que cuando la política descansa en el interés particular de quien la ejerce, la misma va a estar despojada de rectitud, porque no es lo mismo poner de por medio lo que conviene a la colectividad, que actuar para satisfacer apetencias personales. La política dirigida con fines mezquinos no manda a llevar en el cerebro normas y principios basados en la esplendidez, la nobleza y la honorabilidad.

3.- La transparencia caracteriza a los hombres y a las mujeres que van a la política por convicciones y para ver materializados sus ideales, por lo que no tienen nada que esconder; ejecutan de buena fe; con naturalidad y exhibiendo pura franqueza. En los políticos apegados a principios no están las malas artes, como tampoco ellos hilvanan acciones individuales al margen del pueblo, ni se confabulan para la traición, fraguar planes macabros, ni urdir la ejecución de hechos que en nada aportan a los cambios sociales.

II.- El 23 de febrero de 1930 y las intrigas

4.- Lo que históricamente hemos visto en la mayoría de los políticos tradicionales de nuestro país es operar teniendo como línea la puñalada trapera, la mala pasada, la jugada a dos bandos y con barajas marcadas. Es casi imposible encontrarse, en un período cualquiera del quehacer político nacional, con activistas políticos leales por entero, fieles a sus prédicas, libres de duplicidad y sin nada de hipocresía y la fea felonía.

5.- Solamente hay que lanzar una mirada retrospectiva a la labor política que en sus diligencias conspirativas hicieron aquellos que incidieron activamente para hacer posible uno de los más notorios episodios del pasado político dañino del país, como lo fue el que se conoce como Movimiento Cívico del 23 de febrero de 1930, que abrió el camino para Rafael Leónidas Trujillo llegar al poder e instaurar su odiosa y despótica tiranía, muchos de cuyos rasgos todavía nos lamentamos padecer.

6.- Para organizar un enredo político hay que tener criterio de lo que se quiere hacer; la razón para ejecutarlo; el momento adecuado para la acción; el ambiente, los hombres y mujeres con los que se cuenta, así como alto nivel para accionar con posibilidades de éxitos. El político enredista tiene el don para estructurar; arreglar a grupos que le respondan a sus maquinaciones, sin importar que sea para enroscar o desliar.

7.- El conjunto de hilos entrecruzados que constituyen la acción que concluyó con el abandono de la dirección del Estado por Horacio Vásquez, fue una trama hecha con todo el cuidado político por los que fueron sus más conspicuos cooperadores. En la confabulación no se dejó nada al azar; cada quien estaba jugando su carta, desde Trujillo en lo militar, hasta Estrella Ureña en lo político. La conjura febrerista de 1930 fue una etapa que debe conocer todo aquel que se interesa por comprender lo que ha sido el proceder político, no ahora, sino desde siempre.

8.- Aunque Trujillo era la figura clave en la conjura contra Horacio Vásquez, siempre se mantuvo, simuladamente, al margen de ella, dejando que Rafael Estrella Ureña, hiciera el papel de líder principal. La doblez puesta en práctica por Trujillo hizo posible que engañara a Horacio, a Estrella Ureña y también a los norteamericanos. La treta, el disimulo de Trujillo enredó a sus aliados y adversarios en el complot, lo que se evidencia porque luego de tomar el poder eliminó a Desiderio Arias, llevó a la cárcel a José Estrella e impulsó a Estrella Ureña a marcharse al exilio, aunque luego utilizando una triquiñuela le motivó regresar al país para acusarlo del asesinato del Virgilio Martínez Reyna y esposa.

9.- Con astucia procedió Trujillo para engañar a los que en Santiago actuaron el 23 de febrero para derrocar a Horacio, pero con sutileza accionaba Estrella Ureña, haciéndole creer a Trujillo que merecía la presidencia por su apoyo a la conspiración, aunque por lo bajo, hábilmente, procuraba mediante juego de palabras que los Estado Unidos no le dieran el visto bueno a Trujillo como posible candidato a la presidencia. Pero, además, Trujillo, haciéndose el tonto mantenía accionando a sus cuadros políticos más inteligentes, como el licenciado Rafael Vidal T., para que hicieran todo lo posible para cerrarle el paso a Estrella Ureña, a Federico Velázquez y a José Dolores Alfonseca G.

10.- En nuestras universidades, en la materia de ciencias políticas debe ser bien desarrollado lo ocurrido alrededor del 23 de febrero de 1930, porque hace posible conocer lo que fue el proceder de muchos de sus principales actores y sus habilidades; capacidad para fingir lealtad; jugar a la verdad y a la mentira; comprometerse con Horacio y también con Trujillo, aunque en el fondo de su alma engañaban a ambos. El tinglado del 23 de febrero de 1930, fue obra de cerebros equipados con las más variadas ideas, entre las que no faltaron artimañas, maquinaciones y artificios en personas cultas, como también en ignorantes y analfabetos.

11.- Se gana experiencia conociendo las interioridades del 23 de febrero de 1930 porque, por ejemplo, fue una verdadera jugada política la que se hizo para nombrar al sucesor de Horacio Vásquez, luego de que Trujillo hizo posible la entrada de Estrella Ureña y sus hombres a la ciudad capital. Vásquez y su vicepresidente renunciaron, y en el poder quedó el Secretario de Interior y Policía, quien fue designado por el mismo Horacio Vásquez. Una vez Trujillo hizo política electoral abierta en marzo de 1930, organizó una campaña de terror que aniquiló a sus opositores, utilizando a miembros del ejército vestidos de civil y la maquinaria del crimen conocida como La 42.

12.- Conocer las idas y venidas para fraguar el 23 de febrero de 1930, lleva a cualquier estudioso de la política a comprender la razón por la cual vale mucho saber con quién se hace causa común, así como tomar en cuenta a aquellos que bien saben utilizar el trasiego y la astucia que solo se adquieren en el accionar diario. Para iniciar el 23 de febrero de 1930, se escogió con gamberrada el día domingo y con diablura las horas de la noche.

13.- En nuestro país, en cualquier época han estado desempeñando papel de primer orden aquellas figuras políticas que ejecutan con suma finura la truchimanería, poniendo de manifiesto sus condiciones de aprovechados, así como de pícaros y bellacos. Enlazar el momento cuando un grupo de hombres se confabuló con Trujillo para quitar a Horacio Vásquez, y el tiempo de la conspiración contra Juan Bosch, hace posible comprender la preeminencia del astuto en la política nacional. La argucia ha tenido y tiene su espacio porque sirve a la maestría del político perspicaz y sumamente agudo.

14.- El señor C.B. Curtis, representante de los Estados Unidos en una aparte del período de la conspiración del 23 de febrero de 1930, tenía la creencia de que muchos de los participantes en el complot eran hombres viciosos, sobornables, egoístas, peligrosos, ausentes de principios, intrigantes y traidores. Al margen de los que actuaban bajo el signo de la oportunidad, se destacó el comportamiento digno de Federico Velázquez, quien fue contrario a la prolongación de Vásquez, se mantuvo fuera de la acción del 23 de febrero de 1930 y fue un firme adversario contra Trujillo.

15.- Para entender, en parte, lo que fue el embrollo político alrededor del Movimiento del 23 de febrero de 1930, resulta instructivo leer las obras “Los Responsables”, de la autoría de Víctor M. Medina Benet; y la nueva edición ampliada de “El ascenso de Trujillo al poder 1929-1930”, escrita por el doctor Bernardo Vega. Percatarse de aquel episodio de 1930 y someterlo a la comparación, nos lleva a comprender que ha cambiado poco la forma de hacer política aquí en el pasado y en el presente.

III.- La pujanza del truchimán en la política dominicana

16.- Todavía hoy en el medio social dominicano se ha impuesto el que hace política teatral, porque la misma no requiere de mucho esfuerzo por el atraso político, la ignorancia y las dificultades materiales y espirituales que lesionan vivamente a una gran mayoría de la población. La desigualdad de oportunidades en una sociedad humana es un campo adecuado para el que bien maneja el revoltillo para cautivar adeptos.

17.- Lo que evidencia la pujanza del truchimán en la política dominicana es, no solamente la incapacidad de muchos para comprender las interioridades de los fenómenos sociales, sino también la hipocresía, el fingimiento, el disimulo como forma de comportamiento en mucho de los nuestros. Aquel individuo donde se unen la sinvergüencería con la ambición por el dinero fácil, es el material humano adecuado para el mangante encontrar incondicionales para sus despropósitos. El muy vivo en la política dominicana tiene muchas lecturas y una de ella es su naturaleza nociva para el desarrollo de los cambios económicos, políticos y sociales verdaderos.

18.- Lo frustrante y odioso ha sido colocado por delante para hacer política en la República Dominicana, y los vicios sociales que reducen al ser humano están vigentes hoy como ayer. Lo que se ha visto es que, históricamente, no es una afrenta, sino un homenaje sobresalir en el medio social ejecutando la política del cambalache, es decir, aquella que se fundamente en el trapicheo. No debe sorprender a muchos dominicanos y dominicanas el hecho de que el trapisondista es figura de primer orden, mientras aquel que actúa con claridad no llega a ser nada en política.

19.- En nuestro país, muchos ciudadanos y ciudadanas han permanecido al margen de los órganos e instituciones del Estado, porque no están preparados, ni reúnen las condiciones, para hacer el tipo de política que hace posible insertarse en el poder de las grandes decisiones públicas. Para alcanzar éxitos en la actividad política no basta con tener talento, un buen historial de lucha, ni principios éticos y morales. También hay que conocer la época, la base concreta del desarrollo social y político del pueblo, así como su idiosincrasia.

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