La mirada de la comisión científica de Estados Unidos a República Dominicana en 1871

El año de 1871 Frederick Douglass, mulato republicano, prominente abolicionista y luchador de los derechos civiles de los afrodescendientes, fue nombrado secretario asistente de la delegación que el Congreso norteamericano envió para verificar si República Dominicana reunía las condiciones adecuadas para la anexión a los Estados Unidos. La expedición estaba compuesta por unas treinta personalidades de la sociedad norteamericana; entre ellas el presidente de la Universidad de Yale, el destacado botánico C. Wright auxiliado por el profesor W. M. Gabb, el famoso dibujante J.E. Taylor y un nutrido grupo de geólogos, paleontólogos, mineralogistas, químicos y periodistas. El informe relacionó aspectos en torno a la situación política, económica y social, a la educación, la población, las cuestiones religiosas y la salubridad. El objetivo consistía en hacer un estudio de factibilidad sobre la posible anexión del pueblo dominicano a EE. UU; incluso se llevó a cabo un estrambótico plebiscito, organizado por el presidente Báez, que por supuesto tuvo un abrumador resultado a favor de la anexión. En realidad, Estados Unidos quería tener una base carbonífera en la bahía de Samaná que fuera avanzada de su joven flota naval, pues en 1867 el intento de anexar las islas vírgenes había fracasado en el Senado, y las dos únicas naciones donde podía instalarse eran Haití y República Dominicana. La doctrina Monroe, la seguridad de la nación y el crecimiento de la marina mercante justificaban sus ideas.

En realidad, la clase dominante dominicana, que nunca aspiró a la creación de un Estado Nacional independiente, desde 1849 había anhelado la posibilidad de la anexión. El asunto había provocado una contienda civil entre los partidarios del presidente Báez, favorables a la anexión, y los contrarios a la misma, organizados desde puerto plata por Luperón y Cabral, revuelta que finalmente logró tumbar a Báez en 1873. Por otro lado, Ulises Grant, presidente de los EE. UU., pensaba que la isla proveería una nueva región fronteriza con recursos minerales, agrícolas y con espacio suficiente para deportar a la población negra perseguida por el Ku Kux Klan. Se trataba de la isla caribeña más pobre y la transición de una economía de subsistencia y ganadera a una economía exportadora de productos agrícolas no fue posible hasta finalizar el siglo. La ausencia de vías de comunicación, la existencia de tierras comuneras, la oposición a la tenencia de la tierra y la ausencia de una presión demográfica limitaron el surgimiento del mercado sobre la tierra que era por entonces una mercancía sin valor.

El objetivo de la expedición se centró en los siguientes puntos: población, número y condición física de esta, métodos y recursos de vida, religión, cultura, propiedad rural, opinión acerca de la anexión, parecer de orden político y temor sobre nueva dominación haitiana. La Comisión se desarrolló durante un mes y medio iniciando el 31 de enero y culminó con un viaje destino a Kinston donde llegaron el 11 de marzo de 1871.

El informe insistía que la frecuencia de las conmociones civiles durante largo tiempo y la consiguiente inseguridad de la propiedad había paralizado la industria, desalentado la acumulación de riqueza y había impedido que los recursos económicos del gobierno en los años precedentes hubiesen sido adecuados. Describía a Luperón, líder político opuesto a la anexión, como un bandido manchado de crímenes y que actuaba de corsario con un barco llamado el Telégrafo. Subrayaba que la República de Haití tenía tres veces los habitantes y las rentas de República Dominicana. En cuanto a las causas de las revueltas políticas, señalaba los celos provinciales entre el distrito norte de Puerto Plata y Santiago, y el distrito sur con Santo Domingo.
Explicaba que en medio de tal anarquía, cada municipio se había agrupado en hombres osados y audaces, y que esas uniones que comenzaron en las guerras se habían mantenidos en la paz, y que con instituciones débiles, estas relaciones se volvieron más fuertes que la ley o los hábitos políticos. Mencionaba también el informe que, en islas como Saint Thomas, los insurreccionistas incubaban conspiraciones y los capitalistas hacían inversiones prominentes como si estas se trataran de negocios, convirtiéndose en un asunto de negocios e inversiones para obtener ganancias. Todo esto impedía que hubiese poderes locales que era lo que constituía el fundamento de la libertad en USA.

Describían a la población como de sangre mestiza, desprovista de prejuicios raciales, bondadosa y hospitalaria. Que, según los funcionarios judiciales, el asesinato, el incendio, el robo y otros eran casi desconocidos. No existía clase indigente y se desconocía la mendicidad. No existía la intolerancia religiosa y casi todas las familias poseían la tierra que deseaban cultivar y que no existían excedentes de producción. Resaltaba que no había un sistema de educación general y había muy pocas escuelas, por lo que carecían de educación. Tan solo existía una imprenta pobremente equipada en la capital, una pequeña en Santiago que preparaba boletos y otra en Puerto Plata. El total de la población llegaba a los doscientos mil habitantes, siendo las ciudades más pobladas la capital y Azua, ambas rondando los 10 mil habitantes.

Se encontraba en los mercados azúcar refinada de Francia, mantequilla y quesos de Dinamarca y leche condensada de EEUU. El tabaco se cultivaba descuidadamente, se curaba de manera imperfecta y se embalaba de forma muy tosca en serones hechos de hoja de palmera que se transportaban a través de la montaña, a lomo de burro, hasta la costa. Una vez allí, se vendía a comerciantes extranjeros y se exportaba directamente a Alemania, y los alemanes establecidos en Puerto Plata habían hecho un monopolio de este negocio. El maíz formaba también parte de la alimentación y en San Juan se elaboraban pastillas de cacao. El informe señalaba que los dominicanos pecaban singularmente de descuido en la elaboración de sus productos, lo cual les hacía tener un precio inferior en los mercados extranjeros, a diferencia de lo que hacían en Cuba, Puerto Rico y otras islas de la región. También resaltaba el informe que en la isla se cortaba mucha caoba, que también era a transportada a lomo de mula en bloques hasta Puerto Plata, donde era embarcada para Estados Unidos y Alemania. Y que este puerto, era el más floreciente de la isla por su comercio a gran escala hacia el exterior, principalmente hacia Hamburgo.

Proyecto de investigación: Connected Worlds: the caribbeans Origin of Modern World. This project has received funding from the European Union´s Horizon 2020 research and innovation programme under the Maria Solodowska Curie grant agreement N° 823846.

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Doctor en Historia, Investigador Centro de Estudios Caribeños. PUCMM