Lamentable, pero así anda esta sociedad

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I.- Ayer, ni pensarlo

1.- No, qué va; jamás en la vida mi generación pensó que podía ser testigo de lo que está ocurriendo hoy en nuestro país a nivel de desenfreno juvenil. Los excesos que observamos en muchos de los jóvenes de ahora dejan atónitos al más sereno; el más impasible queda con la boca abierta, se siente desconcertado, como quien ve visiones; patitieso, turulato.

2.- A cualquiera se le hace un nudo en la garganta; como si se sintiera reducido a la nada, pura y simplemente anonadado. La impresión puede ser tan grande que la confusión se apodera hasta de aquel que se caracteriza por su lucidez. Lo que está ocurriendo es para conturbarse por un largo rato. Lo de nuestra juventud es para preocuparse y a la vez angustiarse.

3.- El más confiado de los que habitamos en el territorio de la República Dominicana, de seguro que está pasando por una etapa de absoluta incredulidad. Hay que estar aquí, en el país de nuestros amores y sinsabores, para saber que sí, que es cierto, verídico, real lo que estamos mirando estupefactos.

II.- Quién lo hubiera creído

4.- Desórdenes y acciones violentas ejecutadas por adolescentes en centros educativos ponen de manifiesto el deterioro de la sociedad dominicana y lo agrietada que está la célula familiar. Resulta desazonador, inquietante los actos que a diario ponen en práctica nuestros niños. Las acciones dañinas que están haciendo los futuros ciudadanos y ciudadanas son para mantenernos con las manos sobre la cabeza.

5.- Cualquier país del mundo civilizado se mantiene impaciente al saber que un niño de 13 años se presentó a un centro educativo con un arma de fuego, como ocurrió en la comunidad de Jacagua, cerca del centro de la ciudad de Santiago de los caballeros. El hecho de ese adolescente salir de su hogar, armado, revela que de parte de sus padres no hay control, ya que se comprobó que el arma es propiedad de su progenitor.

6.- Con justificada razón se mantiene en permanente nerviosismo la parte sana de los dominicanos y las dominicanas, al saber que un estudiante de 5 años resultó herido luego de ser lanzado de un segundo piso por otro alumno de 8 años, como ocurrió la pasada semana en una escuela en San Francisco de Macorís, provincia Duarte. De seguro que no tienen la dirección en la formación de sus vástagos, el papá y la mamá del niño que decidió tirar a su compañerito desde un segundo nivel del centro educativo.

7.- Bajo un estado de sobresalto vive un amplio sector de la sociedad dominicana porque sabe que en cualquier momento se llena de pavor al tener conocimiento de que estudiantes del nivel secundario, llenaron las calles aledañas a su centro escolar, de miles de hojas desprendidas de sus cuadernos, como sucedió la semana pasada en Santiago. A esto se le puede sumar la destrucción de pupitres y escritorios, por parte de estudiantes, hecho ocurrido hace unos días en una escuela de la ciudad capital.

III.- Las fallas en el hogar

8.- En el hogar, esa ubicación que sirve de albergue originario al ser humano, comienza el alineamiento mental de lo que será su conducta; y los que han de labrarle su forma de ser son los padres con su accionar en la vivienda familiar y en el seno de la sociedad. La forma como actuarán en el mañana los que se formaron en la casa, los retoños no harán nada diferente a lo que saben y han aprendido en la intimidad del hogar. Nadie nace de buena o mala familia, en el común vivir, en el habitual actuar de los directores se va cincelando, esculpiendo la figura de la prole.

9.- Por la influencia de los progenitores en el proceder de sus descendientes, su obra les sirve de modelo a seguir, de pauta, de precedente positivo o negativo en el medio donde desarrollarán sus actividades.

10.- La responsabilidad de padre se asume voluntariamente, no se impone. Nadie está obligado a ser mamá o papá, pero quien decide serlo se hace responsable de cumplir con los deberes que tal condición impone ante los descendientes y la sociedad en general, misión que debe ser asumida con altura e hidalguía.

11.- El núcleo familiar donde los niños observan de los guías de la familia un actuar escrupuloso, limpio y en todo caso recto, de seguro llegarán a ser adultos educados en actuaciones dignas a ser aprobadas, aplaudidas por los demás miembros de la sociedad que también han sido encauzados, orientados como mandan las normas del buen vivir civilizado.

12.- El padre o la madre mala calaña, que ha tenido una práctica social de baja estofa, no puede esperar que su hija o su hijo va a exhibir un comportamiento de otra índole, porque su naturaleza está marcada por la de su prototipo.

13.- La realidad nos está diciendo que el agrietamiento hoy de la sociedad dominicana no es más que la fiel expresión del deterioro existente en la familia. Se impone una amplia reflexión respecto a la situación de la familia como célula principal del organismo social.

14.- La familia dominicana hoy hecha añicos, refleja una sociedad de descendientes abandonados a su suerte, malcriados y peor acostumbrados; negativamente consentidos por aquellos que, en lugar de cuidar a sus adolescentes, se han ocupado irresponsablemente solo de sí mismos.

15.- Cuando en el seno familiar uno de los hijos comete una falta que constituye una afrenta, no hay motivo de lamentos; lo que procede es tomar las medidas necesarias de reorientación, aplicar los correctivos para que el joven en falta cambie de comportamiento y en lo adelante sea hombre o mujer de bien, aceptada por todos, y la acción pecaminosa sea vista como una falta, algo que debe quedar en el pasado y no como una mancha en la familia.

16.- Pura y simplemente, la sociedad dominicana y la familia están en crisis, lesionadas, afectadas en su base y estructura, y para superar esa situación se impone un cambio profundo, una transformación que llegue a todas las áreas del ordenamiento social del país, sin excepción.

IV.- Padres sin autoridad

17.- El hábito de una hija o de un hijo obrar mal se origina en el hogar, allí donde los padres son los que señalan las reglas de cómo proceder en el medio social. El desenfreno notorio, las inmoralidades que asombran y la degeneración descarada, son los defectos, las anomalías toleradas por cabezas de familias contaminados, viciosos empedernidos.

18.- Aquellos que dirigen la familia, el papá y la mamá, no pueden pretender salir victoriosos al formar sus descendientes si no predican con el ejemplo, sirviéndoles de modelo para que sean hombres y mujeres de bien. El buen actuar motiva a los demás a proceder correctamente, con sentido de integridad, no así el que hace de vulgar.

19.- No es posible levantar una familia, y que sus miembros tomen la línea de la laboriosidad y la honestidad, si el padre no es más que un ejemplar perezoso y practicante de la corrupción. Una sociedad que no exalta al diligente, al esforzado, tiende a santificar a quienes gustan de la vida fácil, al dejado y
desganado.

20.- Está descalificado para llamarle la atención al hijo que anda por el camino equivocado, el padre que ejecuta acciones pecaminosas que lo convierten en una afrenta social; para enmendar hay que tener calidad; el descendiente no rectifica si quien puede orientarlo correctamente no está moralmente en condiciones de sermonear. El progenitor en falta ante la sociedad, no califica para dirigir una familia, porque para regañar a las niñas y a los niños hay que disertar sin máculas.

21.- La familia necesita tener una dirección correcta en la persona de los padres, pues de lo contrario está abandonada a lo que decidan hacer o no hacer los hijos que, desorientados, actúan sin escrúpulos, desaprensivos, atrevidos, verdaderas escorias sociales.

22.- Lo arruinada que está la familia en nuestro medio debe llamar a seria preocupación a todos aquellos que consideran que se impone componer, ser activistas para arreglar lo mal que anda la célula fundamental del ordenamiento bajo el cual estamos viviendo. Comprender que la familia está en crisis nos dice que está en dificultad, que el peligro en su seno es real, lo que debe preocupar a los padres y a las madres por el destino de sus vástagos.

23.- El trance que manifiesta la familia en nuestro medio es de una profundidad tal que algunos progenitores han llegado a creer que su misión es la de ser suministradores de recursos económicos a sus descendientes, olvidando sus deberes de orientadores, formadores de los hombres y las mujeres del futuro.

V.- Lo que está ocurriendo

24.- Es evidente que no se está aplicando correctamente el conjunto ordenado de reglas y principios indispensables para que los alumnos asimilen lo que se les transmite y adquieran los conocimientos relacionados con la materia. En el estudiante no basta el talento, sino también precisa de quién le orienta adecuadamente para que entienda lo que se quiere que asimile.

25.- No son aislados los casos que están ocurriendo que ponen en entredicho la efectividad de las normas y principios que aquí rigen el sistema de enseñanza. La sospecha de la ineficacia de la educación se ha convertido en una certidumbre, y la presunción de falla en la enseñanza ya es algo fuera de toda duda.

26.- Se hace necesario que nuestro país cuente con ciudadanas y ciudadanos que logren descollar en las ciencias y la cultura; sobresalir por una fina formación académica; despuntar por ser seres humanos distinguidos por su don de dominar las diferentes disciplinas de la enseñanza, en fin, los nuestros están en la obligación de probar tener cerebros cultivados por excelentes pedagogos. Se impone formar personas físicas identificadas como paradigmas de los que enseñan a aprender y señalan la pauta de lo que debe ser emulado para superarlo.

27.- El Estado está en el deber de propiciar un ambiente adecuado dirigido a sentar las bases del desarrollo educativo del país, promover la cultura y las ciencias, para que así las grandes mayorías nacionales tengan a su disposición y alcance lo necesario para una buena preparación educativa que les permita dominar el avance científico.

28.- Al propiciar una educación de calidad el Estado hace posible el desarrollo a plenitud de las capacidades físicas, intelectuales y espirituales, para así estimular sentimientos humanitarios; y comportamientos, hábitos y éticas de buena conducta.

29.- Además es obligación del Estado hacer efectiva la educación como derecho y deber de todo dominicano y dominicana, con el objetivo de desarrollar su talento y facultades intelectuales, sociales y morales.

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