“Si naciera de nuevo, volvería a ser médico”

El doctor Silié Ruiz tiene diez años en Corazones Unidos y más de 33 en el Centro de Otorrinolaringología y Especialidades.
El presidente Antonio Guzmán Fernández nombró al doctor Silié Ruiz embajador en Londres, donde estudiaba

El doctor José Arturo Silié Ruiz afirma que ha sido un hombre “muy feliz”, con una vida llena de grandes logros, siendo el mayor de ellos la familia que formó junto a su esposa Ingrid Elizabeth Ruiz, con quien procreó a sus hijos Carolina Elizabeth, Omar José y Melissa Ingrid, a los cuales califica como “diamantes tallados”. Ser médico, es otra de sus grandes satisfacciones, profesión que “volvería a estudiar si volviera a nacer”.

De sus años de estudios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), comentó que nunca participó en los grupos estudiantiles, ya que siempre vió la política como una complejidad, además de que “no tengo temperamento para eso”.

Recuerda que cuando se presentaban los disturbios, se iba a su casa a estudiar, y dijo que “una vez se produjo un paro que duró un año, pero tuve la suerte de ser acogido en el Hospital Robert Reid Cabral por el doctor Hugo Mendoza, quien era amigo de mi padre”. Asimismo, agregó que en el hospital, preparó la “Primera Tabla de Hidratación de Niños”, bajo la dirección y corrección del doctor Mendoza.

1. Infancia
Nací en San Cristóbal en 1950, donde tuve una niñez muy feliz, con una madre amorosa y un padre excepcional, tenía un hogar armonioso, de cariño, de mimos. Sin temor puedo decir, que tuve una infancia con exceso de cariño y sin ninguna carencia, porque mi padre era un abogado importante, era procurador en mi pueblo. Disfrutaba de los privilegios de montar los caballos de Trujillo en la Hacienda la Fundación, pero lo que más guardo son los mimos de mi madre, que me complacía en todo. Recuerdo que los Santos Reyes eran muy generosos, nos dejaban todo lo que pedíamos, después de viejo, me di cuenta que mi mamá nos dirigía en la selección de los juguetes, por eso nos dejaban todo lo que pedíamos. Realicé mis estudios primarios en el Colegio San Rafael, allí me alfabeticé, dije mi primer discurso, recuerdo que tenía una banda puesta que decía ya sé leer. Luego pasé a estudiar al Colegio Loyola. Éramos tres hermanos, el menor, Gustavo, arquitecto, murió hace cuatro años, quedamos mi hermana Celeste y yo”.

2. Sus padres
Mi padre, José Silié Gatón es considerado el Padre de la Ética en el país, escribió 12 libros de sobre Ética, era un hombre de un trato afable, pero muy recto, había que hacer las cosas bien. Mi madre, Baganiona Ruiz Gómez, cibaeña, ama de casa en cuerpo y alma, era un techado de dulzura, estudió piano, pero en mi casa no había piano, porque era muy linda, mi papá se la escondía a Trujillo, para evitar una desgracia. Esos padres míos nos brindaron un hogar lindo, en mi casa nunca se alzó la voz, lo más fuerte que decía papá cuando se daba un martillazo era saco de papel, pero nunca una mala palabra, ni pleitos tampoco, ellos resolvían sus desavenencias en su habitación, nunca vi nada raro. Los castigos era leer un libro, y decir de que trataba, sino lo hacíamos, no nos daban desayuno, ni comida, ni cena hasta que lo leyéramos. Eso me indujo a la lectura, lo que era un castigo, se convirtió en una necesidad. Mamá murió a los 87 años y papá a los 93”.

3. Llegada a la capital
Vinimos a vivir a Santo Domingo en 1961, después de la muerte de Trujillo, porque a mi padre lo habían nombrado en el Ministerio de Justicia, estaba en octavo curso, seguí los estudios en el Colegio Loyola de aquí, siempre tuve la dicha de estar en los cuadros de honor, tanto en el Loyola de San Cristóbal como en el de la capital, que era dirigido por el padre López, los profesores eran excelentes, siempre me trataron con mucho cariño”.

4. Estudios universitarios
Ingresé a la UASD en 1967, luego de hacer el Colegio Universitario, en 1968 inicié los estudios de medicina, ahí ratifiqué mi vocación, porque mi padre me hizo médico, aunque nunca me dijo que estudiara medicina, siempre me obsequiaba microscopios, estetoscopio, tenía en mi laboratorio cucarachas, lagartos, pajaritos disecados en alcohol, creo que eso me indujo a hacerme médico. Al tercer año de la carrera, era monitor de neuroanatomía, lo gané por concurso, el hecho de manejar el cerebro y los nervios, me fue metiendo en ese campo, me enamoré de la neurociencias, así nació mi amor por la neurología. Durante mis estudios tuve muy buenos profesores, como los doctores Marté Durán y José Joaquín Puello. En esa etapa de estudios publiqué el libro “Guía Práctica de Neuroanatomía”, corregido por el doctor Durán y prologado por el doctor Puello, después “Manual de Tesis”, luego, “Su Cerebro y Usted”. Esos tres libros los publiqué antes de graduarme”.

5. Monitor
Fui el primer monitor de neuroanatomía en INTEC, me llevó el doctor Puello, quien impartía esa materia. Como sabía de la relación amistosa de nuestros padres, se convirtió en mi protector, entonces cuando empezó a involucrarse en asuntos deportivos, me heredó su cátedra, ahí tuve un año. También, hice la pasantía con él en el Hospital Luis Eduardo Aybar, fue una experiencia neuroquirúrgica, era su ayudante y del doctor José Peguero, recién llegado de Inglaterra, era el que atendía las emergencias de madrugada. Cuando terminé la pasantía, ingresé al Instituto de Neurología, en Londres, donde duré cinco años, allí recibí las enseñanzas de los últimos clásicos de la neurología inglesa, como el doctor Chrysler. Estando en el instituto escribí varios libros, uno sobre epilepsia y otro sobre migrañas, como coautor de profesores ingleses”.

6. Embajador en Londres
Cuando finalicé el internamiento, el gobierno de Antonio Guzmán me nombró embajador en Londres, conocía el mundo de la medicina inglesa, pero no de la diplomacia, fue una experiencia excepcional, sin ningún inconveniente, solo los momentos de soledad, porque se vive muy solo, además tuve que aprender a cocinar, la comida inglesa no es la mejor del mundo. Empecé a cocinar con el libro de cocina de Silvia de Pou que me envió mi madre, recuerdo que invite a unos amigos dominicanos, hoy en día mis compadres, Rafael Rodríguez y Rosita Pereyra, a unas albóndigas, terminé comprando chinitos, porque no se podían comer de malas y salas, pero ahora soy un chef, tengo los menús del Palacio de Buckingham, del Hotel Bristol, del Royal Café, cuando voy a los sitios le doy propina al mozo para que me consigas los menús para preparar esos platos. Como diplomático, asistí varias veces al Palacio de Buckingham, la Reyna hace dos fiestas al año para el cuerpo diplomático, una en Semana Santa, y otra en Navidad, en esas fiestas conocí a Lady Di y a muchas figuras de la realeza”.

7. Esposa e hijos
Conocí a mi esposa por medio a mi hermano Gustavo, fallecido, eran compañeros de estudios, él fue que me la presentó, de inmediato quedé prendado, era la más bonita, aunque vivía en Londres, empezamos un idilio. En 1979, vine al país, nos casamos, me la llevé a vivir conmigo, tenemos más de 50 años, entre amores y matrimonio, y tres hijos, Carolina Elizabeth, Omar José y Melissa Ingrid. También, una nieta Nicole Marie Muñoz. Mi esposa me dio una familia bellísima, mis hijos son mi encanto, ese es el mejor regalo que puedo recibir como padre, a ellos les exigía lo que me exigieron a mí, buenas notas, que en el colegio, de tres premios tenían que obtener uno, y me oyeron, los tres ganaban premios, dijeron los discursos de promoción, tanto del colegio como de las universidades donde se graduaron. Mi nieta va por el mismo camino, tiene trece años”.

8. Satisfacción
Tengo más de 30 años de trayectoria profesional de plena satisfacción, como médico he tenido una retroalimentación bellísima, por ejemplo, una vez, estando mis hijos pequeños fuimos a visitar el Lago Enriquillo, estábamos almorzando en un restaurante en Neiba, se me acercó un joven muy humilde, me preguntó si era el doctor Silié, le dije que sí, me preguntó si podía darme un abrazo, que me agradecía por haberle salvado la vida de su madre, le pregunté que si la había atendido en el Padre Billini, me contestó que yo no la conocía, le pregunté que cómo la había salvado, me dijo que en el programa Salud en su Hogar, que tenía junto a los doctores César Mella y Escaño en CDN, había dicho que las personas que tenían vértigos, mareos y dolor de cabeza, tenían la posibilidad de darle un derrame cerebral, me dijo que su madre tenía eso mismo, que la llevó de inmediato al dispensario, le dijeron que si no la hubiera llevado con tiempo le iba a dar un derrame cerebral, porque ya tenía calambres en las manos. El joven me invitó a su casa, allá estaban la señora, el marido, los muchachitos, los vecinos, me regalaron mangos, naranjas, aguacates, hasta un dulce de coco me dieron, incluso en la sala tenía una foto mía de un periódico. Esas son las satisfacciones que da la medicina”.

9. Hospital Padre Billini
En los hospitales es donde se ven enfermedades que ni en los libros están, la práctica privada es muy monótona, en el Billini tuve una experiencia instructiva, tenía varias novias, que eran unas viejitas que iban a consulta tres veces al mes, aunque les decía que no tenían que ir tan seguido, me decían que me querían, siempre me llevaban una mandarina, un guineo, un mango. Una vez, unos pacientes me regalaron dos pavos vivos, la gente me quería, era amigo del camillero, de las enfermeras, cuando tenían un enfermo, me lo llevaban a la consulta, en mi estadía en el Billini, empecé a comer a las cuatro de la tarde, porque la consulta era muy extensa, pero me queda la satisfacción de haber podido ayudar a muchas personas. Fueron 30 años vividos en ese hospital”.

10. Las apariencias engañan
En Londres, mi esposa y yo vivíamos en un apartamento en Mayfair, arriba, vivía monseur Levan, nunca se quitaba unos Hush Puppies negros, un jeans y un saco azul. Una Navidad, nos trajeron de Santo Domingo café Santo Domingo y un litro de ron Brugal, que nos lo bebíamos de tapita para que durara. Un 23 de diciembre, lo invitamos a pasar a la casa, le dimos un trago, nos dijo que no bebía, entonces mi mujer le coló café, se lo encontró rico, le regalamos dos sobres. Al día siguiente, nos envió una invitación a cenar, no pudimos ir, la siguiente semana nos envió otra, en Inglaterra si uno no acepta una invitación dos veces, significa rompimiento de amistad, entonces decidimos ir, nos llevó a un restaurante libanés llamado Fakedevick, pensábamos que de dónde iba a pagar la cuenta. Allá se usa que, aunque te invitan a almorzar, si no te dicen que van a pagar, uno tiene que pagar el 50%. Cuando llegamos, los valet parking lo llamaba señor Levan, el capitán del restaurante le dijo que su mesa estaba lista, estaba sorprendido. Cuando abrí la carta de vinos, la cerré de una vez, le dije a mi mujer que ni agua pidiera, que todo era carísimo, monseur Levan nos preguntó qué íbamos a tomar, le dijimos que no bebíamos, nos contestó que le habíamos ofrecido alcohol en la casa, llamó al capitán, le dijo algo al oído, nos trajeron una botella de vino Petrus, era una bebida rica, mi mujer y yo nos bebimos dos botellas. Recuerdo que la cuenta nunca llegó a la mesa. Después, nos enteramos que mesie Levan era hijo del jefe de la guardia del Sha de Irán, que era multimillonario, tenía guardaespaldas al frente, y no lo sabíamos. Después se fue a Estados Unidos, todavía mantenemos contacto. Por eso es que no se puede prejuzgar en la vida, eso me pasó. Cada vez que veo un buen vino me acuerdo del Petrus”.

Recuerdos

Una vez, el doctor Pedro Pablo Paredes, siquiatra me pidió que le viera a una paciente de Bonao, que había entrado en coma, cuando la ví, le dije que había que llevarla a intensivo, ahí duró 17 días, su diagnóstico era una encefalitis, gracias a Dios, la joven salió del coma sin ninguna lesión en el cerebro, de hecho soy padrino de dos de sus hijos. Otro caso fue el de un señor que le habían diagnosticado una enfermedad siquiátrica, con convulsiones epilépticas, le habían dicho que si no se tomaba las pastillas se podía morir, entonces le dije que él no era paciente siquiátrico, ni epiléptico, que bajo mi responsabilidad, dejara de tomárselas, desde entonces el señor se curó, todos los años me manda una caja de vinos.

Otros caso, fue una señora que había visitado seis médicos, conmigo eran siete, me dijo que ya no iba a ver más médicos, luego que veo los estudios, le digo que tenía era una simple hernia discal, me contestó que se lo habían dicho, pero que no se iba a operar, le dije que no tenía que hacerlo, de ese diagnóstico hace 20 años, nunca se operó, porque no necesitaba cirugía. Recuerdo otra señora que estaba bajo manejo siquiátrico, los medicamentos le producían ataxia, la marcha del borracho, que es cuando una persona camina con la base amplia para no caerse, le dije que lo que tenía era una reacción medicamentosa, le quité el medicamento y se curó. Todos los diciembres me lleva un dulce a mi consultorio.

Satisfacción
Tuve una madre amorosa y un padre excepcional, quienes tenían un hogar armonioso, de cariño, de mimos. Sin temor puedo decir, que tuve una infancia con exceso de cariño y sin ninguna carencia.

Estímulo
En 1968 inicié mis estudios de medicina, porque mi padre me hizo médico, aunque él nunca me dijo que estudiara medicina, siempre me obsequiaba microscopios, estetoscopio, entre otros objetos médicos.

Bienestar
Tengo más de 30 años de trayectoria profesional en el país, de plena satisfacción. He tenido como médico una retroalimentación bellísima”.

Gratitud
Mi esposa es arquitecto, es buena madre, sacrificó años de su profesión para dedicarse a nuestros hijos, eso hay que apreciarlo y valorarlo”.

Protección
Estamos diseñados para salvar vidas, muchas veces no podemos, no somos dioses, pero mejorar la calidad de vida, eso sí es importante”.

Diplomacia
Recuerdo que montaba los caballos de Trujillo en la Hacienda la Fundación, pero lo que más guardo son los mimos de mi madre, ella me complacía en todo”.

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