Futuro de Notre-Dame es su pasado

Imagen del fuego en la torre central de la Catedral de Notre-Dame.
La catedral francesa fue construída en 1163 con un estilo arquitectónico Gótico

Para muchos franceses, principalmente admiradores o seguidores del actual presidente Emmanuel Macron, la catedral Notre-Dame es parte del patrimonio francés y nadie tiene que opinar y meterse con eso. Siguiendo quizás el guión de la moda de la palabra “injerencia” que no le hace caso a la universalidad, como si la enorme cantidad de esculturas egipcias, saqueadas por Napoleón en sus afanes imperiales, hubiesen sido hechas por discípulos de Rodin para armar el espectáculo que ofrece el Louvre al turista junto a su mayor atractivo: La Gioconda ¡Vaya casualidad!, resulta también, si atamos los cabitos sueltos, que vino de Florencia. No pasa lo mismo con el Amazona y su bosque que, aunque sea parte de un pulmón del planeta, en lo concreto es de Brasil. Sus aguas, sus presas, sus bosques para preservarlos, que no para talarlos. Los grandes monumentos históricos, no importa en qué país estén, son patrimonio de la humanidad. Por esta razón me atrevo a opinar sobre La Catedral Notre-Dame, por ser parte de la humanidad, como lo es la torre Eiffel o la Muralla China sin que sea ni francés ni macronista. Y, como dice mi amigo Víctor Valerio (nieto de Piro), “eso e mío”.

Varios artículos leí luego que escribiera sobre el fuego de Notre-Dame, tanto en Página12 de Argentina, La Jornada de México, RT en español, Sputnik… donde coincidimos en un punto esencial: el descuido como factor que permitió ocurriera tal incendio, lo que pudo haber sido visto como una ofensa, que las críticas, cuando hay intereses ocultos, siempre duelen y mucho. Aparte de eso, las declaraciones del arquitecto que tenía anteriormente bajo su responsabilidad el cuidado de la famosa iglesia iba en el mismo sentido… que las gárgolas no cuidan na.

Pero no sé por qué la gente se sorprendió con el incendio porque ya Notradamus lo había previsto de la misma manera que predijo la invasión a Irak, la caída de las torres gemelas, la invasión a Libia, el cuchillo de Bolsonaro, las amenazas a Irán y a Venezuela, etc.

¡Qué coincidencia! previo a que haya elecciones importantes. Aquí, de manera moderada, y quizás siguiendo esas predicciones usamos a los haitianos como la posible amenaza. Claro, por su capacidad nuclear e invasiones “inminentes”.

La cortina de humo de Notre-Dame le sirvió muy poco a Macron porque las protestas de los chalecos amarillos continúa ahora más fuerte contra su cuestionada política económica. Ahora se ve más gente que antes pidiendo en la calle y se notó, por lo menos en los carteles colocados en las escuelas para las pasadas elecciones parlamentarias, un rechazo fuerte en los garabatos a Macron y a Marine Le Pen. Jean-Luc Mélechon sigue siendo un fantasma para salvar a La Galia del dominio universal de Julio César, con la poción mágica de Abraracourcix.

En la escuela de Crêts en Belledonne (seguimos en Francia), por el insignificante hecho de que la matrícula bajó de 266 a 261 fue amenazada con cerrar. Gracias a la genialidad de la gente, inscribieron a 15 ovejas. Beee Du Champs, Mou Ton, Bouc Émissaire, Sheep ‘N Dale, Shaum the Sheep y otros fueron los nombres de algunos “alumnos” que impidieron el cierre de las amenazas del sistema educativo revolucionario de Macron. Sans vouloir offenser mon frère.

Pero no me dejen salir de los rieles, sigamos por la ruta de Notre-Dame, que no es la misma que la de la seda y hablemos de las donaciones y la remodelación.

No sé si respondiendo a llamado de concurso o por iniciativa propia ya han aparecido proposiciones de reconstrucción de varias firmas de arquitectos, mas rápidos que la sombra como Lucky Luke. Así, la Vincent Callebaut, Studio NAB, Studio Fuksas, Alexander Nerovnya, Alexandre Fantozzi y otros ya tienen sus maquetitas millonaritas. Unos proponen que el nuevo techo se convierta en un espacio “verde y para todos”… Oooommmm.
Otros quieren uno de vidrio para que la luz penetre en cada rincón e ilumine los pasos de turistas que siempre viven tropezando como Julio Iglesias, otros una base y mini-pista de aterrizaje para OVNIS; otros, algún salón de conferencia para sostener, aprovechando las alturas y cercanía del cielo, reuniones con ángeles y altas, o mejor dicho, altísimas autoridades del firmamento.

Todas las propuestas, por supuesto, son millonarias y si estuviésemos en el Pecos (Texas) de 1880, la época en que Roy Bean, dueño de un salón, se autoproclamó juez (encarnándolo Paul Newman en el cine), hace rato que todos estuviesen amarrados a un árbol vigilados por su oso amaestrado, como sospechosos interesados en pegarle fuego a la parroquia.

La Catedral de Notre-Dame fue construida hace más de 800 años y varias veces reparada. Ella despide antigüedad, que es su sello, su característica. ¿A quién se le puede ocurrir hacer una “remodelación moderna” que no sea a un comerciante o un ignorante, o las dos en uno?

La Catedral, desde sus guías, era presentada como lo que fue: un espacio medieval oscuro con una decoración y objetos antiguos que reflejaban justamente lo que servía de satisfacción a la curiosidad de los ciudadanos del mundo de hoy: el pasado.

¿Cómo restituir la Biblioteca de Alejandría consumida por el fuego de los bárbaros, esos mismos que destruyeron las esculturas del norte de África en Palmira (Siria), Hatra, Nínive y Nimrod (Irak); Tumbuctú (Malí) donde había monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO? Seguramente guiados por el más odioso de los fanatismos.

¿Cómo se vería la famosa escultura de Egipto, la Esfinge, con una nariz nueva en silicón, fibra de vidrio o cemento? ¿Cómo se vería el Coliseo de Roma remodelado y, además, para gran atractivo turístico, con presentaciones de gladiadores matándose como salvajes, o con leones hambrientos devorando, ya no cristianos, que de seguro tirarían inmigrantes? ¿Qué sentido tendría la remodelación de la torre de Pisa si a un genio del Maniconio moderno se le ocurriera enderezarla? El Partenón de Atenas podría ser sustituido por la instalación de la argentina Marta Minujín “El Partenón de libros” para ir acorde con los tiempos. ¿Y qué les parece si a un arquitecto moderno se le ocurre empañetar la Muralla China e iluminarla con miles de anuncios como una calle de Las Vegas y que se pudiera ver desde cualquier nave espacial perdida en el espacio? Y si, al igual que los edificios, también remodeláramos todas las pinturas del Louvre, del Prado, del Museo del Hermitage y le diéramos un toque de contemporaneidad colocando algunos signos con spray a lo Keith Haring o a lo Basquiat; y a todos los retratos clásicos de mujeres, le ponemos un “genial” bigotico como hizo el super dotado Marcel Duchamp en un acto de inspiración supercreativo creyéndose Da Vinci.

Al Guernica lo restauraríamos poniendo “como se debe” todos los fragmentos de vacas, caballos, niños destrozados por las bombas alemanas e italianas que impidieron el ejercicio democrático contra la Segunda República Española y lo presentáramos como aquella viñeta de Quino que ganó un premio en la Bienal de la Habana en los años 80.

Notre-Dame ahora solo necesita una limpieza de los escombros del fuego, que ya es parte también de su historia. Que el público vea las piedras que quedan como el esfuerzo hecho hace varios siglos. Que se devuelva el dinero recaudado con alevosía. Notre-Dame no es una iglesia que sea reclamada por los feligreses cuyo dios pasó a ser el Celular que está en todas partes, que todo lo oye y que todo lo dice…sea con Google o con Huawei.

En fin, que nada mejor para el futuro de Notre-Dame que su verdadero pasado.

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