Los escenarios de Medina

    Muchas son las razones esgrimidas para justificar el silencio del presidente Danilo Medina sobre la decisión que debe adoptar respecto a su futuro y al proceso electoral de 2020.

    Una de ellas se fundamenta en la tradición dominicana en relación a los gobernantes en ejercicio cuando se acerca el término del período para el cual fueron escogidos. Sea que la Constitución permita la reelección o que esté taxativamente prohibida.

    Se habla de que cuando se aproxima ese tiempo, empieza el Síndrome de la Soledad del Poder, según el cual, los favorecedores del gobernante de turno tienden a abandonarlo, lo que constituye un riesgo, porque implica una pérdida de fuerza para su sostenibilidad, y especialmente para cualquier negociación frente a los demás actores, del partido que lo sustenta o de la oposición.

    Esa percepción de alejamiento de los seguidores es una expresión de la veleidad de la política en un país donde la fidelidad está vinculada a la posibilidad de obtener una posición gubernamental o prebendas, una muestra de la miseria humana.

    Quienes gobiernan deben estar conscientes de esas realidades, y de la más categórica, la previsión constitucional sobre el ejercicio del poder. Y normalmente todo el accionar durante el mismo debe tener como divisa el propósito del buen gobierno, a cuyo término debe ocurrir una transición sin traumas institucionales.

    En el caso en que la Constitución instituya la posibilidad de la reelección, sería normal que el gobernante de turno juegue a la expectación y válidamente considere la opción de una repostulación.

    En ese caso, la búsqueda del momento oportuno para anunciarlo no entrañaría ningún estrés para el gobernante ni para los gobernados.

    En el otro escenario, cuando está de por medio una prohibición explícita en la Carta Magna, el panorama requeriría de una singular favorabilidad. Una jugada a la coyuntura muy atildada, a riesgo de perder el sentido de oportunidad y una aguda interpretación del temperamento de la sociedad.

    En cualquier caso, el mandatario está en la obligación de compartir sus ideas con el pueblo.

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