“Parte de la industria de la música ha perdido calidad”

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Sony Ovalles tiene cuarenta como músico, arreglista y compositor. Ganó un premio Casandra como Mejor Arreglista en el 1984.
Ovalles nació en Salcedo, pero luego se fue a Castillo, en la provincia Duarte, donde comenzó su carrera en la música de la mano del compositor Cuto Estévez

Con una trayectoria de más de 40 años como arreglista y músico, en los que formó parte de decenas de orquestas y agrupaciones, Sony Ovalles es uno de los nombres más destacados de la década de los 80 en la música de República Dominicana, conocida como la época dorada del merengue.

En sus inicios en la música, en la provincia Hermanas Mirabal, fue orientado por el reconocido compositor Cuto Estévez, quien descubrió su talento cuando tenía quince años, al verlo tocar al ritmo de la conga de La Sonora Matancera en el colmado de su tío.

Sony Ovalles, oriundo de Salcedo, ha formado parte de orquestas de artistas como Wilfrido Vargas, Johnny Ventura, Sergio Vargas, Negrito Truman, entre otros. Fue ganador de un Premio Casandra como Mejor Arreglista en el 1984, aunque ha sido nominado en más de diez ocasiones a ese galardón.

1. Del norte del país
Mi nombre real es Rafael Ovalles Amaro, pero cariñosamente me dicen Sony. Nací el 27 de julio de 1940 en Salcedo, Hermanas Mirabal, fruto del matrimonio de Nidia Antonia Amaro y Carlos Ovalles. Tuve siete hermanos. En mi infancia, a pesar de que nadie en mi familia estaba ligado a la música, me reunía con varios de mis amiguitos en las noches para tocar en las esquinas con latas y partes de botellas plásticas, con las que simulábamos ser un combo. Desde pequeño me gustó el ritmo y el movimiento; de algún modo me hacía tan feliz. Cuando mis padres se separaron, me fui para una pequeña comunidad llamada Castillo, en la provincia Duarte, de donde eran oriundos los familiares de mi papá”.

2. Descubren su talento
Cuando me fui a vivir a Castillo, con apenas quince años, le ayudaba a un tío llamado Chicho Ovalles, hermano mayor de mi papá, con un colmado y una gasolinera que tenía. En una ocasión, estando en el mostrador del colmado tocando conga al ritmo del icónico conjunto cubano La Sonora Matancera, llegó el maestro de la banda de música del pueblo, el compositor Cuto Estévez. Se quedó escuchándome por algunos segundos y me comentó que tenía talento, por lo que me invitó a formar parte del batón ballet de la Escuela Básica de Castillo, donde habían llegado unos redoblantes y otros instrumentos, pero no había nadie que los tocara. Fue una experiencia que me inspiró mucho, sentí que empezaba a recorrer el camino que verdaderamente me tocaba seguir. De ahí pasé a una academia de música que había en esa misma comunidad, donde estudié trompeta. Luego ingresé a la banda de música de Estévez, donde permanecí por dos años”.

3. Formó parte de la banda de la Marina de Guerra
Cuando tenía 17 años, quería seguir avanzando. Vine a Santo Domingo e intenté ingresar a la banda de música de la Marina de Guerra. En esa época uno tenía que quedarse fuera y esperar a que alguien nos ayudara a pasar para que nos dieran un examen. Cuando me tocó, un teniente fue que me examinó, y luego me pidió que llenara unos papeles con mis datos para luego comunicarse conmigo. A los tres meses, recibí un telegrama de la Marina solicitándome que fuera para formar parte de la su banda. Fue un poco difícil al principio, porque tuve que permanecer por alrededor de seis meses ahí dentro practicando y aprendiendo todas las dinámicas de ellos. Pero me sentía bien, porque estaba aprendiendo y además me estaban pagando. Ahí toqué redoblante, corno, trompeta y luego piano. Duré alrededor de cuatro años con ellos, en lo que pude perfeccionar mucho mi talento. Cuando entré, el comandante de la base era Francisco Alberto Caamaño Deñó, que regularmente realizaba varios desfiles y marchas oficiales, en las que naturalmente pude participar. En la Banda también había una orquesta, pero no participé ahí. Sin embargo, cada vez que tocaban, me les acercaba para ayudarlos con cualquier cosa, pero mi intención real era poder aprender de ellos, ya que eran artistas profesionales. Algo que debo destacar es que estando en la banda de música fue que mataron a Rafael Leonidas Trujillo. Lo recuerdo porque justo ese día estaba yo en el Hospital Marión, ya que no me encontraba muy bien del estómago, y vi cuando entraron a Zacarías de la Cruz, el chófer de Trujillo, herido de 14 balazos esa noche. Las enfermeras y los doctores estaban histéricos, pidiendo que nos mantuviéramos en silencio”.

4. Su etapa con Félix del Rosario
Después de salir de la Banda de la Marina, en el 1962, tuve la suerte de conocer a Félix del Rosario, que estaba tocando en un sitio llamado “El Árbol”, ubicado en ese entonces en la avenida 27 de Febrero esquina Duarte. En ese momento se me prendió la chispa para aprender más sobre música, especialmente porque admiraba profundamente al pianista que tenían, llamado Papito Bazán. Gracias a él pude llevar a otro nivel mi técnica. Se dio la oportunidad de sustituir a Bazán, debido a que él faltó en varias ocasiones, y aunque me dio apuros al principio decidí no desaprovechar esa oportunidad. Aprendí mucho con Félix, sobre todo a tocar boleros, porque antes solamente tocaba merengue y estilos similares. Permanecí con él alrededor de nueve meses. Después tuve que salir, porque Félix comenzó a tocar en otro lado, con un grupo más reducido que incluso usaba vibráfono, en el Hotel Europa, cerca del Parque Independencia. Ese grupo se llamaba “Los Magos”.

5. Su carrera junto a Johnny Ventura
Mi carrera siguió con Negrito Truman, un grupo que quizá la generación de ahora no conoce. Ahí duré poco, porque Johnny Ventura, cuando todavía no era tan conocido, me iba a buscar para que tocara con él de manera fija. Un día me preguntó que cuanto me pagaban y cuáles días tocaba con Truman. Le respondí que tocaba tres días y me pagaban cinco pesos. Hablé con los de Truman para ver a cuál acuerdo llegábamos, pero el dueño decidió no aumentarme el sueldo, por lo que decidí irme con Johnny, que me pagaba 6 pesos. Con él comencé a tocar en el Borinquen Night Club, que después se llamó Herminia, un cabaré de mujeres, ubicado en la avenida Máximo Gómez cerca de la Nicolás de Ovando”.

6. La Guerra de Abril y el Conservatorio
Cuando estaba trabajando para Johnny, tuvimos que iniciar a tocar shows en otros lugares porque llevaban a Joseíto Mateo, Francis Santana, y varios artistas importantes de esa época. Teníamos que leer música y yo honestamente no sabía mucho sobre eso, aunque después tuve la oportunidad de entrar al Conservatorio de Música, eso fue para 1965. Recuerdo cuando estalló la Revolución de Abril ese año, porque nosotros estábamos montados en una guagua listos para viajar a tocar a Valverde, Mao, esa tarde. Escuchamos como en la radio mandaban a la gente a luchar, mientras otras pedían que se quedaran en sus viviendas. Johnny nos pidió que nos fuéramos y permaneciéramos en nuestras casas hasta que terminara todo. Fue un momento muy convulso porque en las calles uno se encontraba a mucha gente alarmada, y con ganas de luchar. Con Johnny duré cuatro años. Con él viajé a Venezuela, Nueva York, Puerto Rico, y otros países. Justo por esos viajes no pude terminar en el Conservatorio, aunque estudié ahí por seis años, en los que tuve el privilegio de aprender de la veterana periodista y pianista Susana Morillo y otros maestros. Cuando salí, todo lo que aprendí después fue leyendo libros, y detrás de los músicos”.

7. Trabaja de la mano con Wilfrido Vargas
Al terminar esa etapa con Johnny, Wilfrido Vargas venía a mi casa a verme practicar y estudiar. Yo le había comprado un piano de media cola al abuelo de Maridalia Hernández, Juan Alberto Hernández, que se dedicaba a afinar pianos y tenía muchos vínculos con artistas. Para ese entonces, Wilfrido estaba formando Los Beduinos, donde me integré a trabajar. Él me había comentado que Bienvenido Rodríguez le había llamado para comenzar a grabar y hacer una producción, pero que no tenía ningún tema. Afortunadamente yo sí tenía algunos, y esas fueron precisamente las que él utilizó. Entre ellos están “El semáforo”, “Don José”, “No me pise los zapatos”, entre otros merengues que representaron toda una época. Con Wilfrido fui arreglista y pianista, y también viajé por diferentes partes del mundo. Uno de los momentos más graciosos que siempre recuerdo de esa época, fue una vez que estuvimos en Ecuador en un concierto, tocando en un estadio en medio de la multitud y repentinamente se dañó el amplificar y la gente empezó a vociferar provocando un desorden. Tuvimos que salir custodiados del lugar, parecía una película. Todo lo que sucedió a parte de eso fueron triunfos, aplausos y muchas fiestas con Wilfrido”.

8. Abandona a Wilfrido tras diez años
Tras una década con Wilfrido, tuve que renunciar porque estaba un poco cansado de tantos viajes y además me estaban solicitando otros artistas para realizar arreglos. También me veía un poco forzado, porque igualmente tenía que hacerles arreglos para Las Chicas del Can. Me resultaba un poco pesado, porque mientras los demás músicos dormían, yo estaba trabajando. Sin embargo, con Wilfrido aprendí mucho y pude explotar más mi talento. Recuerdo que él era muy entregado a su carrera, porque en una ocasión en Santa Marta, Colombia, grabamos “El Africano” de una forma sorprendente. Eso sucedió después de una fiesta que tocamos, y al llegar, a eso de las tres de la madrugada, convocó una vez más al grupo para trabajar porque se le había ocurrido la idea. Tuvimos que ir a un estudio de grabación cerca de Barranquilla. Fue una experiencia muy emocionante.”.

9. La década de los 80
Cuando renuncié a Wilfrido empecé a trabajar con Bienvenido Rodríguez, quien trabajó con estrellas como Lope Balaguer, Elenita Santos, Fernando Casado, y Gloria Mirabal. Cuando inicié con Rodríguez era la década de los 80, una de las mejores de toda mi vida. El primer tema que hice fue para Sergio Vargas titulado “Madre”. Después realicé temas para Monchy Capricho y para Ruby Pérez, para quien creé una producción completa que se pegó mucho. Junto a mí trabajó Manuel Tejada, Juan Valdez y Ramón Orlando. Nuestros nombres sin duda representan mucho de la época dorada del merengue. Con Bienvenido duré cinco años. Después de salir me propusieron tocar con otros grupos, y aunque estuve por un año con Los Kenton en Puerto Rico, decidí dedicarme a hacer arreglos de forma independiente para varios artistas hasta ahora”.

10. 40 años en la música
Estuve casado con Carmen García. Mis hijos son Joan, Michael, Carlos, Chery, Henry, Abbi, Andy y Holga Lidia. Ellos son lo más importante para mí, porque me inspiran a ser mejor cada día. Tengo cuarenta años como arreglista, músico y compositor. Tuve el privilegio de ser nominado en más de diez ocasiones al premio Casandra (que actualmente es El Soberano), y pude ganar una estatuilla como Mejor Arreglista en el 1984. Recuerdo que hacía cientos de arreglos al año, y eso me hacía muy feliz. Ese reconocimiento, al igual que otros que me han hecho aquí y fuera del país, me confirma que cada esfuerzo se ve recompensado”.

Dice música ha perdido calidad

La música hoy en día ha cambiado mucho. Desafortunadamente no para bien, porque siento que parte de la industria ha perdido calidad. Antes para que un merengue se pegara tenía que reunir ciertas condiciones, pero ahora muchos músicos se han afanado en producir música enfocada en el comercio y no tanto en el valor que tiene como arte. Puedo afirmar que en gran parte de los géneros, la música perdió su esencia, no solamente en el merengue. Eso es lamentable porque es lo que más mueve sentimientos e influye en una sociedad. Cuando uno quiere producir una canción con arreglos de calidad, muchos músicos lo rechazan, insisten en que mientras más comercial sea una canción es mejor, pero lo que no saben es que lo que ellos consideran comercial realmente no aporta nada.

Familia
“Estuve casado con Carmen García. Mis hijos son Joan, Michael, Carlos, Chery, Henry, Abbi, Andy y Holga Lidia. Ellos son lo más importante para mí, porque me inspiran a ser mejor cada día”.

Trabajo
“El primer tema que hice fue para Sergio Vargas titulado “Madre”. Después realicé temas para Monchy Capricho y para Ruby Pérez, para quien hice una producción completa”.

Trabajo
“El primer tema que hice fue para Sergio Vargas titulado “Madre”. Después realicé temas para Monchy Capricho y para Ruby Pérez, para quien hice una producción completa”.

Etapa
Cuando estaba tocando para Johnny, tuvimos que iniciar a tocar shows porque llevaban a Joseíto Mateo, Francis Santana, y otros artistas”.

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