Duarte de verdad

Duarte de Urdaneta.
No tenemos un Duarte oficial, que haya sido declarado como la imagen del Padre de la Patria mediante decreto

Pero en fin, ¿cuál es el verdadero Duarte?, sigue preguntándose la gente. Al mismo tiempo surgió un ejército de especialistas, como siempre, explicando la estatua del Duarte de la Plaza de la Bandera, cuando el asunto no es que sea Duarte o no. Como fue el Presidente que lo develizó, se abrieron las puertas del Infierno.
Hay dos vertientes de opinión. Una que tiene que ver con la Historia y otra que tiene que ver con el Arte en sí.

De la primera vertiente hablamos en un artículo publicado bajo el título Duarte de carne y yeso (http://www.elcaribe.com.do/2018/05/12/juan-pablo-duarte-de-carne-y-yeso/ ) en el que exponíamos que la veracidad de un rostro viene dada por la fotografía o por un artista reconocido, formado, retratista que haya estado en contacto con el modelo.
Por tanto, la verdadera imagen de Duarte es la de la única fotografía de Duarte, aquella que se hizo en el estudio del venezolano Próspero Agustín Rey Medrero (no Próspero Reyes) que data de 1873 con 60 años, pobre, viejo, flaco y olvidado. Las demás imágenes fueron realizadas por buenos artistas, pero para ninguno el patriota posó. Lo mismo ocurrió con las esculturas. Magníficas obras de arte, desde el Duarte de Urdaneta que oficializó Lilís, hasta el de Robert Russin de Balaguer.

Tanto el Duarte del Cenicero como el que está en New Jersey (con réplica al lado del Ayuntamiento de Santiago) están basados en la imagen de Rey, por tanto, es el Duarte verdadero. El autor es desconocido.

Parece que nos acostumbramos al Duarte rubio, de ojos azules; un estereotipo de belleza que se le aplicó a Jesús aunque todo el mundo sabe perfectamente que Cristo no se tomó nunca una foto, como bien dijo Watson el colaborador de Sherlock Holmes. Y aunque el Cristo de Esteban Murillo fue multiplicado por cientos de pintores cristianos, se siguió usando, como oficial, hasta que apareció uno anónimo con el corazón en bandolera.

No tenemos un Duarte oficial, que haya sido declarado como la imagen del Padre de la Patria mediante decreto presidencial, que habría que sacarla obligatoriamente de la foto de Rey. Cuando Lilís declaró oficial a los Padres de la Patria, lo hizo con la imagen de Urdaneta porque no se conocía la foto del fotógrafo venezolano. Urdaneta hizo lo mismo que hacen los grandes artistas: una imagen como la de su imaginación. ¿Acaso no fue eso mismo lo que hizo Michelangelo Buonarroti con el retrato de Dios en la Capilla Sixtina? ¿Conoció Michelangelo a Dios? Ese Dios es el referente para caricaturistas, escritores, cineastas, ilustradores, etc., de la misma forma que lo es el Quijote de Daumier y el de Gustave Doré.

En la época en que Washington se peleaba con los ingleses para independizar el pedazo de tierra formado por las trece colonias iniciales que les arrancaron a los aborígenes, fueron muchos los pintores de academia que hicieron retratos del General y primer presidente de los Estados Unidos. Un Washington joven con uniforme rojo data de 1772, pintado por John Ward Dunsmore. En 1779 Charles Wilson Peale lo pintó al lado de un cañón, probablemente evocando la batalla de Yorktown. Otro, un poco más viejo, lo hizo Joseph Wright of Derby en 1790. Jean Leon Jerome Ferris (no Jean-Léon Gérôme el francés) logró una maravilla en el que se ve a Washington con un telescopio. Pero quien más trabajó la imagen de Washington fue Gilbert Stuart desde 1795 hasta 1800. El primero es un retrato de cuerpo entero y luego uno de tres cuartos. Este es el que ha quedado como la imagen oficial de Washington para todas las oficinas gubernamentales, para el dólar, etc. Es lo que no se ha hecho aquí con Duarte, salvo en la época de Lilís. Trujillo lo siguió usando, pero poco a poco lo fue quitando hasta quedar únicamente la de él.

Cada país determina la imagen oficial de su Padre de la Patria, para lo que no hay que hacer un sondeo. Basta con la participación de los historiadores y el Ministerio de Cultura. Y, por supuesto, que en ese entierro no tienen vela ni los guardias, ni policías ni síndicos, ni boy scouts, ni poetas.

En Cuba hay una imagen oficial de Martí; en Puerto Rico, Albizu Campos y Betances fueron sustituidos por Kennedy; en China hay un retrato oficial que se aprecia en la Plaza Tiananmén; en Vietnam, Ho Chi Minh es presentado de una sola manera; en la URSS se hizo una especie de escudo con Marx, Engels, Lenin y Stalin; y en Venezuela, se da un caso que merece un alto. A Bolívar lo retrató el pincel majestuoso del peruano José Gil de Castro, el que quedó como el Bolívar oficial tanto de Venezuela como de los demás países que él independizó. A pesar de que muchos pintores lo tuvieron como modelo y de que todos los retratos son fiel imagen del prócer, es el de Castro el que ocupó los espacios oficiales de las oficinas e instituciones de ese país sudamericano, aunque en todos los rasgos eran los mismos. Sin embargo, en el 2012, fuese por ignorancia, avivatez o por desprecio al arte, Philippe Froesch de la Universidad de Granada vendió la idea de la posibilidad de la reconstrucción del rostro de Bolívar a partir de la osamenta con un proceso “nuevo y digital”.
El resultado es un Bolívar indígena con rasgos negroides y latinos completamente diferente a lo que vieron y plasmaron los excelentes artistas de la época. La imagen fue adoptada como la oficial de Bolívar, lo que es evidentemente una barbaridad histórica y artística. Un Bolívar más cercano al Cromañón que al que vio y plasmó Gil de Castro sigue rondando en Venezuela. Esa misma Universidad de Granada es la que ha hecho declaraciones “oficiales” para determinar que los verdaderos restos de Colón son los que están en Sevilla y no en el Faro de Santo Domingo.
¿Hay un propósito de desnaturalizarnos, una intención vengativa hacia América latina? En ambos casos no nos van a perdonar nuestras guerras de independencia y menos de la humillación en el campo de batalla por un ejército de harapientos soldados que se hacían llamar restauradores y que querían forjar su Patria… y lo hicieron.

El Duarte develizado en la Plaza de la Bandera es el verdadero Duarte para su autor, quien lo interpretó artísticamente. Es lo que su capacidad de joven artista le ofrece para plasmar al Duarte verdadero de Próspero Rey. No hay que quitarlo ni compararlo con la imagen del Presidente Medina. Ese es el Duarte de Rigoberto Carrasco, que al parecer no tiene la menor importancia como artista, puesto que no aparece ni en el acto inaugural del busto ni se menciona en ningún reportaje.

La intención ha sido dignificar la Plaza de la Bandera con la imagen de los patricios, lo que es correcto, diferente al absurdo de la “torre Eiffel”. No se está presentando el Duarte oficial ni verdadero, a pesar de las declaraciones de Balcácer porque ese Duarte no tiene 60 años. ¿Qué es lo que hace falta en todo esto?
Que se elabore la imagen oficial de Duarte basada en la única foto existente y a partir de ahí se erijan los bustos e ilustraciones que se necesiten en todo el país en actos oficiales. Por otro lado, para un proyecto de esta naturaleza, deberíamos tener a un escultor de carrera y no a un estudiante para que la lógica del saber recorra los caminos obligatorios. No opera del corazón un estudiante de medicina del primer semestre. En Arte, hay un camino que hay que recorrer para semejantes proyectos y no puede ser el Jefe de las Fuerzas Armadas quien lo determine, con la venia de la sala. Insisto en que tiene que buscarse el concurso del Ministerio de Cultura, porque estoy seguro que cuando hay amenazas en la frontera, no se llama a los pintores, músicos y poetas a poner el orden en ese lugar, aunque quizás harían mejor trabajo.

Ni el Presidente, ni el Jefe de las Fuerzas Armadas tienen por qué saber nada de escultura, pero sí asesorarse en materia de arte e historia. No digo que sean ignorantes, me refiero a especialidad. Y ahora, para bien de ellos y de todos, deberían publicar el presupuesto utilizado.

Por tanto, hay que dejar la escultura tal y como fue concebida por el joven artista y no entender que ese sea el Duarte oficial, que no lo es.

Robert Isaiah Russin se inspiró en el Duarte de Rey y Radio Bemba difundió que ese Duarte era hidrocefálico. Es una escultura hermosa y potente realizada por un maestro experimentado y de amplia trayectoria. Balaguer no le hizo caso a los rumores y hoy sigue en el mismo sitio de su inauguración. El Duarte de Urdaneta que hoy está en Washington y que fue donado por el Gobierno de Ulises Heureaux, en ocasión de la Feria Internacional realizada en esa época, es una obra de arte fabulosa, fruto de la imaginación y creación del artista. El Duarte de Arturo Tomagnini, indudablemente inspirado en la única imagen que existía en ese entonces, o sea, la de Urdaneta, es imponente y bien hecho. Todas tienen el valor del artista, no del parentesco.

El Colón de Gilbert es magnífico. Todas esas esculturas fueron hechas por maestros. ¿Qué tiene el Duarte de Carrasco de la Bandera? desproporciones propias de un novel, la tosquedad de quien le falta un camino por recorrer, la falta de gracia, y la magia del arte que no tiene que ver con precio.

Todo lo que tiene que ver con arte público, con enseñanza artística, etc., tiene que pasar por el Ministerio de Cultura, que para eso existe, para que se pare, una vez por todas, la lluvia de zombis, momias y mususes improvisados que siembran de horrores el país. Tenemos escultores profesionales, tenemos artistas de amplio recorrido en todas las ramas. Recordemos aquel Bosch colocado en la Biblioteca Nacional que parecía un elefante. Recordemos el Peña Gómez pintado de negro con los dientes blancos de sonrisa diabólica del síndico Francisco Peña, el mismo de la Torre Eiffel. Recordemos el pegaso de Hipólito Mejía. Recordemos el muñeco de nieve del Museo de Arte al igual que la palomita del escultor quebequense Armand Vaillancourt quien se burló abiertamente de nosotros y todavía “respetamos la obra del artista” en la Plaza. Duró tres meses paseándose con “negritas” mientras un grupo de obreros erigía un enorme pedestal. Cuando le dijeron que ya se acababa el tiempo, agarró una lata de salsa de tomate, recortó una palomita y la pegó en un tubo. Lo peor es que sigue ahí. Recordemos las latas y chatarras oxidadas soldadas y vendidas como obras de arte. Recordemos el Blas Peralta erigido por las grandes batallas ganadas a los pendejos agrupados en su sindicato. Recordemos el ejército que invadió el Monumento de Santiago que sirve para asustar a los niños que van a coger fresco o a celebrar sus cumpleaños cuando el mondonguerismo tenía la voz cantante e hizo y deshizo para la vergüenza ajena.

El hecho de no tener un Duarte oficial hace que la imagen varíe según el capricho del Gobernador del Banco Central de turno. Un año publican el peso con el Duarte de Lilís, y el otro con la imagen de Próspero Rey. Luego aparece de nuevo la imagen de Urdaneta. El pueblo, en ese vaivén, no puede saber cuál es el verdadero Duarte. Los artistas tienen el derecho de seguir haciendo a Duarte como les parezca y si quieren bautizarlo en el río Yaque, con el Monumento de fondo, mejor.

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