Campo de batalla

    La dramática situación de Venezuela devela la complicada realidad del mundo de hoy, sugerente de que la competencia entre los grandes países por el dominio geopolítico no ha muerto.
    Cuando el presidente Donald Trump empezó a adoptar acciones aislacionistas, que anunciaban algo parecido a un recogimiento de la política de policía global, podía pensarse que otras potencias emergerían llenando espacios abandonados por Estados Unidos.
    Tuvo que ver con su alejamiento verbal de la OTAN, por el alto costo económico, con el retiro de Siria, la disminución de su presencia en Afganistán, pese a que paralelamente endurecía su línea de apoyo a aliados como Israel o sancionaba a enemigos como Irán.

    Con Europa no sólo demandó mayor contribución a su propia seguridad, sino que le extendió la guerra arancelaria declarada a China, casi en paralelo con su denuncia inicial del Acuerdo Comercial con México y Canadá y la distancia del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. Sólo Rusia seguía en vilo, hasta que avanzó la investigación de la “Trama Rusa”.

    Venezuela, en su zona de mayor influencia, sugiere un retorno a la posición original: el gran vigilante del mundo por el predominio de los derechos humanos y los valores democráticos. Sin desdeñar la gravedad del drama venezolano, en realidad, se trata de preservar sus espacios vitales.

    Y es que, con los cambios que se habían producido en la región, como la emergencia de gobiernos “progresistas”, China empezó a jugar el rol de principal sostenedor económico, mediante inversiones directas o financiamientos. Descubrieron que el gran país asiático copaba sus espacios, con niveles mínimos de participación rusa.

    El “despertar” de EEUU coincide con la caída de varios de los gobiernos progres de la región y la fuerza creciente de un ultra conservadurismo que ya es tendencia. En esa perspectiva, Venezuela deriva en un escenario de batalla geopolítica, en la cual entran países aliados y otros, como República Dominicana, que pretende jugar a “lo grande” en la arena internacional y queda atrapada en las patas de esos caballos.

    La Unión Europea y entidades como la Internacional Socialista, que alentó movimientos “progresistas” en Latinoamérica, que degeneraron en gobiernos autoritarios, igual se alinea a EEUU, junto a sus demás socios.

    Venezuela es, además de drama socioeconómico y político, campo de batalla entre grandes.

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