WIDOWS (Viudas)

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Adaptación a partir de una miniserie de tv, británica. Es un drama que va de un filme de género neonoir a un drama social protagonizado por mujeres en la que asistimos al rejuego de la vida del crimen organizado con la vida de crimen político organizado. Tres mujeres, cuyos esposos murieron en un robo que salió mal, se juntan para robar cinco millones de dólares, aunque ninguna de ellas tenga la más mínima experiencia en actuar como un ladrona. Y la red de circunstancias extremas que los llevan a tramar este esquema no es una simple configuración: es el corazón dramático de la película. En la primera mitad entramos en el conflicto propiamente dicho de la trama y en la segunda mitad hay un giro dramático con un desenlace inesperado pues todo lo que ellas hacen para hacer realidad su plan lleva pocas probabilidades de que se les dé.

Esa perspectiva de un filme dominado por mujeres es el camino que con mayor fuerza transita el mercado cinematográfico mundial por motivos obvios a partir de la corriente de empoderamiento de la mujer en nuestras sociedades. Pero además es una mirada que los gurús del mercado dan al público femenino que poco a poco va superando al público masculino. De manera que no hay motivación ideológica sino mercadológica. Una negra (Viola Davis) jefea el grupo de otras dos chicas inmigrantes viudas, una latina y la otra polaca. Con ese plantel de personajes nos adentra al submundo sombrío y resignado de sus ordinarias vidas que van en contrapunto con los delincuentes de la política, la religión y mafias del narcotráfico.

“Tuve que acudir a esos mafiosos, ¿qué banco le presta a una negra pobre como yo para poner un negocio?”, dice una chica que regentea un salón de belleza en el Chicago actual. Pues bien, aparentemente el filme apostó alto con Viola Davis, Colin Farrell, Michelle Rodríguez, Robert Duvall y Liam Neeson, entre otros menos conocidos, para entrar en la pelea por el público. Y con dirección de Steve McQueen, ganador de un Oscar y con otros 170 premios (y nominaciones) como director, pese a lo que hay un resultado cuasi mediocre no obstante estar plagado de insuperable manejo de la técnica. El punto es que agotado el tema del robo da un giro narrativo en el que empezamos a notar trastorno argumental para dar paso a un producto que va perdiendo fuerza, y cualquier impacto emocional adyacente se reduce a un circo bien montado y con un ritmo –eso sí– envidiable. l

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