“La pasión por la cultura estuvo desde mi infancia”

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Verónica Sención tiene 30 años como gestora cultural.

¿Cómo nació su pasión por la cultura?
Desde niña tuve contacto continuo con la cultura. Mis padres eran intelectuales, apasionados por la lectura y la música clásica.

Recuerdo a mi papá, que nos motivaba a leer de todo para adquirir más conocimientos, leyendo en las madrugadas a la luz de una pequeña lámpara. Mi madre fue una declamadora llena de pasión, recitaba escritos de Neruda y otros grandes escritores de la literatura universal. A finales de los 80, yo visitaba la tertulia de Silvano Lora, que se realizaba en la Avenida Pasteur. Ahí conocí al poeta nacional Pedro Mir. En ese entonces administraba el Hostal Nicolás de Ovando. Mir me comentó que era buena idea hacer una tertulia en ese emblemática hotel. Consideré e hice realidad esa propuesta, pero pidiéndole a él y al profesor Juan Bosch que fueran mis invitados de honor. Ambos accedieron y durante muchos años estuvieron apoyándome.

¿Cuáles recuerdos atesora de estos dos escritores en su tertulia?
Esos encuentros eran un oasis. Juan Bosch, cuando aspiró a la presidencia en el 1990 y en el 1994, no dejó de ir a la tertulia; eso nunca lo detuvo. A veces venía de un encuentro del interior, y me llamaba su asistente para decirme que sí iría. Ahí no se hablaba de política, yo nunca tuve ninguna afinidad con partidos, ya que lo que me interesaba era la cultura, los asistentes consideraban ese espacio sagrado, libre de disputas. Pedro Mir era igual, hacía todo lo posible por estar presente y enriquecer el encuentro.

Además de la literatura, ¿qué otra área de la cultura le apasiona?
La música también es una de las expresiones culturales que más disfruto. No soy de música popular, me gusta más la clásica, porque a través de ella pude refinar mi oído y apreciar en su justa medida cada fragmento, por mínimo que fuera, de una canción.

En el 2009, fui directora ejecutiva de uno de los proyectos musicales que más me ha llenado. Se trató de “Vivirá”, un homenaje a Juan Bosch, en el centenario de su nacimiento, realizado por el cantautor Manuel Jiménez, quien tomó 34 poesías y sonetos de este prolífico escritor. Ese proyecto caminó por todas las provincias del país, y reunió a varios de los artistas más destacados de aquí y de los países donde Bosch estuvo exiliado.

Se sacaron 3 mil copias de ese material, y el primer millón de pesos se lo donó a la Fundación Juan Bosch. En esa ocasión cantó Silvio Rodríguez, Sergio Vargas, Ana Belén, entre otros.

¿Cuál otro proyecto ha impulsado?
Aunque hoy día se habla mucho de cine en el país, el primer festival de cine lo hizo Silvano Lora, y yo tuve a mi cargo gran parte de la gestión. Logramos mucho en esa época. Trajimos actores de la talla de Salma Hayek, Mia Maestro, Jorge Perugorría, la hija de Charles Chaplin, María Conchita Alonso, entre otros. Hicimos varias de las versiones del festival en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, porque ahí está la primera escuela de cine del país. Asimismo, he fungido como gestora de asuntos culturales de Librería Cuesta, en la cual desarrollo el Foro Pedro Mir desde 2001.

¿Se mantiene vivo el interés cultural en los demás miembros de su familia?
Sí, y sobre todo en una generación clave: mis nietos. Ellos viven en Estados Unidos, la niña de 9 años es diseñadora, viste sus propios diseños, y además practica ballet, ha participado en varias presentaciones artísticas. El varón, de 14 años, es pianista, forma parte del Conservatorio de Piano de Bostón, y tiene un profesor privado. Cada uno eligió la expresión cultural que más le ha llamado la atención. Así como ellos, la pasión por la cultura estuvo desde mi infancia.

¿Cómo ve usted la gestión cultural en la República Dominicana actual?
Aunque no soy pesimista, creo que la gestión cultural ha sido cargada por el empresariado durante mucho tiempo. A pesar de que el Gobierno ha hecho sus esfuerzos, hace falta más para apoyar en su justa medida a quienes queremos ver una sociedad que valore razonablemente la cultura, porque vivimos en un mundo donde cada vez se lee menos, donde la tecnología ha cambiado las reglas del juego, y nos motiva a hacer un trabajo mayor.

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