“Transformar vidas es enriquecedor”

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En 2000, Rivera dirigió el Hospital José María Cabral y Báez, durante el gobierno del presidente Hipólito Mejía.
Rivera ha servido al sector cooperativo y ha luchado por las reivindicaciones de la clase médica, a través de los diferentes gremios que ha dirigido

El doctor Daniel Rivera siente la satisfacción de servir a una creciente población, a través de la medicina, la docencia y la administración hospitalaria. Este internista-intensivista, abrazó su profesión como un servicio social, tanto a nivel público como privado con la misma pasión.

La idea de poner la medicina especializada a un mayor alcance de la población, lo llevó junto a un grupo de profesionales de la medicina de diferentes áreas a fundar hace 20 años la Clínica Unión Medica del Norte, entidad que preside desde hace ocho años.

Sus aportes al sector salud van más allá de las consultas y la administración médica, pues su labor como docente y como director, durante tres períodos de la carrera de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, le ha permitido formar alumnos que están diseminados en hospitales nacionales e internacionales.

1. Influencia del entorno
Vengo de una familia de siete hermanos, que ya no es costumbre en una familia y, vivir en un barrio como el caso, donde nací, que fue Villa Belén, frente al Hospital Cabral y Báez, pues era natural que me impactara la vida familiar junto con el hospital. De ahí salimos un grupo de médicos que vivíamos cerca del hospital viejo y vimos la evolución al hospital nuevo. Era una infancia, donde uno podía ver marcadas las temporadas, como la de la Navidad que se sentía, cuando venía el carnaval, pues uno mismo tenía que hacer las caretas. Esa infancia tiene su huella muy importante en mi vida, viviendo en familia con papá y mamá. Mi madre no era profesional, ni tampoco mi papá y, sin embargo decían que había que estudiar, consideraban que la única forma de movilizarnos socialmente era así. Yo estudiaba con beca en el Instituto Evangélico, pude disfrutar de la tanda extendida que existía en ese tiempo, almorzaba en el colegio y regresaba a mi casa de nuevo a pies, porque quedaba prácticamente cerca. Ese vínculo de la infancia con un establecimiento adecuado, aunque venía de un barrio, se premiaba, que si uno estudiaba, podría estar participando de la mejor enseñanza, es inolvidable para mí”.

2. Crédito educativo
Cuando le dije a mi mamá que quería ser médico, recuerdo que en esa época ella lo que ganaba eran $50 mensuales, lo vio como algo de respeto, de mucha categoría, pues anteriormente, estaba vinculado como una gran responsabilidad social, familiar y eso le impactó muchísimo y, en esas condiciones económicas ir a la UASD era caro, porque había que trasladarse a la Capital. Recuerdo que mi mamá me decía que no se podía, porque resultaba muy costoso y era difícil buscar alojamiento. En eso surge en la PUCMM la carrera de Medicina, y ella me dijo vamos a intentar por acá, pues la universidad abrió un crédito educativo, y yo lo recibí. Gracias a una beca de estudio del Instituto Evangélico y un crédito educativo de la PUCMM me ubicaron hoy día donde estoy”.

3. Duelo
Los momentos más tristes han sido la muerte de mis padres, porque quería que vieran terminado mis estudios, que vieran que podía desarrollar una profesión. Coincidencialmente, cuando conseguí el crédito educativo mi mamá murió y mi papá murió posteriormente, entonces no pudieron ver que fui médico. Mi sueño dorado era presentarle a mis padres que soy médico y no pude hacerlo. Mi mamá murió muy joven, a destiempo, entonces no pude cumplir con esa fase, pero seguí con toda la educación y la formación que ellos me dieron hasta el día de hoy, como si estuvieran a mi lado. Otro momento triste fue la muerte de mi hermano Martín Rivera, que sufría de diabetes, no se trató adecuadamente, él mismo no cooperó y terminó sufriendo un fallo renal, que lo llevó luego a una máquina de hemodiálisis”.

4. Especialidad
Al terminar la carrera de medicina, gracias a ese crédito educativo, algunos amigos me dijeron que se iban a estudiar para el extranjero y me digo qué hago, no podía irme fuera, porque en ese momento fue que el Hospital Cabral y Báez abrió su residencia médica y entonces comencé a estudiar allí Medicina Interna, cerca de donde vivía, gracias a la vida. No podía irme fuera, pero me ofrecieron acá y cuando estoy haciendo la especialidad en el hospital es que comienza mi inquietud de qué voy a hacer. Recuerdo que comencé a ejercer en algunas clínicas como la del doctor Tolentino, la del doctor Valdez y luego fundamos el Grupo Médico Nacional, compuesto por un grupo pequeño de especialistas, cerca del Seguro Social. Posteriormente, seguí en los trabajos hospitalarios en el Cabral y Báez, pasé a ser parte del staff y luego fui a Cuidados Intensivos. Entonces hice un entrenamiento en México, pues tenía siempre es la ilusión, fue muy bello comenzar a hacer terapia intensiva en el hospital ABC de México”.

5. Docencia
Siendo especialista, me llamaron de la PUCMM para decirme que querían que diera clases. Gracias a los doctores Juan José Batlle y Luis José Castillo, quienes me dijeron que querían que participara en la docencia, entonces entré a la carrera académica en 1985. Casi al año de estar ahí, me mandó a buscar monseñor Agripino Núñez Collado para decirme que quería que fuera el director de la Carrera de Medicina. me convertí en el primer director de la carrera, egresado de la PUCMM, donde duré dos períodos consecutivos”.

6. Fundación Unión Médica
Cuando regresé de México, un grupo de colegas fundamos la Clínica Unión Médica. Casi todos los doctores del Grupo Médico Nacional vinimos a trabajar aquí y cerramos esa pequeña institución. Omar González, Sergio Guzmán, Nelson Torres, Julián Sued y Ligia Estévez, formaron junto conmigo la primera directiva. Éramos todos médicos conocidos. Pensamos en esa época en hacer cinco pisos, que fue la primera parte; estaba la torre A y la parte de internamientos, luego fue llevado a 7 pisos, entonces se creó la torre B para consultorios. Recuerdo que seguían llegando nuevos especialistas y teníamos que cubrir las diferentes especialidades que se estaban desarrollando y comenzamos a crecer. La torre B tenía todos sus consultorios y se amplió el área de Intensivos, la parte más grande era la de Obstetricia y Pediatría, entonces fundamos el área Materno Pediátrica, las torres C y D con la parte administrativa. Ahora construiremos la torre E, dedicada a la parte quirúrgica. Ese grupo de médicos de la ciudad fuimos los primeros accionistas, fue un sacrificio para todos nosotros, tuvimos que hipotecar nuestras casas… Actualmente somos un total de 43 accionistas, aunque hay 450 médicos aproximadamente. Casualmente fui quien sugirió el nombre y lema Unión Médica, la Excelencia al alcance de todos”.

7. Servidor público
En el año 2000 pasé a una etapa muy importante, que fue el área política, fui a dirigir el Hospital José María Cabral y Báez, durante el gobierno de Hipólito Mejía. Fue una época muy interesante, en la gestión hospitalaria me ayudó, que había estado en parte educativa en el sector privado y la pública, pero que bueno era servir en un hospital a más gente; con la consulta servía a un grupo, pero cuando diriges un hospital tienes la dicha de dar un servicio a más personas. Hoy en día, el ser director del hospital, es uno de los momentos por los que me reconoce más la gente, me da mucha satisfacción, cuando me encuentro en los pasillos y me dicen usted fue que dirigió el Cabral y Báez, o sea, que el servicio público bien llevado se te reconoce. Eso me sirvió en lo que es la gestión hospitalaria, hice una maestría en Gestión Hospitalaria en la Universidad de Cataluña, la terminé en 2004-2005. Luego volví a dirigir la Escuela de Medicina en la PUCMM por tercer periodo. Sigo siendo profesor a tiempo completo, me gusta y me da mucha satisfacción enseñar a nuevas generaciones. Cuando uno tienes más de 30 años de ejercicio, puede comparar la época, donde no había Hepatitis C ni Sida, donde no se mencionaba el Dengue, no había Chicungunya, ni como el cáncer, que comenzó de ser una enfermedad pequeña a ser tan grande hoy en día. Gracias a Dios, durante más de 30 años de ejercicio he vivido la experiencia de compartir con los seres humanos y su evolución de la salud”.

8. Vida familiar
Siendo residente de segundo año, me casé con Alexandra Silverio, que es médico también. Tenemos tres hijos: Melissa, que es psicóloga, es la directora del Departamento de Psicología de la PUCMM; Miguel, que es ingeniero industrial, actualmente vive trabajando en California y Atlanta; y Daniel, que es médico cardiólogo internista y está terminando la parte de cardiología en México. Ellos están muy desarrollados y recibieron buenos honores en sus carreras, o sea que hemos cumplido en esa parte. Los tres están casados y tienen hijos.

9. Viajes formativos
Me impactó mucho cuando fui a Barcelona a hacer la maestría de Gestión Hospitalaria, era la primera vez que salía a un país europeo y eso fue impresionante, el impacto de conocer 12 hospitales diferentes, desde centros psiquiátricos abiertos, donde enfermos mentales podían andar caminando, hasta hospitales en esa época para personas específicamente con Sida; ahora, fui de nuevo a Madrid a hacer una maestría, y ver qué pasó 20 años después en esos centros, ver cómo cambió el mundo de hospitales grandes como el Hospital Puerta de Hierro dedicado a la investigación, ver la formalidad el hospital San Carlos… Me impactó mucho de España, que son número uno en trasplante de órganos, ellos tienen 5,261 trasplantes este año, y como no guardan esfuerzos de hacer las inversiones de salud en ese renglón. Nosotros tenemos que desarrollarnos más en esa parte. Gracias a la carrera de medicina, he podido estar en contacto en Perú, por ejemplo, con sus patologías y enfermedades; así como con Argentina y Roma. Gracias a mi participación en congresos, he podido conocer la cultura y los enfoques de salud de cada uno de estos sitios y, desde el punto de vista de tecnología, Estados Unidos, lógicamente sigue siendo el país que más ha evolucionado. La formación que más celebré fue cuando fui a México al Hospital ABC en 1997, porque en ese tiempo todavía en el Cabral y Báez no nebulizaban a las personas, no había mucha ventilación mecánica. Ahí, por primera vez conocí un hospital que tenía más de 25 ventiladores, cuando en las clínicas sólo teníamos uno o dos. Hoy día en la Unión Médica tenemos 15 ventiladores, pero en esa época me impactó muchísimo toda esa alta tecnología. Al regresar al país, eso me ayudó mucho, entonces creamos la residencia de Terapia Intensiva en el Hospital Cabral y Báez en 2001 y, al día de hoy, tenemos más de 47 médicos especialistas en terapia intensiva.

10. Evolución Coopmédica
Cuando asumí la Cooperativa Médica, sólo tenía servicios de vender equipos e instrumentos pequeños de cirugía, quedaba en Los Pepines. Fui el primer presidente que comenzó la parte de ahorro y crédito; un grupo de 60 médicos comenzamos a ahorrar mil pesos mensuales. Al día de hoy, es una de las cooperativas de más éxito en la región, con sucursales en Puerto Plata, Moca y en la Capital. La cooperativa ha crecido suficiente y eso me da gran satisfacción, el haber participado en el cooperativismo, haber fundado en la Coopmédica, la primera parte de ahorro y crédito, en esa transformación de comenzar a ahorrar para poder darle créditos adecuados a nuestros médicos. Hoy día la cooperativa es abierta a todo público.

Se siente privilegiado de ver cambios

Qué satisfacción que a mis 61 años pude ver toda esa evolución en el sentido de la parte de la familia, la parte profesional. Tengo ocho años dirigiendo la Clínica Unión Médica es de gran satisfacción poder desarrollar ese proceso de gestión. Sigo dando clases en la universidad en las maestrías de Gestión Hospitalaria y, sigo también en pregrado, impartiendo clases; es decir que la parte fundamental es vivir constantemente con los principios básicos de la educación, los principios básicos de familia, la disciplina de que se puede hacer. No necesitamos tener una gran herencia, un gran dinero, sino siempre tener una buena disciplina y dedicación a los estudios.

Hoy los jóvenes pueden llegar donde quieran. Mis padres murieron a destiempo, vengo de un barrio y casi todos los que están en esta institución de salud han venido de barrios, de familias humildes, y han podido desarrollarse; aunque no hay ningún problema que el que tenga buenas condiciones pueda aprovechar y llegar también, creo que sí que se puede llegar, a través de esa dedicación, ese esfuerzo al final se te reconoce, se te apoya… Me satisface ver cuántas generaciones que están en esta institución que le di clases y que son profesionales de éxito. Esa es la satisfacción más importante dentro de la academia, que hemos visto la evolución de aquellos jovencitos estudiantes que hoy son grandes cirujanos, neumólogos, internistas clínicos y que comenzaron pequeñitos con nosotros.

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