RD y Venezuela

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    En la polarización que se venía suscitando en América Latina entre Estados Unidos y los países dirigidos por gobiernos “progresistas”, República Dominicana se había venido acomodando a una política moderada, guardando distancias convenientes, y en algunos casos de mediación.

    Fue el comportamiento que asumió en la crisis de Venezuela. Una cercanía en cuanto fuese necesaria con las autoridades gobernantes y cautela cuando algunos actos del poder disminuyeron la institucionalidad expresada en la Asamblea Nacional, tras la elección de la Asamblea Nacional Constituyente el pasado 30 de julio.

    El comportamiento del gobierno venezolano en el proceso de diálogo con la oposición, que coordinó personalmente el presidente Danilo Medina, sirvió para que se produjera un relativo distanciamiento muy bien disimulado. Según informaciones confiables, el gobierno dominicano se quejó de la escasa colaboración del gobierno venezolano para facilitar un entendimiento con la oposición.

    Luego vendrían las elecciones del 20 de mayo, e inmediatamente después el anuncio del presidente Nicolás Maduro de que reiniciaría el diálogo con la oposición con la mediación dominicana. El propio presidente Medina declaró el 8 de mayo que con él no se había hablado y que no creía que el gobierno nacional participara en ese diálogo.

    Las bases formales estaban dadas para posibilitar un cambio de actitud en los debates previstos en la Asamblea General de la OEA el lunes y el martes.

    Otro hecho empujaba al gobierno dominicano a modificar su moderación y neutralidad en el conflicto venezolano. El establecimiento de relaciones con la República Popular China provocó el enojo de Estados Unidos que se quejó abiertamente.

    Resistirse a las presiones de Washington para que República Dominicana acepte declarar ilegítimas las elecciones del 20 de mayo pasado resultaba muy difícil para el gobierno de Medina, en medio del debilitamiento en Latinoamérica de los gobiernos de tendencia progresista.

    Podría argumentarse que países mucho más débiles que República Dominicana, en el mismo Caribe, rechazaron condenar a Venezuela. Pero ninguno de ellos acababa de pasar un momento de tensión con la administración de Donald Trump.

    La mejor carta, para un papel algo decoroso, hubiese sido la abstención y la defensa de la vía dialogada. Pero parece que eso era pedir demasiado al gobierno dominicano.

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