“Todos mis proyectos fueron creando mi legado”

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Rafael Tomás Hernández Ramos cuenta cuáles han sido sus aportes al país en materia de construcción, especialmente durante los gobiernos de Joaquín Balaguer. Kelvin Mota.
El arquitecto, con 61 años de experiencia, fue una pieza clave en los diversos proyectos realizados por el expresidente Joaquín Balaguer en sus gobiernos

Con más de 60 años de experiencia en el ámbito de la construcción, especialmente en el de las viviendas económicas, el arquitecto Rafael Tomás Hernández Ramos se siente orgulloso por el legado que deja con sus obras.

Hernández Ramos, una figura importante en las edificaciones construidas por Joaquín Balaguer en sus 22 años de mandato, nos cuenta su experiencia junto al expresidente y lo mucho que significó ser parte de sus gobiernos.

Igualmente, comparte su parecer respecto al estado de las construcciones del Gran Santo Domingo, así como también las principales problemáticas que tiene esta ciudad.

1. Santiago
Nací en Tamboril, Santiago, hace 85 años. Mis padres fueron Rafael Tomás Hernández Almánzar y María Ramos Abreu, que tuvieron 5 hijos, de los cuales soy el segundo. Mis hermanos son Mari Cruz, Melba, Mirna y José Alejandro Hernández. Mi papá tuvo dos hijos en su primer matrimonio, Tomás Hernández Franco, poeta de “Yelidá”, y Marino Hernández Franco.

2. Estudios
Fui alfabetizado en mi casa. En el año 1940 comencé en el cuarto curso de la escuela Sergio A. Hernández, en Tamboril, donde estuve hasta el 1944. Realicé mis estudios secundarios también en Santiago, en el liceo Ulises Francisco Espaillat. En esa época, tenía que levantarme a las 4:00 de la mañana, y trasladarme en una guagüita para recorrer 15 kilómetros. Llegaba al liceo a las 6:00 de la mañana, y tenía que esperar a que abrieran; así que me la pasaba en el parque, o terminando algunas tareas. De ahí salíamos a la 1:00 de la tarde.

3. Primer trabajo
En 1949, al iniciar mis estudios superiores en la Universidad de Santo Domingo, empecé a trabajar como dibujante en el taller del arquitecto Eduardo Rodríguez, quien construía algunos conjuntos de viviendas económicas que tenían mucha importancia. Mi labor consistía en dibujar el trazado, concebido por don José Ramón Báez López, del barrio María Auxiliadora; un avanzado proyecto para la época, por ser la primera vez que la trama urbana dejó de ser recta y cuadriculada, para asimilar curvas y adaptarse a la topografía del terreno. Como el diseño de las viviendas era muy pintoresco, aunque las casas eran económicas, tenían techos de tejas inclinados y presentaban un aspecto vivo, esto hizo que el barrio se conociera como “La Ciudad Jardín”.

4. La familia
Me casé en el año 1959 con Ana Rosa Álvarez, con la que tuve 4 hijos. El mayor se llama Alejandro, ingeniero; la segunda es Ana Rosa, que es arquitecta; el tercero se llama Eduardo, también ingeniero, y la cuarta Ana María, psicóloga. Tenemos diez nietos y dos biznietos. Mi familia lo es todo, porque incluso, lo que tengo aquí y estoy haciendo, lo hago pensando en ellos, para dejarles un camino despejado. En medio de todas las cosas nuevas que se le presentan a uno como anciano, me esfuerzo por mantenerme a flote, y mi familia es una pieza clave en ello. Mucha gente piensa en las grandes fortunas, pero yo quiero dejarles, primero, la supervivencia física, pero luego, y es para mí lo más importante, la moral.

5. Orgullo
Me considero un hombre muy afortunado, tengo muchas cosas de las que puedo sentirme orgulloso, como nuestro trabajo en la 27 de Febrero. Esa obra, en medio de una ciudad ya consolidada, fue descrita por Balaguer como una “verdadera cirugía urbana”, y efectivamente lo es, aunque no fue una tarea fácil. Pero ver ahora todo lo que ha aportado esta obra, me llena de mucho orgullo. Otra de las obras que más me llena de orgullo es el Cinturón Verde de Santo Domingo, sobre todo por la reserva de 4 millones de metros cuadrados verdes en el Parque Mirador del Norte, una de las reservas ecológicas más importantes. También me siento orgulloso de haber sido el primer presidente, y propulsor, del Colegio Dominicano de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores (CODIA).

6. La Feria
Una de las etapas que más disfruté, fue cuando en 1954 pasé a trabajar como asistente en el Directorio Técnico de la Feria de la Paz, con los arquitectos Guillermo González, José Antonio Caro y Amable Frómeta, responsables del diseño y construcción de ese conjunto urbanístico que se construyó durante el año 1955. Tuve la responsabilidad directa en algunas obras menores, como los pabellones de la Sociedad Industrial Dominicana (Manicera), La Industrial Lechera, la Compañía Anónima Tabacalera y la puerta del parque de diversiones. Participé, además, en la confección de los planos para el edificio de las Fuerzas Armadas, que lo construyeron los ingenieros Luis Abreu, Heriberto de Castro y Andrés Gómez Dubreil.

7. Docente
Terminada esa etapa, obtuve el título de Ingeniero Arquitecto en 1956, y fui designado profesor de Dibujo y Composición en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), y al mismo tiempo desempeñé algunos cargos públicos relacionados con mi profesión; entre ellos: Asistente del Ingeniero asesor del Poder Ejecutivo (don Humberto Ruiz Castillo), encargado de la sección de Diseños en Obras Públicas y subdirector de Edificaciones, en la misma secretaría. En la UASD duré 11 años trabajando, y fue una de las experiencias más enriquecedoras. Sin embargo, lo que más me entusiasma es la arquitectura y la ingeniería, y afortunadamente, tuve el privilegio de trabajar en lo que me apasiona.

8. Consternación
El momento más duro que hasta ahora me ha tocado vivir fue, sin duda, la pérdida de mi padre. Ocurrió en el 1945, cuando yo apenas tenía 12 años, un Día de la Altagracia. Fue un acontecimiento que estremeció la familia, y a mí particularmente. Que puso a prueba la entereza de mi madre, siendo ella muy joven, además. Otro momento difícil en mi vida fue también cuando Balaguer perdió las elecciones en el año 1978, justo cuando teníamos muchas obras importantes inconclusas. Ese momento fue fuerte, porque la tendencia era decir que todo lo que se había hecho estaba mal, y eso me angustiaba.

9. La ciudad actual
Santo Domingo enfrenta muchos problemas actualmente. Aunque, por suerte, en Obras Públicas ya están orientados y haciendo hincapié en la forma de conducir y manejar las edificaciones, todo con el objetivo de entender la ciudad. Sin embargo, hacen falta más proyectos que aprovechen el espacio que todavía tenemos disponible, para evitar un ambiente hostil que frustre a la población. Otro de los problemas que tiene el país es el mal manejo de los desechos sólidos, lo que se empeora con esta crisis de agua. También creo que este desarrollo vertical tiene que ser moderado, los edificios en el orden de 8 o 10 plantas, son mejores. Pero deben ser controlados los que están haciendo más allá de esos pisos, por el tema del déficit eléctrico y lo que tiene que ver con los servicios.

10. Un país más humano
Extraño mucho el tipo de gente que había antes, en la época en la que yo crecí. Se trataba de personas que tenían un interés genuino por el bienestar de los demás, que inclusive se unificaban para que hubiera un crecimiento de la comunidad. Necesitamos gente que no sea tan egoísta. Así quiero volver a ver al país otra vez. A esta sociedad le hace falta más empatía, más humanidad. Yo espero por un país donde cada ciudadano aporte con su granito de arena a la mejor convivencia.

Construcción en los 22 años de Balaguer

“Tuve la dicha de trabajar en los 22 años de gobierno de Joaquín Balaguer, un presidente que verdaderamente se interesaba en la gente con condiciones menos favorables. En 1959 me designó subdirector de Obras Públicas Urbanas, encargado de la Oficina de Planificación del Ayuntamiento del Distrito Nacional. Algunas de las obras de las que me siento orgulloso, gestionadas por Balaguer, son las 100 casa en Cuesta Colorada, Santiago; 60 casas en Simón Bolívar, 100 casas en Higüey y 30 casas en Los Mina, eso tan solo del 1962 al 1966. Luego fui designado ingeniero al servicio del Presidente de la República, en el lapso 1966-1978, y junto al ingeniero José Miguel Mondesí construimos algunas obras en todo el país, entre las cuales se destacan los edificios multifamiliares en la Plaza Trinitaria y los edificios del Estado en la Plaza de la Independencia. Entre 1967 y 1978 hicimos la urbanización Jiménez Moya, la urbanización Honduras y la urbanización Mata Hambre, con 84 apartamentos. No me arrepiento de haber formado parte de los gobiernos de Balaguer, a pesar de todas las opiniones en mi contra. Eso es parte de lo que dejo, cada proyecto fue creando mi legado. Me consta que él siempre estuvo dispuesto a tender su mano amiga”.