“Mi carrera ha sido de éxitos, he ido subiendo peldaño a peldaño”

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“Con el paso del tiempo me di cuenta de que me gustaba la música y me inscribí a estudiar con el profesor Fermín Suero”.
Kinito Méndez siempre quiso ser artista, y aunque su padre se oponía rotundamente, no dejó de perseguir su sueño de convertirse en famoso

En sus años de infancia y adolescencia, Kinito soñaba que un día estaría en un escenario interpretando la música de los dominicanos, tal como en ese momento lo hacía su ídolo, Johnny Ventura.

En su casa, su madre lo apoyaba en todo, pero su padre se oponía, al punto de que cuando inició su carrera, éste le negó todo soporte económico y lo tildaba de vago. Aun así, siguió adelante y con el tiempo demostró que aquel niño que formó la agrupación “Los Pequeños del Ritmo”, en su natal Padre Las Casas, iba en serio y que con talento y carisma escribiría una parte importante de la historia musical dominicana.

Hoy, junto a los lectores del elCaribe, recuerda lo duro de los comienzos, la alegría con que recibió el éxito, la tristeza por la separación de la Coco Band y el entusiamo con que emprendió su propio proyecto musical.

1. De Padre Las Casas
Yo vengo de Padre Las Casas, un municipio de Azua, en el Sur de nuestro país. Mi papá se llamaba Tomás Aquino Ramírez, pero la gente le decía Aquino Méndez, por eso me dicen Kinito Méndez, y mi mamá María de Jesús Lebrón, la gente le dice doña Jesusa. Somos cuatro hermanos, el mayor se llama Tomás, las dos mellizas, Mary y Mery, y el más pequeño, soy yo, pero mi nombre es José del Carmen Ramírez. Mis padres son oriundos de La Siembra, que es un campito, un paraje de Padre Las Casas. Ellos salieron a buscar mejor vida y abrieron una tiendecita de ropa en Padre Las Casas, que se llama Las Mellizas, y todavía esa tienda está ahí. La tienda se llama Las Mellizas por mis hermanas. De esa tienda todavía vive mi mamá. En La Siembra comencé a estudiar. Hice mi vida allí y estudié.

2. Los Pequeños del Ritmo
Me dieron muchas pelas por ir al río. Me encantaba ir al río La Cueva, de Padre Las Casas. Nos íbamos como a cinco kilómetros y bajábamos en tubos. Me encantaba el deporte, en especial la pelota. Era un niño muy inquieto. A los siete u ocho años fui despertando a la música. Me encantaba el merengue de Johnny Ventura. Me nació hacer un grupito musical que se llamaba Los pequeños del Ritmo, pero la gente le decía El Combo Legaña, porque éramos mocosos. Éramos niños. El grupo estaba integrado por familiares y amigos. Comenzamos a tocar en cumpleaños de niños. Cantábamos la música de moda. Los instrumentos eran fabricados por nosotros con galones de aceite, palos, latas…. Donde tocábamos, eso se llenaba. Cuando sacábamos los instrumentos para tocar se reunía un gentío. A los siete u ocho años, ya yo era un artista en Padre Las Casas.

3. Una casa alegre
Mi casa fue siempre una casa alegre. Tuvimos una niñez muy bonita y alegre. Mi mamá siempre ha sido muy querendona y es muy querida en Padre Las Casas. Yo le digo La Leona. ¿Tú sabes cuántos hijos ella ha criado?, 70. Ella ha criado 70 niños, hasta convertirlos en hombres y mujeres. Todavía hoy la casa está llena de gente. A ella le encanta eso. Yo digo que nosotros somos 70 hermanos, todos criados por ella. Mi mamá cuando veía a una persona muy pobrecita y que tenía muchos hijos, se los quitaba y los criaba.

4. Buscando espacio
Con el paso del tiempo, me di cuenta de que me gustaba la música y me inscribí a estudiar con el profesor Fermín Suero. Ahí comencé el método Eslava, los solfeos y comencé a estudiar saxofón. Cada vez que a las fiestas patronales de Padre Las Casas iban los grupos de moda, como Fernando Villalona o Aníbal Bravo, yo lo que hacía era invitarlos a la casa a cenar, por lo menos al líder de la banda. Me llevaba a la casa a Fernandito, al Zafiro, a Aníbal Bravo, a Rafa Rosario, pero era para enseñarles mis composiciones. Ninguno me grabó, pero me dieron muchos y valiosos consejos. Me decían que yo tenía talento y que debía irme a la capital.

5. El autor de letras
Cuando mis hermanos entraron a la universidad, mi papá compró un apartamento en la capital. Vinieron Tomás y las mellizas y yo me quedé solo con mis papás. Entonces, después papá decidió que viniéramos todos. A mí me inscribieron en el Colegio Nuestra Señora de la Paz, al lado de la Lotería Nacional. Ahí comencé a estudiar y también a buscar la forma de hacer música. Era un estudiante bueno. No excelente, pero bueno. Siempre estuve muy ligado a la música. Recuerdo que cuando me inscribí en la UASD, a estudiar Administración de Empresas, el profesor preguntaba: ¿Qué es lo que se oye por ahí atrás? Y era yo tocando en el pupitre. Buscando ideas para alguna canción. En la capital me acerqué a la profesora de piano, Tania Báez, para aprender armonía, para hacer los arreglos, porque yo tenía la idea pero no sabía escribirlas. Comencé a llevar mis composiciones a Color Visión a los autores, que siempre van detrás de los artistas en los canales de televisión. Les enseñaba a unos y otros, hasta que Ritchie Ricardo me grabó el tema “Casimiro” y después me grabó otro tema que se llamaba “Catalino”, y después Fernando Villalona grabó el tema “Judith”, cantado por su hermano Aramis Villalona. Ahí comenzó mi carrera como autor.

6. Pochy Familia
A través de papá, que era diputado por el Partido Reformista, me nombraron mensajero interno en IDECOP. En eso, fui a Padre Las Casas y me encontré con una muchacha muy hermosa y elegante, que era hermana de Pochy Familia, a través de ella conocí a Pochy, porque yo iba a su casa, enamorado de ella. Pochy y yo nos conocimos y él me dijo que también era autor de letras, y ya yo iba a la casa más a reunirme con su hermano que con mi novia. Llegaba a la casa a visitarla, y al poco rato le decía: “Yo vengo ahora”, y me iba a hablar de música con Pochy. Ahí comenzamos a intercambiar las ideas que dieron a luz a la Coco Band. De las producciones de Coco Band, cinco y seis eran de Kinito Méndez, y tú sabes que este es un negocio, entonces ahí se me acercó Bienvenido Rodríguez, Juan y Nelson, y me ofrecieron hacer la Roca Banda, y es donde me digo que tengo que crecer, hacer mi vida. Junto con Johnny Montaño y el licenciado Reyes hicimos Roca Banda y ese fue otro fenómeno. Arrancamos con los temas “Ají Tití”, “El Bacano” y otros más. Llegamos a llenar Altos de Chavón. Fue una locura.

7. La Coco Band
Nosotros comenzamos sin dinero, sólo con el talento. Una de las cosas que tiene Pochy es que es una persona muy despierta y buena para organizar. Él supo buscar la forma de conseguir el apoyo. A través de Mateo de San Martín, que fue el primer disquero que nos grabó, le presentamos dos temas que habíamos grabado, pero que no se dieron a conocer. Quedaron ahí. Pero Mateo nos grabó una producción entera. No teníamos nombre. Nos decían “Noche Sabrosa”, “Orquesta Serpiente”, hasta que un día, Pochy me dijo: “Oye, tengo una idea para el nombre de la orquesta, Coco Band”. Cuando me dijo ese nombre le dije: “Waoo, ese es el nombre”. Ahí comenzó el fenómeno. Era un grupo de muchachos sin dinero, pero con talento.

8.La primera gira
La primera gira se nos dio en el año 1988 y fue frustrante. Llegamos con nuestra orquesta a Nueva York, íbamos a tocar 12 actividades en un mes y al final solo pudimos tocar dos. Nos sacaron del hotel, porque no podíamos pagar. Entonces cada quien tomó su camino. Algunos se quedaron en “basement”, sin calefacción en pleno invierno. Entonces, cuando terminó la gira, de 16 que nos fuimos a Nueva York, regresamos cuatro. Se desbarató el grupo. Pensamos: “Hasta aquí llegó esto”. Hasta que el amigo Bertico Sosa invirtió en el tema “El domingo se hizo p´a beber” y comenzamos a movernos aquí de nuevo. Un día fuimos al Show del Mediodía y cuando Yaqui Núñez nos presentó, dijo: “Señores, yo estoy ante el fenómeno más grande en la ciudad de Nueva York. Esos muchachos están acabando en la calle, en las discotecas y en la radio, con un tema que se llama “La Flaca”´. Nosotros nos miramos unos a otros, con extrañeza. Ahí nos dimos cuenta de que el disquero tenía ese disco pegado y fue el inicio de ese fenómeno.

9. Esposo y padre querendón
Me he casado dos veces. Tuve un primer matrimonio, con una americana-boricua, de esa relación nació un hijo. Después me casé con una muchacha de mi pueblo, que aún es mi esposa y espero que lo sea para toda la vida, se llama Magda Paniagua. Ella es hija de la primera persona que me dio un empleo. Soy muy querendón. Mi esposa me dice que yo añoño demasiado a mis hijos. Soy muy cariñoso. Soy enfermo dándoles amor a mis hijos. Claro está, los corrijo. Les digo cuando las cosas no están bien. En total, tengo cinco hijos; en el primer matrimonio tuve uno y cuando era “tíguere”, tuve dos sin casarme. Los más pequeños son José de Jesús, que le encanta el fútbol y lo practica, y Lía Natacha, que tiene siete años y le encanta la música. Es la única de mis hijos que le ha despertado el talento para la música. Como legado me gustaría dejarles el trabajo y la disciplina. Yo creo mucho en el hombre de trabajo. Siempre les digo a mis hijos las cosas que me decían mis padres. Lo peor para un padre artista es el tiempo. Muchas veces tienes deseos de ir a tu casa a comer con tus hijos, pero no puedes. El sacrificio tiene como recompensa el cariño de la gente. Es una satisfacción, pero la familia sufre un poquito.

10. La Navidad y Los Reyes
Cuando era niño, tenía mi grupo musical y los instrumentos eran cambumbos de aceite. Yo tenía instrumentos, nada que no fuera hecho por nosotros mismos. Entonces, mi mamá, en Navidad, me regaló una conga, que la compró en el Mercado Modelo. Para mí, ese fue el regalo más grande de mi vida. Yo tenía como ocho años. Ella sí me apoyaba para que fuera artista. Mi papá no. Mi papá decía que eso era para vagos. Lo convencí cuando hice la primera gira, que le traje mucho dinero y que él vio que era una profesión de la que se podía vivir. Quien me enseña a tocar tambora es mi mamá, porque ella tocaba la tambora en el perico ripiao de mi abuelo. El día 24 de diciembre, yo no trabajo. Ese día es sagrado. A veces voy a casa de mi mamá y otras la traigo a mi casa. Hacemos una rumba junto a toda la familia. Vivimos una Navidad muy alegre.

Dentro y fuera de los escenarios

“Creo que la mayor satisfacción es lo que hemos logrado. Haber cantado con Celia Cruz, con Johnny Ventura, que ha sido mi ídolo de toda la vida. Llegar al Grammy y estar en el Libro Guinness por la presentación con Celia Cruz en los Carnavales de Santa Cruz de Tenerife, ganar el premio Congo de Oro de Colombia, el Búho de Oro en Barranquilla, el Emmy de los Estados Unidos, y aquí hemos tenido varios premios Soberano. Hemos logrado tantas cosas en la música… y por encima de todo eso, el cariño de la gente. Yo siempre confié en que iba a llegar. Yo me decía, cuando muchachito: “Es que esto tiene que gustarle a la gente”. Recuerdo que mis compañeros de la universidad me decían que dejara los estudios y me dedicara a la música, porque eso era lo mío. Porque yo desde niño decía que iba a ser artista. Lo tenía seguro. Dejé la universidad y mi papá no me daba un centavo, y me decía vago. Pero después reconoció que estaba equivocado. Como ser humano veo el éxito de una manera normal. Veo la música tan mía, que cuando yo comencé a tocar en los primeros grupos y me llevaban el dinero a la guagua, me quedaba como indiferente. Lo que a mí me gusta, lo que disfruto, es la música, estar en una tarima. Mi carrera ha sido de éxitos, he ido subiendo peldaño a peldaño, pisando fuerte. Lo bueno de ser artista es que debes tener una buena conducta. Tienes que saberte manejar, porque hay miles de personas que están pendientes de lo que haces para imitarte; entonces, es un compromiso fuerte. Me encanta esta profesión. Otra cosa es que… tú sabes que yo canto riéndome, entonces la gente me ve en la calle, los cines, en cualquier lugar y ando muy serio, entonces la gente me dice: “Pero ven a acá, tan alegre que es cantando y míralo tan serio”. Entonces les digo: “Pero y qué tú quieres, que yo me vaya riendo por todas partes”. Es muy duro. La gente piensa que el artista siempre está igual.

Costoso
Entiendo que el merengue necesita mucho de nosotros ahora. Tenemos relevos, pero pocos. No es porque no quieran venir al merengue, es que grabar merengue cuesta mucho dinero.

Confiado
Siempre confié en que iba a llegar. Me decía, cuando muchachito: “Es que esto tiene que gustarle a la gente”. Mis compañeros de la universidad me decían que dejara los estudios y me dedicara a la música, porque eso era lo mío.

Inicios
Comenzamos a tocar cumpleaños de niños. Cantábamos la música de moda. Los instrumentos eran fabricados por nosotros con galones de aceite, palos, latas…”

Frustrante
La primera gira se nos dio en el año 1988 y fue frustrante. Llegamos con nuestra orquesta a Nueva York, íbamos a tocar 12 actividades en un mes y al final solo pudimos tocar dos”.