“La prisión fue muy difícil, pero no me causó ningún trauma”

Mario Rivadulla, como todos los jóvenes de su época, no podía estar ajeno a los movimientos políticos que sacudían la isla de Cuba, donde nació y creció y de donde debió salir, cuando para él, como para muchos otros, la vida se hizo muy difícil.Aunque en principio, su destino era la gran nación del norte, adonde casi todos sus familiares y conocidos habían viajado; por cosas del destino, el camino lo llevó a la tierra de Duarte, donde se sintió como en casa desde su llegada.

El idioma, la calidez de la gente, el clima y hasta las edificaciones le resultaban muy semejantes a la tierra que tuvo que dejar atrás.

Muchos años después de su llegada, Mario, quien ha hecho camino al andar, afirma que después de llegar a éste, que ahora es su país, entendió que no tenía nada que ir a buscar a ninguna parte.

1. Un dominicano nacido en Cuba
Nací en Cuba. Soy hijo de emigrantes españoles, que se conocieron en Cuba. Mis padres se separaron temprano. Mi mamá me crió, pero al mimo tiempo me crió otra familia. Es decir, que tuve dos madres. Soy hijo único, pero al mismo tiempo tuve dos hermanos de crianza, mejores que los de sangre. Mi padre se llamaba Daniel y mi madre Dulce. Mi padre murió en Miami y mi madre murió aquí en Santo Domingo.

2. Buen lector
En mi infancia fui muy aficionado a la pelota. No fui un buen estudiante, salvo en historia de Cuba, historia universal y geografía, pero las matemáticas y la geometría eran un verdadero calvario, las aprobaba, pero nada más. La lectura me encantaba, comencé a leer desde muy temprano. De hecho, casi me expulsan del colegio. En ese tiempo los escritorios tenían una tapa para que tú guardaras tus cosas. Estudiábamos en dos tandas, al mediodía uno se iba a almorzar a la casa y regresaba en la tarde. En ese tiempo, el cura revisaba para ver lo que uno tenía ahí y me encontraron un libro de Émile Zola, titulado, La “Bestia Humana”. Se armó un reperpero, llamaron a mi madre. Para permitirme seguir en la escuela tuve que hacer la promesa solemne de que nunca más volvería a leer a Émile Zola. Naturalmente que no lo cumplí. Lo que hice fue que nunca más llevé sus libros al colegio.

3. Fidel y yo
Fidel y yo éramos bastante amigos. De hecho, hay un libro de Ramonet, donde Fidel le dice que en el Partido Ortodoxo solo tenía dos amigos, y uno de ellos era yo. Éramos muy cercanos, pero en el año 1956, Fidel escribió un artículo en el cual criticaba mucho al Partido Ortodoxo y la dirigencia del partido se reunió y planteó que había que responderle a Fidel, pero nadie levantaba la mano para responder, así que yo dije: “Yo lo voy a hacer”. Entonces, escribí un artículo en Bohemia que se llamaba “Un puñado de preguntas y verdades a Fidel Castro”. Eso creó un distanciamiento entre nosotros. Cuando Fidel llegó al poder, yo era comentarista de radio y de televisión, tenía una columna diaria en un periódico y seguía escribiendo en Bohemia. En ese momento, yo entendía que ese cambio era necesario y comencé a defender La Revolución, hasta que lamentablemente se produjo la desviación de lo que era el programa original del 26 de julio. Comenzó la introducción del Partido Comunista. La propuesta original, democrática se fue desdibujando y fue derivando en lo que se convirtió. Eso me llevó a involucrarme en un movimiento clandestino, llamado el Movimiento Revolucionario del Pueblo, que agrupaba a personas que en un momento apoyamos la revolución, pero que nos habíamos desencantado.

4. Detenido
Como yo me había metido en los movimientos contra la revolución, me detuvieron junto a la que era mi esposa. Me llevaron a lo que en Cuba era la Policía Política. Ahí me tuvieron por un mes y después me trasladaron a la prisión de la cabaña, que era donde se hacían los fusilamientos. A mi esposa y a mí nos separaron. Hasta que llegó el juicio. Ahí nos volvimos a ver. Como no había pruebas de lo que se nos acusaba, nos condenaron a seis años. Fue un juicio que nunca se me ha olvidado, por la forma arbitraria.

5. ¡Qué juicio!
Además de periodismo, yo ejercía el Derecho, como procurador Público. El Procurador Público en Cuba, tenía un campo de acción mucho mayor que el de República Dominicana. Entonces conocía mucho a los secretarios de los tribunales. Por eso, cuando me iban a encausar, el secretario del tribunal, que me conocía, me miró y me dijo: “No te voy a leer la acusación, pero mira a ver, muévete”. Fuimos a juicio. Mi familia contrató un abogado, llamado Ernesto Amaral. Era un Consejo de Guerra. El pobre Amaral se apareció allí, él no había leído el expediente. Entonces le pasaron el expediente y le dijeron que tenía 10 minutos para estudiarlo. Fue un juicio rápido. Cuando me dijeron que si quería decir algo, lo único que dije fue: “No estoy ni al servicio de Washington, ni al servicio de Moscú. Estoy al servicio del pueblo de Cuba”. Terminó con una condena de seis años para mí y para la que era mi esposa. A los tres años ya yo estaba en la calle. Me quedé en Cuba dos años y medio más, hasta que pude salir. La prisión fue muy difícil, pero no me causó ningún trauma. Afortunadamente yo tengo mucha higiene mental. No vivo con melancolías. Vivo siempre el presente.

6. Por poco no entra al país
Cuando llegué aquí, por poco no puedo entrar. Resulta que cuando pasé por Méjico, conocí al general Héctor Lachapelle. Él y yo estuvimos hablando como tres horas. Iniciamos una amistad que se restableció aquí después y que se ha mantenido. Allá el cónsul no tenía ni secretaria. El mismo tenía que escribir la visa con una maquinilla a mano. El cónsul me invitó a ir a su casa y yo fui. El avión salía a las 12:00 de la noche, era un avión de Iberia y llegaba a las tres y media de la mañana. Las visas las registraban en una mascota. Yo tenía mi visa, y cuando llegué al aeropuerto me dijeron que yo no estaba ahí. Entonces la opción que me daban era irme deportado. Había un agente de seguridad y lo llamaron. Él me dijo que me tenía que ir deportado y yo le dije que si era para España no había problema, pero que si me iban a deportar para Cuba que mejor me mataran ahí mismo. En Cuba habíamos 23 periodistas presos en ese momento. Aquí estaba preso Manuel Aurelio Tavárez Justo, Donald Read estaba en el gobierno. A través de la SIP, le habían ofrecido a Fidel Castro canjear los presos cubanos por los revolucionarios que estaban presos aquí; Fidel no aceptó, pero los nombres de nosotros habían quedado asentados aquí. Así es que me dejaron porque yo era uno de los periodistas cubanos que estaba preso.

7. En el país
Cuando por fin pude entrar al país, comencé a normalizar mi situación. Me trasladé a la ciudad de Santo Domingo, me quedé en casa de una familia que me acogió. Era una familia que yo conocía de Cuba. Ellos fueron muy generosos. Ahí viví mucho tiempo. En ese momento, La Voz del Trópico necesitaba un director para el noticiero. Ahí estuve 18 años como director. Empecé a escribir una columna en el periódico El Nacional, con Rafael Molina Morillo; entonces, Molina Morillo me llamó para que me encargara de hacer los editoriales. Es decir, que tenía bastante trabajo. A esto se sumó que era director de noticias de Radio Cristal, ahí iba por la tarde. En ese momento estaba escribiendo cinco comentarios diarios en la Voz del Trópico, tres en Radio Cristal, dos editoriales en El Nacional y un editorial en Cadena de Noticias.

8. Gracias a un pool
Mi madre se quedó en Cuba cuando yo salí. Aquí estaba un amigo mío de apellido Marichal, que era muy jugador. A él y a mí nos avisaron de que su familia y mi madre tenían permiso para salir de Cuba, pero ninguno de los dos tenía dinero para pagarles el viaje. Así es que él se metió la mano en los bolsillos, sacó tres pesos y me preguntó que si yo tenía tres pesos, le dije que sí y le pregunté que para qué, me dijo que para jugar un pool de caballos. Yo no sabía nada de eso, en mi vida no había jugado, ni he jugado más nunca, pero le di los tres pesos. Se ganó 800 dólares, y con ese dinero pudo él traer a su familia y yo traer a mi mamá.

9. Visa americana
Al llegar al país, el 15 de enero de 1970, mi familia estaba en Miami y yo quería ir a verlos y ellos querían verme a mí. En eso me invitaron a la reunión de medio tiempo de la Sociedad Interamericana de Prensa, en Jamaica, porque yo había sido el primer periodista cubano que había sido liberado. Le pregunté a Ornes que si yo podía presentar mi caso y él me dijo que dijera lo que yo quisiera. Cuando yo salí de Cuba, el gobierno cubano me retiró la nacionalidad por 20 años, es decir que yo era apátrida. Entonces, cuando terminó el informe, yo dije que yo no sabía que las disposiciones del gobierno cubano tenían también vigencia en los Estados Unidos, porque me habían negado la visa para yo ir a ver a mi familia en varias ocasiones. Eso sí fue noticia. Al llegar al país me encontré con una llamada del consulado diciéndome que fuera a buscar la visa.

10. Vida familiar
Aquí conocí a la que es mi esposa, que afortunadamente ha sido como mi ángel de la guarda. Es de una familia humilde pero con muy sólidos valores morales. Ella ha sido mi compañera todos estos años. Ha sido fiel, consecuente, me ha soportado muchas cosas, como es natural. No la cambio por nada, ni por nadie. Ella se llama Dulce María. Hemos procreado tres hijos. Tengo dos hijas cubanas, de mi primer matrimonio.

Un cambio que afectó a miles

“Estudié en colegios religiosos, primero en La Salle, después completé en el Colegio Los Maristas. Hacíamos un bachillerato de comercio. Terminé a los 15 años, para entrar a la Escuela de Comercio de La Habana, había que tener 17. Esos dos años fueron el tiempo suficiente para yo entender que no sería buen contador. Empecé a escribir. El ejercicio periodístico corrió parejo con mis inquietudes políticas. A los 18 años, ingresé al Partido Ortodoxo, que era el principal partido de oposición en Cuba. Ese partido era el que canalizaba las inquietudes de la gente joven, que quería un cambio. Ese partido basaba su campaña en la lucha contra la corrupción pública, su líder era Eduardo Chivas, que se luego suicidó. Comencé a escribir en revistas, primero y después en periódicos. Me convertí en orador de barricada, hablaba en los mítines y comencé a incursionar en la radio. Posteriormente, cuando la  televisión llegó a Cuba, comencé a participar en una serie de programas de panel, después tuve mi propio programa de televisión. En ese proceso es que se produce en Cuba un golpe de Estado Militar, el 10 de marzo de 1952, faltando 80 días para las elecciones. Las encuestas entre el partido de gobierno y el partido nuestro estaban muy parejas. A partir de ese momento entra en Cuba un nuevo sistema de gobierno, que poco a poco pasó a ser una dictadura. Recuerdo que antes de abordar el avión a uno le quitaban todas las joyas. Todo. Pude conservar este anillo (dice, mientras señala la sortija en su mano). Este anillo tiene como 100 años. Es un recuerdo de mis padres de crianza. Les dije que si tenía que entregar ese anillo, mejor me quedaba. Cuando yo estaba en prisión, mi madre de crianza, que era viuda, me entregó ese anillo y me dijo que se lo devolviera cuando estuviera fuera. Llegué a Méjico, desde donde pude llegar a República Dominicana”.

Fuerte
La lectura me encantaba, comencé a leer desde muy temprano. De hecho, casi me expulsan del colegio. En ese tiempo los escritorios tenían una tapa para que tú guardaras tus cosas.

Inicios
Comencé a escribir en la Revista Bohemia, que aquí no la dejaban entrar en época de Trujillo. Esa revista era el primer medio de comunicación en Cuba. Editaba entre 200 y 250 mil ejemplares semanales.

Apátrida
Cuando yo salí de Cuba, el gobierno cubano me retiró la nacionalidad por 20 años, es decir que yo era apátrida. Llegué a este país, el 15 de enero de 1970”.

Preso
Como yo me había metido en los movimientos contra la Revolución, me detuvieron junto a la que era mi esposa. Me llevaron a lo que en Cuba era la Policía Política”.

Compañera
Aquí conocí a la que es mi esposa, que ha sido como mi ángel de la guarda. Es de una familia humilde pero con muy sólidos valores morales”.

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