“Lo que aprendí de mis padres se mantiene en mí de forma latente”

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“Yo creo que a mí no me iba a matar la enfermedad, sino ver el sufrimiento de mis padres y de la gente de la comunidad que se unió a mí”, destaca Corporán.
Magino Corporán expresa que con su padre también aprendió a bailar, porque él disfrutaba y le gustaban mucho la música y el baile

El mayor logro en la vida de Magino Corporán es la familia que formó junto a su esposa Hilda Selena Martínez, con quien procreó a sus hijos Federico Ernesto y Paloma Massiel . Y es que el haber nacido en un hogar que califica de “50-50”, con unos padres que “eran totalmente entregados a sus hijos”, inculcó en él el valor de la familia y el concepto de la unidad.

Nacido en la comunidad del Pomier, en San Cristóbal, recuerda que su mamá tenía una cultura “hermosa y profunda” en la siembra de flores, plantas ornamentales, medicinales y de uso culinario.

Explica que de jovencito fue buen estudiante y eso se lo debe a su madre, que siempre se empeñaba para que estudiara. Recordó que cuando llegó a primero de la primaria, ya tenía mucha formación, sobre todo en aritmética, porque su progenitora le daba clases. “Yo digo que mi madre fue mi sacerdotisa, ella me enseñó, además, a rezar, a relacionarme con Dios, ella fue una cristiana muy bella, líder y auténtica”, destaca Corporán.

De su padre, comenta que “papá amaba mucho a sus hijos, tenía mucha sabiduría, era un hombre que, aun siendo de origen campesino, nos enseñó muchos principios; nos alertó sobre los peligros de la vida y sobre cómo cuidar nuestra economía. Parece que él heredó de su familia buena tradición de organización”.

1. Núcleo familiar
Soy hijo de Víctor Juan Corporán, un agricultor de la comunidad del Pomier; y de María Lorenzo, ama de casa originaria de Cambita. Yo nací el 19 de agosto de 1954 en la comunidad del Pomier en San Cristóbal, una aldea donde casi todos los vecinos éramos familia y los que no, nos tratábamos como tal. Soy el primogénito, vivo, porque antes de mí nacieron dos niñas que murieron, recuerdo que una de ellas se llamaba Margarita. Soy el mayor de trece hermanos, tres hembras y diez varones. Mi mamá me contaba que yo era un hijo muy deseado, que nací en la mañana, con una partera llamada doña Inés, y que sufrió mucho en el parto porque nací muy grande. Ella me decía en forma de broma que estuve al matarla. Mamá era una líder, ella se envolvía en casi todas las iniciativas en beneficio de la comunidad, en las luchas por la construcción de escuelas, de carreteras, de la iglesia; en mi casa se constituyó el Sindicato del Pomier, cuando en esos tiempos se reprimía duramente la actividad sindical. Mis padres también apoyaban a los niños, a las personas enfermas en la comunidad y al Sindicato de los Trabajadores de la Mina de Cal, eso era espectacular. Cuando mamá murió fue una cosa estremecedora ver la cantidad de niños y niñas que la acompañaron en su funeral y que cantaron en su velatorio. A mí eso me enterneció”.

2. Infancia
Crecí en un ambiente de mucha familiaridad y respeto. Recuerdo que siempre andaba con mi padre, él me presentaba a sus amigos; claro, yo era el primogénito vivo. Yo jugaba mucho, me gustaba corretear, escuchar los cuentos del primo Cabo, que nos hacía historias de “Juan Bobo”. Yo era el que hacía los mandados de la casa, majaba el arroz y el café; desgranaba guandules, les llevaba los alimentos a los abuelos, buscaba leña. Tenía que ir a pie a la escuela, a principios me quedaba cerca, pero cuando terminé la primaria tenía que ir a San Cristóbal , el trayecto era largo, y en muy pocas ocasiones lo hice en vehículo, porque en esa época no abundaban mucho”.

3. Gratos recuerdos
Recuerdo las hermosas noches de luna y los contrastes que se daban en mi lindo campo, entre olores a naranjos y frutales; los maroteos de frutas que me encantaban y aún me siguen encantando; bañarme en el río junto a mis amigos, especialmente en La Toma, eso era como un premio. Evoco Las Cuevas del Pomier, que es una importante reserva científica precolombina y de una riqueza natural impresionante. Allí iba con mis amigos a explorarlas, aunque con mucha precariedad, porque nos iluminábamos con los famosos jachos de pencas de coco. Recuerdo mucho a doña Esther Corporán, una señora que al momento de mi nacimiento pasaba por el frente de mi casa y al escuchar los gritos de un niño entró, fue hasta donde estaba mi mamá, me cargó y me amamantó primero que ella. Pero una de las cosas que más recuerdo es haber estado siempre entre adultos, porque siempre andaba con mi papá; ganarme la confianza de sus amigos y jugar brisca y dominó con ellos”.

4. Enfermedad
Siendo adolescente me atacó un dolor en una pierna justo cuando me bañaba en La Toma con mis amigos. Me diagnosticaron Artrosis de Cadera. Esa enfermedad me afectó la circulación y los tendones de la pierna y me la dejó más corta que la otra, me la atrofió. A partir de ahí todo cambió, se me transformó la vida, fue un momento muy duro, porque ya no iba a poder ser el joven aventurero que era. Esa enfermedad cruel, violenta y destructora, no solamente me golpeó físicamente, sino que me produjo toda la turbulencia mental en términos psicológico. Esa enfermedad dejó mucha pobreza en mi familia, muchos compromisos económicos; mis padres tuvieron que desprenderse de tierras y de animales en su lucha por salvarme la vida. Mi enfermedad los transformó, no solo a ellos, sino también a la comunidad donde vivíamos, porque yo era un joven muy querido. Ellos estaban tristes, me acompañaron junto a mi familia en todo el proceso, en el que parecía que me iba a morir”.

5. Formación académica
Estudié hasta el tercero de la primaria en el Pomier, y del cuatro hasta octavo en el liceo Juan Pablo Pina de San Cristóbal; luego pasé al Liceo Manuel María Valencia, donde inicié el primero de bachillerato, pero tuve que suspender los estudios porque hice una gravedad muy fuerte. Después que me recuperé vine a la capital a rehabilitarme, entonces le dije a mi pierna que con ella o sin ella yo iba a seguir avanzando. Me inscribí en el Colegio San Pablo en el Ensanche Espaillat, donde terminé el bachillerato. Luego, me inscribí en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) a estudiar Ciencias Políticas, pero no pude terminar la carrera por circunstancia de la vida. Después estudié una licenciatura en Derecho en la Universidad de la Tercera Edad, donde me gradué en 1994, y después de ahí he realizado una gran cantidad de cursos nacionales e internacionales, sobre todo en Políticas Sociales, con mayor énfasis en discapacidad.

6. Experiencia matrimonial
Mi esposa Hilda y yo tenemos 37 años de matrimonio y estamos muy felices de esta experiencia matrimonial. Ella es profesora, oriunda de Las Matas de Farfán, San Juan de la Maguana, nuestros hijos Federico Ernesto y Paloma Massiel son nuestros dos tesoros, dos talentosos profesionales, que son mi orgullo por trabajadores y consagrados que son a sus profesiones; y lo más importante, por su buen corazón y solidaridad entre ellos y con las comunidades. Tenemos también a Albida Idalia Martínez, nuestro tercer tesoro. Ella es la hermana menor de mi esposa, nos tocó a nosotros criarla y vivir esa experiencia de vida. Aunque no es nuestra hija biológica, la queremos y valoramos como tal. Tengo un nieto que se llama Noa Gael, hijo de Federico, estoy muy feliz con él; mi hija está casada pero aún no tiene hijos; Albida está embarazada de un niño”.

7. Amor al trabajo
Mi madre y mi padre fueron personas sumamente trabajadoras. De ellos aprendí que el trabajo dignifica al ser humano. De niño fui siempre un emprendedor,fui limpiabotas, vendí frío frío, recolecté café y frutas para venderlas, y usar parte de ese dinero para la merienda de la escuela. Una vez fui junto a mi entrañable amigo Feló a San Cristóbal a buscar trabajo. Tocamos puertas en farmacias y colmados, les decíamos a los dueños que buscábamos trabajo para poder venir a la ciudad a seguir estudiando. Desafortunadamente, ninguno de esos empresarios valoró nuestro deseos de trabajar, fue decepcionante. Luego, llegó la enfermedad, fue un proceso largo curarme, entonces mientras me rehabilitaba me hice sastre y trabajé en una fábrica de pantalones tirando costuras. Después de un tiempo puse mi propia sastrería, pero no duré mucho con ella, porque me robaron y eso me desequilibró. También trabajé en el Morgan, fue una experiencia muy desafiante. Tenía que reforzar el coraje y el arrojo; tenía que producir para poder ser independiente, para poder hacer crecer mi autoestima, y además, tenía que avanzar, porque como soy el primogénito, mis pasos serían siempre la inspiración de mis hermanos.

8. Satisfacción
Una experiencia gratificante fue haber contribuido a liberar a un nacional haitiano que había sido apresado injustamente acusado de hurto por un ingeniero que lo que pretendía era hacerle una maniobra para no pagarle las prestaciones como empleado. Me llena de orgullo cuando reviso mi trabajo de tesis y me doy cuenta de que gran parte de las conclusiones de esas investigaciones estaban conectadas con el proceso histórico de inclusión laboral de la persona con discapacidad y que muchas de esas conclusiones y recomendaciones tomaron vida, que muchas de ellas se han concretado en la sociedad; porque me había propuesto que no fuera simplemente una investigación para adquirir méritos académicos para que el Estado me diera una licencia, y sin proponérmelo terminé acumulando los más altos méritos académicos de mi graduación, porque la investigación fue muy bien valorada. Ese fue un momento muy feliz, tanto para mí como para mis padres y mi familia, que estaban sumamente contentos. Recuerdo que mi madre me dijo que ese era el momento más feliz que yo le había regalado.

9. El mejor consejo
El mejor consejo que recibí me lo dieron mis padres. Una vez mi mamá me visitó aquí en Santo Domingo, yo vivía cerca del Liceo Juan Pablo Duarte, ella me preguntó que cuánto pagábamos de casa, y entonces me hizo un comentario de esos llenos de sabiduría. Me dijo que el que paga alquiler nunca será propietario, porque uno paga hoy y ya mañana la debe, me habló del valor de tener una casa en una familia, que cuando se tiene, las demás cosas se pueden adquirir. Ese comentario me llegó al alma, y a partir de ahí, en poco tiempo adquirí mi primera casa. Eso se lo agradezco a mi madre”.

10. Logros y objetivos
Mi mayor logro está en la familia que fundé junto a mi esposa Hilda, criar a nuestros hijos, que me han regalado mi primer nieto. Después está mi compromiso permanente de mejorar como servidor comunitario. Mi afán es poder contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad y su familia; a que tengan un trato bien digno en base a sus derechos y de las riquezas de que son portadores. Mi objetivo es trabajar por su inclusión, nosotros estamos cambiando las bases, hay que cambiar el paradigma médico caritativo por el modelo social que cree en la persona, en la dignidad humana; entonces eso lleva toda una transformación en la infraestructura, pero primero en la actitud, en la planificación, en la asignación presupuestaria, desde una perspectiva de fortalecimiento permanente, a través de la creación y desarrollo de las unidades competentes para llevar a cabo las políticas inclusivas correspondientes”.

La inclusión de personas con discapacidad

“El CONADIS tiene la responsabilidad de coordinar los procesos de formulación y evaluación de las políticas necesarias para garantizar la inclusión plena de las personas con discapacidad, desde una perspectiva de derechos. Su origen está muy ligado al sueño del grupo fundador de la Asociación de Personas con Discapacidad Físico Motora, de donde se pensó en la primera iniciativa de desarrollar un proyecto de ley sobre los derechos de estas personas.

Este es un órgano esencialmente de políticas públicas, llamado a ser altamente técnico, que trabaja con reglamentos, reformas con los organismos internacionales como Naciones Unidos, ONU, OMS, con los protocolos, con las definiciones de grandes tareas que quedan en el país, como el caso de la valoración de la discapacidad, cómo debe hacer con el tema del acompañamiento de la sociedad civil para el desarrollo y fortalecimiento de la misma”.

Consideración
“Estoy casi seguro que a raíz de una de esas caídas de caballo me vino la lesión en una de mis piernas que me marcaría y me cambiaría la vida”.

Recuerdos
“Montar a caballo me deleitaba, y, aunque me caí en varias ocasiones, fue una de las aventuras más impresionantes que recuerdo de mi campo”.

Promesa
“Mis padres nos pidieron que nos mantuviéramos unidos, no solo el grupo de hermanos, sino también con los primos y tíos. Nosotros nos reunimos anual”.