¡Cuánto cinismo!

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    La presidencia de Barack Obama pasará a la historia como un período marcado por un fuerte liderazgo que combatió el terrorismo internacional y al mismo tiempo impulsó a Estados Unidos como un promotor de la paz, la convivencia pacífica y la defensa de valores fundamentales como la libertad y los derechos humanos.

    Accionó con músculo energético cuando lanzó la operación de liquidación de Osama Bin Laden, mostró una clara vocación para mantener solidarios vínculos con la tradicional aliada Unión Europea y fue paciente y sistemático hasta lograr el acuerdo con Irán para poner término al programa de armas nucleares. Él mismo lo dijo: sin tirar un tiro. En efecto, en el discurso de despedida, en política internacional incluyó el descongelamiento de la tirantez con Cuba y el acuerdo con Irán.

    La administración de Trump parece empeñada en sepultar ese legado, como hemos dicho. Frenó los avances en las relaciones con Cuba y acaba de mandar al zafacón de la historia el acuerdo con Irán.

    Ese cambio en la política exterior norteamericana introduce imponderables. La nueva relación con el estado de Israel, con el traslado de la embajada a Jerusalén como expresión concreta de su política, ya provocó una tragedia: más de cincuenta palestinos asesinados por el ejército israelí, en paralelo con la celebración de la mudanza y apertura de la sede diplomática.

    Es un mensaje horroroso. Con el agravante del justificativo norteamericano acerca de la causa de la masacre. Estados Unidos responsabilizó “directamente” al movimiento islamista palestino Hamás de la violencia por la inauguración de la embajada. Y argumentó después que Hamás provocó el desastre “intencionalmente”.

    El gran país toma partido abiertamente por una de las partes y obviamente pierde capacidad para mediar o ayudar en el conflicto palestino-israelí. Es comprensible el servicio previo de Israel al lanzar el ataque con misiles a Siria a supuestas posiciones iraníes.
    Ayer Estados Unidos recargó. Nikki Haley, la embajadora ante la ONU, dijo que Israel actuó con “moderación” en la represión claramente desproporcional de la protesta palestina.

    Todo esto en medio de un movimiento de gobernadores norteamericanos que piden el Premio Nobel de la Paz para Trump por sus gestiones de desnuclearización en la península coreana.

    ¡Cuánto cinismo!