A veces nos cuesta mucho

498

El ser humano nace, al parecer, predestinado para ciertas cosas.
Solo hay que observar y hacer un recuento del trayecto de vida de quienes nos rodean, de quienes han alcanzado la más avanzada edad y hasta de aquellos que ya se han ido.

Nacemos, y llevados por las dulces y firmes manos de nuestros padres vamos creciendo, casi de manera imperceptible a los ojos de papá y mamá, que por más tiempo que haya pasado, se niegan a vernos grandes.

Así, casi sin darnos cuenta, nos llega la hora de la escuela. Vamos haciendo amigos. Pasamos hasta ocho horas fuera de las paredes protectoras de nuestro hogar.

Con los años de escuela inician nuestras responsabilidades, tenemos que hacer tareas, sacar buenas calificaciones y pasar de curso.

Pasan los años y nos vamos sintiendo atraídos por algún oficio o profesión. Descubrimos nuestra vocación.

Poder alcanzar un título universitario o un diploma que nos faculta como aptos para ejercer ese oficio o profesión que nos apasiona, es nuestro primer gran logro.

Ahora es el tiempo para pensar en el amor, en la persona que nos acompañará en el trayecto de nuestras vidas, aquella con la cual veremos crecer a nuestros hijos.

Sin embargo, aunque este es un trayecto común para los seres humanos, cada vez es mayor la cantidad de personas para las cuales, este tipo de vida sencilla y considerada como “normal” a todo individuo, les resulta un carísimo anhelo cada vez más inalcanzable.

Quizás sea porque el tiempo se va de prisa, porque a veces dedicamos mucho tiempo a unas cosas, y le dejamos muy poco a las demás. Unos se concentran en la parte profesional y van postergando la parte sentimental, la paternidad. Otros prefieren hacer familia primero, pensando que su compañera o compañero le apoyará en el camino, pero luego las cargas económicas que supone sostener una familia dificultan el camino, y hacer una carrera, invertir en la parte educativa, se convierte en prioridad, pero ya no para sí, sino para los hijos. En realidad, sea por la razón que sea, aquello que para nuestros padres y abuelos era lo “normal’’, para esta generación se ha tornado en un ideal que pocos logran hacer realidad.