“Mi único orgullo es haber sido maestra”

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Eridania Mir está considerada como una de las principales artistas plásticas de la generación de 1950.
La profesora Eridania Mir es una de las fundadoras de la Escuela de Comunicación de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

Muchas de las aulas de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) conservan las huellas de doña Eridania Mir, y es que por más de 30 años impartió docencia en la casa de altos estudios.

Anque en la entrevista expresa que no tiene nada interesante que decir, la ex profesora y fundadora de la carrera de Comunicación de la UASD sí tiene mucho que contar, pues desde los 13 años dedicó su vida al magisterio, y como ella dice, es algo que lo lleva en sus genes “con mucho amor y orgullo”, lo que la convierte en un ejemplo a seguir en el arte de educar.

En sus años de juventud, tanto ella como su familia se vieron afectadas por la dictadura de Trujillo, sobre todo a partir del exilio de su hermano mayor, el poeta Pedro Mir, quien por
desavenencia con el régimen se enroló en la disidencia antitrujillista que militaba en Cuba, lo que marcó a todos sus hermanos, incluyéndola a ella. “Crecí sin miedo a opciones formativas, durante los 30 años de dictadura, aunque con una discreta reserva de mujer para ser yo misma”, recuerda doña Eridania, quien para evitar situaciones desagradables y respuestas inesperadas y peligrosas de parte del régimen hacia ella o su familia, decidió mantenerse en el anonimato y soslayar las exposiciones individuales.

“Ser hermana de Pedro, exiliado desde 1947, fue la causa de mi autoexclusión”, manifiesta doña Eridania, quien además narra que fueron años duros, en los que su temperamento se forjó en el silencio. Sin embargo, a pesar de las circunstancias, su refugio fue la UASD, donde realizó estudios de Filosofía y Letras y donde su creatividad fue puesta al servicio del diseño gráfico para convertirse en la primera mujer en enseñar esa disciplina en el recinto universitario.

1. Estudios
Estudié en una escuela rudimentaria rural que había en el Ingenio Caei, que solo llegaba hasta tercer curso, aunque para ese entonces el tercero era como un sexto grado. A mis 13 años tuve la oportunidad de asistir a la directora de la escuela, que tuvo que ausentarse por motivos de salud. Yo asistía a las clases por gusto, de manera que a mi corta edad comencé a dar clases y desde ahí no he podido parar. Han pasado 70 años y no he podido dejar de ser maestra, toda mi vida he sido profesora de maternal, de primaria, secundaria y en la universidad, donde impartí clases los últimos 30 años”.

2. Tiempos difíciles
En el tiempo de Trujillo era difícil desarrollarse intelectualmente. Mis hermanas no pudieron ir a la universidad porque había que sacar un certificado de buena conducta que, en ese entonces, lo entregaban en el Palacio de Justicia y era muy difícil de conseguir. Yo logré entrar a la universidad gracias a la ayuda de una vecina que mantenía una relación sentimental con un militar muy poderoso del régimen de Trujillo, nos hicimos amigas y por el gran afecto que ella me tenía me ayudó a conseguir el documento, y así pude inscribirme, pero lamentablemente mis hermanas no corrieron con la misma suerte y no consiguieron ese certificado”.

3. Pedro Mir
De Pedro puedo decir algo muy corto. Para mí los conocimientos que he cultivado, más que agradecerselo a los libros o a los maestros, los adquirís a través de mi hermano, porque él fue un gran conversador y en mi casa se acostumbraba a hacer una sobremesa y en ella tenían la palabra mi papá y Pedro, porque nuestra madre no permitía que nos levantáramos de la mesa hasta que ellos dos no se levantaran, de manera que obligatoriamente teníamos que oír esas cátedras, que eran interesantísimas. En la casa se hablaba de lo que se había hecho en el día, menos de temas políticos, porque como éramos tantas hembras, ocho en total, mi papá sentía miedo de que nos involucráramos en política, porque todos sabíamos lo que pasaba en el tiempo de Trujillo. Pedro, de cualquier bobería hacía una exposición maravillosa, venía con cualquier cuento de la calle y eso se convertía en el tema de la sobremesa. Siendo Pedro el mayor y yo la octava, lo recuerdo como un gigante, hablando tan lindo…”

4. Propulsora
Soy una de las fundadoras de la Escuela de Comunicación de la UASD, que en ese tiempo el director era Freddy Gastón Arce. Acababa de entrar a la universidad después de la muerte de Trujillo. Antes, no podíamos trabajar en ninguna parte, pero al morir Trujillo, Freddy, que era amigo de mi hermano Pedro y conocía de su exilio, me ayudó a entrar a trabajar a la UASD. Todo surgió luego de que vi un anuncio en un periódico donde buscaban un dibujante para la Facultad de Agronomía, fui a solicitar para el puesto, pero no encontré a nadie que me diera la información, fue entonces que me encontré con Freddy, que me preguntó que qué hacía ahí y le dije que venía en busca de ese trabajo, a lo que me él dijo que no, que yo iba a trabajar en la imprenta, porque estaban buscando una dibujante, ahí entré en 1962. Ahí desplegué mis deseos de trabajar en algo que tuviera mucho que ver con el arte, ahí me di gusto con las viñetas, con los diseños de portadas, y como Freddy tenía en mente crear la Escuela, me uní a él junto a Marcio Veloz Maggiolo, Rafael González Tirado, Molina Morillo, Carlos Curiel, entre otros profesores, y la fundamos. Yo impartía clases de Artes Gráficas para el diseño de periódicos y publicaciones. Ahí estuve toda la vida”.

5. Profesora
Mi experiencia como profesora se resume prácticamente en pocas palabras. A decir que tengo la satisfacción de haber sido profesora de periodistas como Osvaldo Santana, Marino Zapete, Silvio Herasme Peña, entre muchos otros que ahora mismo se me escapan de la memoria y que se han destacado, cada uno de ellos, en sus respectivas áreas y medios como radio, televisión, impresos… Cada vez que los veo me digo: ¡caramba!, qué lindo haber tenido la oportunidad de haber sido su profesora. Los veo y me digo a mí misma, mira donde están mis muchachos. Rafael González Tirado también fue de los profesores de la Escuela de Comunicación que se quedó por mucho tiempo siendo el director. Creo que él y yo somos de los sobreviviente”.

6. Exposiciones
Cuando me pensioné del trabajo de la imprenta fue que realicé mi primera exposición, y luego de ahí he participado en muchas colectivas. Mis pinturas representan la cara femenina, según mis vivencias en los bateyes y cañaverales donde crecí. En mi producción artística siempre está presente la imagen de campesinas, fundamentalmente mulatas tropicales que aparecen sobre un fondo de vegetación deslumbrante, muy parecida a los campos de caña que rodeaban mi niñez. Son mis rostros campesinos con un amarillo luz que da la caña, en donde además hay bodas, hay ternura, enojos, dudas, bellezas, rostros aparentemente deformados, pero con formas, con expresión hasta en las manos, esas manos que tienen que aparecer como analogía de vida, de hacer, de movimiento… En mi pintura hablo de la vida en los bateyes, de sus costumbres y angustias, es la vida vista desde todos los puntos”.

7. Gremialista
Fui vicepresidenta del Colegio de Artistas Plásticos (CODAP), junto a Elsa Núñez, donde hicimos una gran labor. En nuestra gestión nos enfocamos mucho por la parte social. Como sabíamos que muchos pintores habían muerto y ni siquiera se sabía dónde estaban sus tumbas, nos ocupamos de buscar un lugar para que sus restos descansaran. Como muchos pintores están muy ligados a la pobreza, recuerdo que mi padre me decía que yo había nacido con una vocación donde nunca se llega a ser rico, y me decía, además, que me fijara cómo murieron en la pobreza grandes pintores como Miguel Ángel. Así ha sucedido también aquí, muchos artistas han muerto en la pobreza. En el CODAP creamos una biblioteca, remozamos el sistema de trabajo y la cantidad de exposiciones. Tanto Elsa como yo nos sentimos muy satisfechas por el trabajo que realizamos”.

8. Todo por las artes
He sacrificado mi propia producción en aras de difundir el arte y lo hago con mucho orgullo. En 2004 fui directora nacional de las Artes Visuales en el Ministerio de Cultura, y a pesar de que estuve poco más de un año, mi contribución ayudó a su desarrollo en el país. Ya estoy pensionada de todo, pero como no puedo dejar de trabajar, porque es como un vicio, estoy de presidenta de la Fundación del Patrimonio Cultural de la Dirección General de Aduanas, desde donde estamos difundiendo el arte dominicano a través de una exposición itinerante, tanto a nivel nacional como internacional. Hemos llevado el arte a Nueva York, Bruselas, España, y pretendemos seguir con esa misión”.

9. Orgullo como docente
Mi mayor orgullo ha sido mi experiencia docente. Desde los 13 años he dedicado la vida al magisterio, y eso ha sido para mí lo más grande y lo más importante. Creo que moriré sintiéndome maestra, una cosa de la que no me puedo desentender absolutamente. El magisterio lo llevo en la sangre, todos mis hermanos fueron profesores, tenemos eso en los genes. Me siento orgullosa cada vez que veo a mis alumnos, profesionales destacados en los distintos medios de comunicación. Recuerdo a mis muchachos con mucho orgullo, con mucho cariño. No sé si eran ellos que se convertían en profesores y yo en alumna, pero teníamos una gran unión y me ayudaban tanto, siempre aportaban ideas, no puedo quejarme, nunca tuve ningún tipo de problemas”.

10. Víctima de estafa
Me estafaron con el cuadro al óleo Lucía. Fui contactada por teléfono por un señor que me dijo que era coleccionista y le interesaba adquirir una de mis obras. Él me dijo que poseía obras de Marianela Jiménez y Domingo Liz, que le interesaba la pintura de esa generación. La persona me llamó a mi casa varias veces y fue tanta su insistencia que lo recibí. Me dijo que venía de parte de Paula Gómez, que en ese entonces era directora del Museo Bellapart. Luego de que me visitó dos veces consecutivas a mi casa, el hombre logró convencerme de que le vendiera dos de mis cuadros y me pagó con un cheque falso. Me extrañó mucho que cogiera los cuadros y los entrara en una funda negra de esas de basura que sacó de uno de sus bolsillos y se los llevara ahí dentro. En eso llegó un sobrino mío y le comenté que acabada de vender un cuadro y le enseñé el cheque, fue entonces cuando mi sobrino me dijo que el cheque era falso, que me habían estafado. Lo denunciamos y ahí supimos que también les habían hecho eso a varias personas, pero parece que después que lo denunciamos el tipo paró de hacer eso, porque no hemos sabido que lo hayan atrapado. Él se llevó ese cuadro, pero como tengo por costumbre que cuando voy a pintar hago muchos bocetos del mismo trabajo, y a veces hasta los repito, entonces lo que hice fue que repetí el cuadro, que ahora se llama “El Cuadro Robado”, y eso parece que no le ha permitido al estafador sacarlo al aire”.

Hermosos recuerdos de la infancia

“Soy la octava hija de una prole de diez hermanos, ocho hembras y dos varones, los cuales, por razones políticas, tuvieron que partir al exilio. Mi papá se llamaba Pedro Mir Burgal, era ingeniero mecánico y vino al país traído desde Cuba por Don Juan Vicini, que lo había contratado para que trabajara como técnico en los ingenios de la familia Vicini. Mi padre ya había procreado a Pedro y a Lilliam Mir, de su primer matrimonio. Luego de que mi padre enviudó se casó con mi madre América Mendoza, que era de origen puertorriqueño, con la cual procreó ocho hijas”.

“Tengo hermosos recuerdos de mi infancia, la cual transcurrió en el Ingenio Caei, entre cañaverales e ingenios azucareros. Donde el paisaje lo conformaban las plantas de caña de azúcar, el ceñido bosque, las montañas y la vida serena de sus moradores”.

“Aún recuerdo el olor de la caña de azúcar, la zafra… ahí pasé una infancia muy bonita, sana, linda en el campo. Toda mi vida transcurrió en una vida muy bucólica, la cual reflejo mucho en mis pinturas. La presencia de la caña aparece mucho en todos mis trabajos artísticos”.

Personalidad
He transitado en la producción visual por más de medio siglo manteniendo una actitud discreta y reservada, personalidad sin estridencias y lejos de lauros que se desdobla entre la pintura y las artes gráficas”.

Trabajos
Todos mis cuadros obedecen a impresiones aprendidas durante mi niñez y posterior adolescencia en los ingenios azucareros”.

Afirmación
Creo que he hecho un sacrificio de mi vocación como pintora en aras de difundir el arte de todos los dominicanos, y lo hago con mucho orgullo”.