Un sacudimiento de efecto telúrico

La preservación del Partido Reformista Social Cristiano como opción electoral, al igual que la de otros grupos, es fundamental para el necesario contrapeso que tanto le urge al ambiente político. Pero el salvamento de esa organización opositora no será posible bajo los procedimientos tradicionales de la ortodoxia partidaria como se pretende. Será necesario allí un sacudimiento de efectos telúricos, que estremezca de arriba abajo al partido que sustentó los gobiernos de Joaquín Balaguer, su líder y fundador.

La elección de una nueva directiva resultante de un acuerdo de compromiso entre los grupos que la han estado dirigiendo desde la muerte del viejo caudillo reformista sería una sentencia definitiva de muerte y la desaparición en el corto plazo del partido como alternativa de poder. Es imprescindible que los jóvenes empujen y sus cuadros medios reclamen los espacios que les pertenecen, a fin de que el Reformista comience a recuperar el lugar que le correspondería ocupar en los inciertos escenarios que el deterioro de la actividad partidaria parece ir señalando.

En una convención a la usanza tradicional, los grupos con capacidad redentora dentro del reformismo no tendrían posibilidad de alcanzar esos espacios. Si poseen el valor para alcanzarlos tendrán necesariamente que tomarlos a su manera y provocar allí los cambios que exigen la crisis interna. Si aceptan entrar en el juego impuesto por unos estatutos que no les ofrecen oportunidades de escalar posiciones por sus méritos, estarán perdidos de antemano y renunciando a la posibilidad de rescatar por lo que han luchado sin compensación alguna.

Si la joven dirigencia reformista quiere realmente cambios no puede esperar que la vieja y anquilosada dirección los tome por ellos. No tienen a su favor el tiempo y mucho menos las reglas del juego. Sólo les queda el recurso de imponerlas.

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