“La dirección es un oficio apasionante”

Actores “No hay actores de cine y actores de teatro. Hay actores. Las mejores actuaciones del cine dominicano las realizan los actores de formación”.
Manuel Chapuseaux, actor y director de teatro, asegura que no cambiaría por nada en el mundo la carrera que eligió, la que afirma le ha permitido vivir una vida interesante

Su contacto con el arte escénico se dio muy joven, cuando comenzó a hacer teatro en el Teatro Estudiantil que funcionaba en el colegio De La Salle y que dirigía el venezolano Rómulo Rivas, un talentoso director que contribuyó a la formación de muchos actores y algunos directores.

El ejemplo que recibió de Rivas y la confianza de asumir su rol, cuando éste debió regresar a su natal Venezuela, representaron el inicio de una carrera de más de cuatro décadas.

Un tiempo del cual se siente orgulloso y que no cambiaría por nada en este mundo. Sin dudas, tal y como él mismo lo afirma: “Una de las mejores decisiones de mi vida”.

1. De mudanza en mudanza
Nací en Santo Domingo, en el año 1954. Tengo cuatro hermanas de padre y madre, y un hermano y una hermana de padre. Mi padre se llamaba Helio Chapuseaux, y mi madre, que está viva por suerte, se llama Dione Cruz. Vivimos la vida normal de una familia clase media baja. Era una familia modesta. Mi infancia se caracterizó porque nos mudábamos mucho. No viví en la misma casa más de dos o tres años. En Santo Domingo, durante mis primeros años, vivimos como en cuatro o cinco casas diferentes. Luego, nos fuimos a Hato Mayor, porque mi papá era abogado y fue nombrado como juez de paz, en Hato Mayor. Por esa misma razón nos fuimos a vivir a Puerto Plata, y aún allá, donde vivimos siete años, vivimos en tres o cuatro casas diferentes. Es decir, que mi infancia y mi adolescencia estuvieron signadas por el cambio de vivienda. Es decir, que estuve en Puerto Plata en la etapa de la adolescencia, que es cuando uno hace sus amistades y cultiva las relaciones. Por eso digo que soy puertoplateño.

2. Arte
Me inscribí en la Escuela de Arte Escénico, de Bellas Artes. Luego, pasé a formar parte del Teatro Estudiantil, que funcionaba en el Colegio De La Salle, con Rómulo Rivas como director, un teatrista venezolano que vivió aquí durante muchos años, y que formó a mucha gente. Rivas dejó una huella muy importante en el teatro dominicano. En ese grupo de teatro, digamos que adquirí mi formación básica como teatrista. A principios de los años 70, regreso a la capital a inscribirme en la universidad a estudiar Arquitectura. Hice varios semestres de esa carrera, pero ya yo me había enamorado del teatro, ya me había inscrito en la escuela de teatro. Hasta que llegó un momento en el cual decidí que eso era lo que yo iba a hacer en mi vida. Dejé la carrera de Arquitectura y me dediqué a esto definitivamente.

3. Vocación
Siempre me había gustado el teatro. Desde la escuela secundaria, en Puerto Plata, organizábamos presentaciones, obras de teatro que nosotros mismos las hacíamos. Es decir, que siempre fue una pasión. Lo que nunca pensé, digamos hasta ese momento, es que lo que era una pasión se presentaría como una carrera, y llegó el momento en que seguí el ejemplo de ese formador que se llamo Rómulo Rivas, que era un profesional del teatro, que vivía de eso exclusivamente. Esa era su vida. Entonces, yo, siguiendo su ejemplo, me dije que se podía vivir del teatro, y me decidí a dedicarme al teatro, así lo hice, y hasta hoy no me arrepiento.

4. En el escenario
Desde el debut y hasta la fecha, cada vez que subo al escenario siento lo que siente todo actor, nervios, y al mismo tiempo emoción y placer. Eso es lo que se siente cuando uno se enfrenta con el público y esa sensación no se pierde con el tiempo. Esa sensación de ansiedad, pero al mismo tiempo de placer, se mantiene y debe mantenerse, porque sino, significa que uno perdió el respeto. Desde el primer momento, desde la primera obra en que yo actué, esa es la sensación que yo he tenido.

5. El apoyo
Desde muy pequeño, mi familia me impulsó a que yo explorara diversas ramas del arte. Eso tengo que agradecérselo, tanto a mi padre como a mi madre. Recuerdo que muy pequeño, en Puerto Plata, me pusieron en clases de piano y desde que regresamos a la capital se interesaron porque yo fuera a Bellas Artes. Quizás ellos no lo veían como una carrera, esa no era su idea. Su idea era que yo explorara, pero les agradezco el hecho, porque no todas las familias se interesan porque sus hijos exploren ramas del arte, sobre todo en esa época, quizás ahora es más común, pero no en esa época. Ellos se preocuparon porque yo tuviera contacto con el arte; primero, con la música, luego con el teatro, pero cuando decidí que esta iba a ser mi carrera, hubo ciertos conflictos con la familia, porque esto no lo veían como una carrera, pero yo me impuse y fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, aparte de la decisión de casarme con mi esposa.

6. La dirección
Comencé a incursionar en la dirección cuando Rómulo Rivas, que fue mi primer maestro, tuvo que regresar a su país, Venezuela. Entonces, nosotros nos quedamos sin director y yo asumí la tarea. A partir de ahí, he llegado al punto que puedo decir que prefiero ser director a ser actor. Quizás porque digamos que el director es más artista en su totalidad, porque es el responsable del conjunto de la obra, de todo lo que se presenta en el escenario, mientras que el actor solo es responsable de su papel en la obra. La dirección estimula a tener más amplitud creativa, te exige más, desde el punto de vista de la investigación, y he descubierto que me gusta más, y el gusto es una cosa que no la puedes explicar. La mayor satisfacción para un director es cuando presenta una obra y el público la recibe bien. Y en ese sentido, yo he tenido suerte, porque la mayoría de mis obras han sido bien recibidas por el público. Esa es la mayor satisfacción, para mí, por lo menos. Esa reacción de satisfacción y de entusiasmo ante lo que les presentas…

7. El más chévere del mundo
Yo soy el director más chévere del mundo. Nunca le he echado un boche a nadie, les doy plena libertad a los actores de que desarrollen su trabajo. Siempre orientándolos dentro de los lineamientos generales, pero soy una persona que me llevo muy bien con mis actores, y todos, hasta ahora, se manifiestan muy satisfechos. Yo no soy de estos cascarrabias, que los hay, y no es que eso sea malo, es que esa es su forma, pero en el caso mío no es así. A un director lo hace bueno el talento, la creatividad y la formación. Es muy importante la formación, en sentido general, tanto en la actuación como en la dirección. Hay mucha gente que piensa que se puede hacer por simple espontaneidad y no es así. Son oficios que requieren mucha técnica, mucha formación. O sea, que es un factor muy importante.

8. Un reto
Una obra que no ha sido muy fácil de montar es la obra que al momento de esta conversación estamos montando, y que se titula Esperando a Godot, una obra bastante trabajosa, porque es un texto intenso de una clásica, de pocos actores y realmente he tenido que emplear mucho tiempo en eso, pero es un proceso muy satisfactorio y placentero. Ha ido quedando tal y como nosotros queremos que quede. Ese es un ejemplo de una obra que me ha resultado particularmente trabajosa. Lo que más me gusta, lo que prefiero, es dirigir, y en ese rol me gustaría poner en escena algunas obras que aún no he trabajado, una de ellas es esta obra Esperando a Godot. Era una obra que hacía años que quería poner en escena y se me ha dado la oportunidad. Hay muchas obras que me gustaría poner en escena, por ejemplo, alguna de García Lorca, alguna obra de Beltorl Brecht, porque yo dirigí una con la Compañía Nacional de Teatro, pero me encantaría hacer más obras de él.

9. Teatro para niños
Yo he hecho teatro, más para niños, que teatro con niños. El público infantil es difícil en un sentido, porque es muy sincero. El público infantil reacciona de la manera más espontánea del mundo, lo muestra si le aburrió. Entonces en ese sentido me gusta el público infantil, porque es sincero, expresa lo que siente. He hecho teatro infantil y han sido obras que han sido bien recibidas por ese público tan exigente. Hay gente que tiene talento natural y pienso que estudiar actuación no es imprescindible, pero sí es muy recomendable, porque por más talento que tengas, hay problemas que si se te llegan a presentar, si tienes formación y técnica, los vas a saber afrontar mejor, los vas a poder resolver mejor que si tú solamente trabajas por espontaneidad. Aparte de que el talento y la espontaneidad juntas no son muy comunes. Hay personas que los tienen, pero eso no es todo el mundo, mientras que la técnica y la formación sí pueden hacer que un actor que no sea el más talentoso del mundo pueda funcionar bien en escena, si tiene una buena formación y una buena técnica.

10. La mejor decisión
Siempre digo que la mejor decisión de mi vida fue haberme casado con mi esposa, Nives Santana. Ella y yo nos conocimos en Bellas Artes, porque ella también es actriz. Nos conocimos en la escuela de teatro y hemos trabajado juntos durante 40 años. Ella ha participado en casi todas las obras que hicimos. De manera que ha sido una unión tanto personal como profesional. De verdad, si me preguntaran cuál es la mejor decisión que he tomado en mi vida, yo diría que esa. Tenemos un hijo y una nieta. Llevamos 38 años de casados.

Del respaldo y de los actores

“Aquí se hace teatro, muy bueno, bueno, regular, malo y muy malo. Ahora existe un público de teatro. Hay gente a la que le gusta el teatro, que se interesa por la cartelera para saber qué obra irá a ver. Ya eso existe, cosa que hace 10 años no existía. La dirección es un oficio apasionante, en el que no hay un solo día que sea aburrido. Eso es lo mejor que tiene. Y lo malo es que la materia prima con la que tú trabajas son seres humanos, que no hay forma de tú poder predecir al cien por ciento lo que van a hacer, porque no son máquinas ni robots; entonces, siempre, una presentación es hasta cierto punto, un grado de incertidumbre, porque las presentaciones teatrales nunca quedan idénticas todos los días. Cada día hay pequeñas variaciones y eso es lo que al final crea más ansiedad, el hecho de que tú sabes que a la hora que eso se está presentando, ahí tú no tienes el control, sino que ya todo queda en manos de los actores y del público. No es como en el cine, por ejemplo, donde el director hasta que no logra lo que quiere puede estar filmando una sola escenita el día entero. En caso del teatro es en vivo. Después que la obra se está desarrollando, yo no puedo intervenir. Eso es lo malo, es lo que pone más ansiedad y presión. Llevo dedicado a la dirección y a la actuación más de 40 años, tengo que agradecer que este oficio, que no lo cambiaría por nada en el mundo, me ha dado una vida interesante. Si me dieran a elegir, elegiría otra vez esta carrera, pero la elijo antes, porque es una maravilla, es una carrera que te da tantas satisfacciones, tantas emociones, que no la cambiaría por nada. Eso es lo que más le agradezco a este oficio”.

Cine
“El cine dominicano cada día realiza películas más serias, interesantes, películas que ya están destacándose en festivales internacionales”.

Experiencia
“Incursionar en el cine como actor ha sido para mí una experiencia de mucho aprendizaje, pero no he pensado incursionar como director”.

Actores
“No hay actores de cine y actores de teatro. Hay actores. Las mejores actuaciones del cine dominicano las realizan los actores de formación”.