Cuestionan eutanasia de enfermos mentales

Adriana Geerts observa documentos relacionados con la muerte de su hermana Cornelia, que padecía trastornos mentales, mediante una eutanasia en Gante, Bélgica, el 25 de junio del 2017. Si bien la eutanasia es legal en Bélgica, han surgido cuestionamientos sobre su aplicación a los pacientes mentales. (AP)

GANTE, Bélgica (AP) — Cansada de trastornos mentales que le hacían la vida imposible desde hacía años, Cornelia Geerts tenía tantos deseos de morir que le pidió a un psiquiatra amigo que la matase.

Su hermana pensó que Geerts tal vez no estaba en su sano juicio. Tomaba más de 20 pastillas diariamente, incluidos antidepresivos, un opioide, un sedante y dos medicinas empleadas a menudo para tratar esquizofrenias y trastornos bipolares.

De todos modos, un año después, el 7 de octubre del 2014, Geerts recibió una dosis letal de drogas de su médico.

“Sé que es lo que quería Cornelia, pero le dije a la psiquiatra que era una lástima que alguien que había estado recibiendo tratamiento por años pueda pasar del otro lado con una simple inyección”, expresó la hermana, Adriana Geerts, quien opina que la sociedad debería poner más empeño en tratar de acomodar a las personas con problemas mentales.

Casos como el de Geerts revelan lo difuso que puede ser el límite entre la libertad individual y la protección de los pacientes vulnerables que consideran la eutanasia.

Según documentos confidenciales obtenidos por la Associated Press, este tipo de casos ha generado un duro enfrentamiento entre médicos que practican la eutanasia, que hace pensar que se pueden haber saltado algunos requisitos legales, aunque sin que esto quiera decir que hubo irregularidades en la muerte de los pacientes.

Además de Bélgica, la eutanasia es legal también en Canadá, Colombia, Luxemburgo y Holanda. Solo Bélgica y Holanda permiten que abarque a los pacientes con trastornos mentales. En la mayoría de los casos, la eutanasia involucra a pacientes con enfermedades terminales, como el cáncer, que tienen solo semanas de vida.

“Siempre lamenté que no hayamos podido hacer algo más”, expresó Lieve Thienpont, una de las psiquiatras que avaló la muerte de Geerts. “Al mismo tiempo, soy parte del alivio del paciente”.

Como muchos en Bélgica, Thienpont opina que cuando la medicina moderna no puede aliviar el dolor, se puede considerar la eutanasia, en la que los médicos matan al paciente. Pero Thienpont parece más inclinada que la mayoría a aprobar la eutanasia, según algunos colegas.

En base a cifras que ella misma ha publicado, algunos médicos creen que Thienpont y los colegas de su clínica pueden haber sido responsables del 40% de las muertes por eutanasia de pacientes psiquiátricos en Bélgica entre el 2007 y el 2011. De las aproximadamente 2.000 eutanasias que se llevan a cabo cada año, unas 40 involucran a pacientes con trastornos mentales.

La forma en que maneja el papeleo de estos casos generó un enfrentamiento con Wim Distelmans, presidente de la comisión de revisión de eutanasias de Bélgica.

Correspondencia interna obtenida por la AP indica que Distelmans y varios colegas se quejaron de que estaban siendo usados para aprobar automáticamente las eutanasias de los pacientes de Thienpont.

Las leyes belgas estipulan que la gente que busca una eutanasia por razones psiquiátricas tiene que consultar a al menos dos médicos adicionales. Estos no tienen que estar de acuerdo, el requisito es que se consigan evaluaciones objetivas.

“Encontramos que varias veces usted había prometido cosas a los pacientes que nos enviaron”, escribieron Distelmans y sus colegas, quienes consideraron que esas “promesas” conspiran contra sus esfuerzos por evaluar a los pacientes y decidir si se justifica la eutanasia.

“Queremos tomar distancia de esta forma de hacer las cosas”, señaló Distelmans, agregando que no recibiría más pacientes de Thienpont.

La psiquiatra afirma que la carta cuestiona la forma en que los pacientes son enviados a la comisión, no la forma en que ella y sus colegas practican la eutanasia. Agregó que a veces los pacientes no describen los hechos como son.

“Son pacientes desesperados, estresados”, expresó. “Dicen cosas que no siempre son ciertas”.

Algunos expertos opinan que la disputa entre Thienpont y Distelmans plantea interrogantes sobre la eutanasia en Bélgica, sobre todo porque la comisión que debería intervenir no la hizo pública.

“Eso hace pensar que ha habido algunos casos de eutanasia en los que no se cumplieron todos los requisitos legales”, afirmó Penney Lewis, codirector del Centro de Leyes y Ética Médica del King’s College de Londres. “El que todo esto se dé a puertas cerradas es bastante preocupante”.

Distelmans no respondió a distintos pedidos de entrevista.

Expertos en trastornos mentales dicen que encontrar un equilibrio entre la eutanasia y la naturaleza transitoria de muchas enfermedades mentales es extremadamente difícil.

“Estoy convencido de que en Bélgica murió gente cuando todavía había tratamientos posibles y alguna posibilidad de una buena calidad de vida por años, si no décadas”, declaró Joris Vandenberghe, psiquiatra de la Universidad de Leuven, que prepara nuevas guías para la eutanasia para la Asociación Psiquiátrica Flamenca.

Adriana Geerts cree que los médicos pudieron haber hecho más por su hermana.

“Si hubiesen tratado de ayudar o propuesto otras cosas, ella tal vez habría pensado que había otras soluciones”, se lamentó Adriana, quien acompañó a su hermana a la clínica donde se le practicó la eutanasia a pesar de sus dudas.

“Ojalá hubiese habido otro camino”, acotó.