“Siempre se encuentra tiempo para hacer lo que a uno le gusta ”

Recuerda que la escuela dominicana de la época era muy medida, muy frenada. Juan Tomás Valenzuela

Ciriaco Landolfi narra cómo desarrolló su carrera diplomática, ejerció la docencia universitaria y se convirtió en autor de libros de historia y cultura

Ciriaco Landolfi Rodríguez es un diplomático, catedrático universitario y escritor a quien el paso de los años no le ha robado la lucidez, alegría, jovialidad y sentido del humor.

A lo largo de su existencia, como conferencista o como docente, ha compartido en las aulas universitarias sus conocimientos sobre diversos temas, entre los que destacan la cultura y la historia dominicana.

Como diplomático ejerció las funciones de cónsul general en Cuba, Ecuador, Panamá y Colombia y de embajador en Brasil.

Su carrera diplomática le sirvió de apoyo para reforzar su preparación académica, la cual avalan sus tres décadas como docente de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Afanoso investigador de la cultura criolla y de la historia nacional, no solo basado en los hechos trascendentales, sino en la vida y legado de sus protagonistas, entregó a la literatura dominicana varias obras de interés social y cultural.

En el amor, se define como un hombre muy afortunado, que fue muy bien amado y que supo corresponder al cariño que le fue profesado.

Sin embargo, por casi medio siglo, en su jardín del amor solo reina una flor, su compañera de vida, su apoyo e impulso para seguir adelante aun en medio de las peores adversidades.

1. En el siglo pasado
Nací en el siglo pasado, ya tengo muchísimos años, pero mantengo el espíritu alegre. Nací en Santo Domingo el día 27 de diciembre, pero no te voy a decir el año. Mis padres eran encantadores. Él se llamaba Humberto Landolfi y mi madre se llamaba Carolina Rodríguez. Éramos cuatro hermanos, Carmen, Antonia, Altagracia de Jesús y yo. Solo quedamos Altagracia y yo. Mis padres también nacieron aquí en Santo Domingo. Ya voy a cumplir 90 años.

2. Tranquilo
Yo era un muchacho tranquilo, porque si me ponía a inventar y fuñir me llamaban y me sentaban en una silla. Ese era el peor castigo, pero en realidad eso era disciplina. Vivíamos frente a la Iglesia Regina Angelorum y cuando vino el ciclón de San Zenón, le llevó el techo a la casa, entonces pasamos con nuestras cosas a la iglesia.

3. Bellas personas
Mis padres eran las mejores personas del mundo. Para mí eran dos seres humanos extraordinarios. Mi padre vivió menos, murió de 70 y pico de años y mi mamá de 80 y pico.

4. Escuela Dominicana
Realicé todos mis estudios en Santo Domingo, y después que salí como diplomático realicé estudios en la Escuela Diplomática. Recuerdo que la escuela dominicana de la época era muy medida, muy frenada. Imagínate, era la Era de Trujillo. Estudié Derecho. La era de Trujillo tuvo sus cosas buenas, yo salía a caminar por el país y siempre que lo hacía, lo encontraba como acabado de bañar. Limpio, muy limpio.

5. Docente
Fui profesor de La Normal, profesor en la UASD durante 30 años. En la UASD impartía Historia de la Cultura Dominicana. Después fui investigador de la universidad. Entré a la UASD antes del Movimiento Renovador. Tuve el honor de tener alumnos brillantes y que en su desempeño profesional siguen siendo brillantes. Me alegra y me honra que ellos me recuerden.

6. Academias
Pertenezco a la Academia Dominicana de la Historia, a la Academia Dominicana de la Lengua y a la Academia Dominicana de Ciencias, y a otras academias internacionales. Han sido muy generosos conmigo. Pertenezco a la Academia Dominicana de la Lengua Española por ser especialista en el idioma Español, a la Academia de la Historia por ser historiador y a la Academia de Ciencias, porque formo parte de la Comisión de Ciencias Sociales de esa institución. Esa es una gran distinción. Pertenecer a las tres academias me llena de orgullo.

7. Diplomático
Mi carrera diplomática inició en La Habana, Cuba; después en Ecuador, Panamá, Colombia y finalmente como embajador en Brasil. Aquí en el país fui embajador, Encargado de Asuntos Haitianos, Encargado de Asuntos de Derechos Humanos. Fui a Ginebra a defender los derechos humanos del país. Yo era el encargado de ir a defender la conducta del Gobierno y del Estado dominicano. Aquí se ha hablado muchas tonterías, pero el Gobierno dominicano que yo conocí y al que serví, nunca se equivocó en esa materia. Aquí se han respetado los derechos humanos siempre, que yo recuerde. El Gobierno dominicano tuvo muchos enemigos antes y después de Trujillo. En el servicio diplomático comencé como cónsul general en La Habana, tenía unos 24 años. Siempre he tenido una suerte loca, excepcional, no sé cómo pagarle a papá Dios todo lo que ha hecho por mí. Siempre me daban trabajo, me llamaban para trabajar, siempre estaba de un lado a otro. Por eso, cuando los años comenzaron a pasar y con ellos bajaron mis actividades, lo primero que se me ocurrió para matar mi ocio fue pintar. He pintado muchos cuadros de distintas temáticas y también he realizado varias exposiciones con mis obras.

8. Irrelevante
La edad es algo que no me preocupa. Es algo irrelevante. Yo he sido viejo siempre, porque siempre he estado interesado en las cosas de la gente mayor y en estar cerca de la gente mayor. Siempre me levantaba de madrugada a escribir. He recibido reconocimientos como la Gran Cruz Placa de Plata, distinción que otorga el Gobierno dominicano. He sido reconocido en el extranjero.

9. La última flor
Yo me casé muy joven con una cubana, con ella tuve un hijo, que vive en Estados Unidos; después, de un segundo matrimonio tuve dos hijos, pero luego nos separamos. Me enamoré de mi actual esposa, Flor María Urbáez y Urbáez, desde que la vi. Vamos a tener 50 años de casados, tenemos dos hijos. Soy un hombre muy amoroso. Ese es mi título más sabroso. El día que conocí a Flor, recuerdo que ella llegó al aula, yo era el profesor, y cuando ella llegó ya el aula estaba llena. Cuando la vi, me impresioné y me dije: “Esa va a ser mi esposa”. Todavía es una belleza de mujer. Lo que ella no dice es que yo también le causé una grata impresión. En ese tiempo yo estaba soltero, andaba de pirata, era un pica flor, y ya vez, ella es la última flor. Yo he sido feliz. Flor tiene un temperamento maravilloso. Ella me estimuló a seguir mi carrera diplomática, la cual estaba inconclusa. Ella fue un soporte para que yo desarrollara todo mi potencial como diplomático y escritor. Yo he sido feliz, pero esa felicidad no me la he proporcionado yo, papá Dios ha intervenido en ella.

10. Un llorón
Yo soy un llorón. Cualquier pendejada me conturba, sobre todo las cosas que le ocurren a la familia y las calamidades que padecen las comunidades ante el paso de algún fenómeno natural. Me siento ofendido con la naturaleza, quizás sea una majadería de hombre viejo.

Hay que buscar una alternativa

“Mi familia es el mayor tesoro que poseo. Me siento feliz de la vida que he tenido, tanto profesional como personalmente. Con el paso del tiempo te das cuenta que la vida tiene una continuidad excepcional. La memoria es la maestra de toda disciplina. Recuerdo que en la universidad siempre me buscaban para impartir conferencias de cualquier tema. Siempre me consideraban en capacidad para exponer y disertar cualquier tema. Además, yo nunca he regateado mis conocimientos. Siempre se encuentra tiempo para hacer lo que a uno le gusta y uno quiere. Así es que cuando los años no me permitieron seguir con mi ritmo de vida habitual, encontré otra forma de seguir viviendo feliz.

Sentimental
“Yo soy un llorón. Cualquier pendejada me conturba, sobre todo las cosas que le ocurren a la familia y las calamidades que padecen las comunidades”.

Académico
“Pertenezco a la Academia Dominicana de la Historia, a la Academia Dominicana de la Lengua y a la Academia Dominicana de Ciencias”.

Ciriaco Landofi junto a su nieta Carolina, uno de sus grandes amores.