Félix Benítez Rexach – 12

José Antonio Caro álvarez, 1961. Secretario de Obras Públicas. Archivo OGM

La saga de Rexach es larga, pero esta Página piensa terminar en dos o tres semanas.

Mientras tanto, reproducimos una carta que le escribiera el ingeniero José Antonio Caro el 23 de febrero de 1969 al señor Benítez, que se explica por sí misma. Sí es necesario destacar que el artículo del licenciado García Aybar, publicado en el Listín el 20 de febrero se titulaba “¿Austeridad?” y se refería a lo absurdo que parecía que el gobierno del momento, el doctor Balaguer, invirtiera dinero en la compra de varias de las propiedades que le habían sido devueltas a Rexach. Ese señor contestó a García Aybar, y en su contestación mencionó al ingeniero Caro, motivo de la carta de este último que se reproduce a continuación.

UN COMENTARIO DE CARO
ÁLVAREZ

Santo Domingo, RD,
Febrero 23, 1969

Estimado señor Director;
En relación con una carta publicada en ese diario, suscrita por el conocido hombre de negocios norteamericano, señor Félix Benítez Rexach, contestando los términos del interesantísimo y justo artículo del distinguido periodista dominicano Lic. José E. Garcia Aybar, pláceme aclarar lo que a continuación se expresa, puesto que mi nombre fue mencionado en relación con al “affaire” del Yuna—Barracote.

Siendo yo Secretario de Obras Públicas y Comunicaciones en el año de 1961, recibí en esa Secretaría un oficio de la Secretaría de la Presidencia participando que el Gobierno Dominicano había firmado un contrato con el Ing. Félix Benítez Rexach para el dragado, limpieza y canalización del río Yuna y que se le había dado instrucciones al Director del Servicio de Economía y Coordinación de Gastos del Estado para que le avanzara la suma de $200,000.00 a dicho señor.

Anexo a la carta había un Contrato pero no había ni planos, ni especificaciones ni presupuesto detallado, necesarios no solamente para que los ingenieros de Obras Públicas pudieran fiscalizar la obra sino también para averiguar si el precio cobrado era justo.

El Contrato había sido enviado a las Cámaras porque contenía cláusulas de exoneración de materiales.

Requerí, a instancias de mis técnicos, al señor Benítez el envío de los documentos y nunca los envió. Un día se apareció el lng. Haim López Penha, al servicio del contratista, con un mapa de la República en el cual había unas líneas en lápiz trazadas, según él, indicando en qué sitio iba el canal. También una perspectiva de un barco saliendo de un muelle. Me callo la reacción de los Ingenieros de Obras Públicas.

Mientras estas cosas pasaban, mataron a Trujillo.

No es necesario decir que las cosas cambiaron en el país. Las condiciones económicas se tornaron precarias.

El Presidente Balaguer convoca a su despacho a los Secretarios de Estado de Agricultura, de Economía y de Obras Públicas y les solicitó que estudiaran el contrato del dragado y canalización del Yuna y que le rindieran un informe.

Asistidos de los técnicos de las diferentes Secretarías y de la Consultoría Jurídica del Palacio, se estudiaron todos los aspectos del asunto. El resultado final fue que no valía la pena continuar esos trabajos y que no debían haber sido comenzados, por las siguientes razones:

a) Que las compañías extranjeras Lock Joint Pipe, Reynolds y la Smith & Hills, así como los ingenieros de Agriculture y Obras Públicas, habían estudiado repetidas y exhaustivamente el Yuna.
b) Que la opinión continuamente expresada por todos era que no debía ni dragarse ni canalizarse el Yuna si no se hacían los trabajos necesarios para contener las aguas en las épocas de creciente. Esos trabajos consistían en diques, compuertas de distribución de las aguas, canales etc. El monto total del trabajo ascendía a no menos $40,000.000.00.

Las tierras recuperables no ascenderían, según cálculos de la Secretaría de Agricultura, a más de 320,000 tareas. El precio de cada tarea resultaba exorbitante. Solamente Holanda podía darse el lujo de hacer esos gastos pero no la República Dominicana en donde sobran tierras aptas para un cultivo inmediato.

c) Las crecientes de hace pocos días y las pérdidas sufridas justificaron ampliamente los temores de los ingenieros.

El señor Benítez Rexach había firmado su contrato el día 9 de abril de 1961, el Gobierno decidió suspender las obras el 18 de junio del mismo año, prácticamente dos meses después de comenzados los trabajos.

El contrato No. 33 del señor Benítez era por $4,700,000.00; la estimación de los gastos por esos dos meses y ciertos gastos que se le reconocieron fuera del contrato, creo que llegó a $400,000.00. Ya yo no era Secretario de Obras Públicas cuando se terminó la apreciación pues no se pudo hacer una cubicación pues las oficinas de Obras Públicas nunca tuvieron los documentos necesarios para tal fin.

La litis que siguió y las reclamaciones del señor Benítez se escapan a mi conocimiento pero la Secretaría de Obras Públicas es la indicada a informar al público todo lo referente a este asunto en el cual están envueltas fuertes sumas del “pagano pueblo”.
Atentamente le saluda, señor director,
José A. Caro Álvarez.