“Aspiro a que sigamos creciendo en calidad y modernismo”

“Creo que la tradición, el buen nombre, cultivado durante muchos años, y la buena compañía de los últimos años, son las bases del éxito de este centro educativo”.

Rafael Rodríguez es ingeniero mecánico, pero ha concentrado sus esfuerzos en mantener el legado de sus padres al frente del colegio Luis Muñoz Rivera

Rafael H. Rodríguez es el director del Colegio Luis Muñoz Rivera, un centro educativo que arriba a sus 85 años de fundado.
Para él este reputado centro de estudios es más que un recinto dedicado a impartir docencia a niños y jóvenes, es el legado de sus padres, y más aún es la cristalización del sueño de Félix Rodríguez Quiñónez y Elvira Medina de Rodríguez, dos educadores puertorriqueños que pasaron su noche de bodas a bordo de una goleta rumbo a República Dominicana, donde se radicaron y formaron su familia. Fue así, y luego de mucho trabajo y de llevar una vida austera, que el 23 de mayo de 1932 nació el colegio Luis Muñoz Rivera, que para entonces su matrícula era de solo ocho estudiantes y funcionaba en la avenida Bolívar, en la marquesina de la casa de uno de esos ocho alumnos.

En esta oportunidad, Rafael cuenta paso a paso el camino que siguieron sus progenitores, sus aportes y cómo desde las aulas del colegio pusieron al servicio de la comunidad educativa dominicana sus conocimientos.

De igual manera, valora el invaluable legado que representó la formación dentro de un hogar donde la educación en valores era fundamental y la única vía de alcanzar las metas.

1. Cuatro hermanos
Nací en Santo Domingo. Fui el primer niño que nació en la clínica San Rafael. Para mi nacimiento pintaron una habitación a toda prisa, lamentablemente la pintaron de rosado. Es que en ese tiempo no existían las sonografías, ya iban tres varones y mi mamá estaba loca por una niña, pero se le peló el billete. Éramos cuatro hermanos. Varones los cuatro. El mayor es ingeniero civil, el segundo médico, cirujano plástico; el tercero falleció a los 21 años, estaba estudiando educación para relevar a los viejos, pero no se pudo; y yo, que soy el menor, estudié Ingeniería Mecánica, pero nacido en los pasillos del colegio, es decir, con la educación por dentro.

2. Hijo de educadores
Mis padres, el doctor Félix Rodríguez Quiñónez y la licenciada Elvira Medina de Rodríguez. Ambos puertorriqueños. Mi papá nacido en 1904 y mi mamá nacida en 1905. Mi padre falleció en el año 1991, a los 87 años, y mi mamá falleció en el 2010 a los 104 años. Mi papá era oriundo de un barrio pequeñito que solamente tenía 12 casas, cerca de Lajas en el suroeste de Puerto Rico, y mi mamá, oriunda de un barrio llamado Las Marías en las montañas del centro de Puerto Rico, cerca de San Sebastián. En el año 1929 mi papá se fue a estudiar a la Universidad de Ciraquius en la ciudad de Nueva York. Ya era maestro graduado del Instituto Politécnico de Puerto Rico, hoy Universidad Interamericana de Puerto Rico, en San Germán. En el 1929 se fue a estudiar una maestría en Matemáticas. En ese tiempo, mi mamá estaba estudiando su licenciatura en Educación, en la Universidad de Puerto Rico, en Río Piedras.

3. El colegio en casa
De ser hijo de educadores, lo no tan bueno era que uno tenía que estar siempre derechito, como un guardia. Había que dar el ejemplo. No se podía fallar. Lo bueno era que, en mi caso, salía de la habitación y en cinco minutos estaba en la escuela, porque mi papá y mi mamá no tenían casa, sino que vivíamos en el colegio. Ellos tenían su habitación, la otra la ocupaban los dos hermanos mayores y los dos menores dormíamos en los pasillos del colegio, en camitas que se abrían y cerraban. Entonces, a las siete de la mañana iba mi papá y nos levantaba. Había que cerrar esas camitas corriendo.

4. Padres emprendedores
En el 1930 mi papá vino al país soltero. En Puerto Rico había muchos maestros, la economía estaba floja por la Gran Depresión Mundial y se embarcó en una goleta y vino para acá a trabajar como maestro a la República Dominicana, contratado por un colegio privado. Pasó un año trabajando, ganaba 90 pesos al mes, que era una fortuna. Ahorró, y al finalizar el año escolar se fue a Puerto Rico a visitar a su novia, con la cual tenía una relación de nueve años. Se casaron y la misma noche de bodas se embarcaron en una goleta y terminaron en San Pedro de Macorís. Vinieron con un contrato a trabajar como maestros en un colegio que se llamaba José de Diego. Cumplieron su contrato y al final les informaron que no les iban a renovar el contrato porque ellos tenían unas ideas muy extrañas. Principalmente tres ideas: Que las hembras y varones podían ir a la escuela juntos. Que se podía practicar deporte en la escuela y que se podía enseñar idiomas extranjeros en las escuelas. Ya se iban de regreso a Puerto Rico, cuando los padres de sus estudiantes les abordaron para que no se fueran, que se quedaran y fundaran su propio centro educativo. Así, el 23 de mayo de 1932 nació el colegio Luis Muñoz Rivera con ocho estudiantes, en la avenida Bolívar, en la marquesina de la casa de uno de esos ocho estudiantes.

5. Educación estricta
En la casa había una educación muy estricta. A las ocho de la noche había que estar haciendo la tarea, todos los días de lunes a viernes, no importaba que fuera viernes y que al día siguiente era sábado, la tarea que había que llevar el lunes, no se hacía ni sábado ni domingo, se realizaba el viernes. Tenía que dar el ejemplo delante de todos, porque era hijo de los directores, no me podía desviar de la ruta trazada, tanto en la conducta como en los requisitos académicos del centro. Si fallaba en uno de los dos, la reprimenda venía en seguida.

6. Mejor herencia
De mis padres aprendí muchas cosas y siempre recuerdo que mi mamá me decía mucho: “Haz el bien y no mires a quien”. De mi padre aprendí mucho de sus acciones y de sus consejos. Él era un hombre muy alegre, jovial. Mi mamá era más seria y formal, aunque frente a las responsabilidades ambos eran muy formales y serios. Mi mamá tenía la administración del colegio sobre sus hombros y él, además de ser el director, era maestro de Matemáticas, era quien impulsaba y fomentaba la práctica de deporte en colegio de una manera increíble. En las mañanas salía de las aulas y bajaba al recreo y nos ponía a jugar básquet.

7. Ingeniero mecánico
Desde pequeño, tendría yo cuatro o cinco años, me regalaron una bicicleta y la bicicleta me hizo pensar que yo sería ingeniero mecánico. No sé por qué, pero así fue. Sin embargo, la vida trae sorpresas y en el año 1976, estando yo en los Estados Unidos trabajando, mis padres me llamaron para que regresara al país y los ayudara en la administración de un proyecto que no era del colegio, sino del desarrollo de una urbanización, lo que hoy se conoce como Urbanización Alameda, que tiene muchos años ya, era la finca de mi papá. Mi papá era maestro por la mañana y ganadero por la tarde. Todas las tardes, después de la una de la tarde, salía en su camioneta, con su chofer, para la finca.

8. De vuelta a casa
Regresé al país en el año 1976, para ocuparme de los trabajos de la urbanización. Mi padre enfermó en el año 1988, cayó en cama y no se volvió a levantar hasta su muerte, en 1991. Al enfermarse mi papá y mi mamá dedicarse por entero a cuidarlo, yo tuve que asumir algunas responsabilidades poquito a poco en el colegio. Comencé a involucrarme. Es decir, que seis años antes de la reapertura de la secundaria estuve involucrado en el colegio.

9. Adversidades
Un episodio muy triste en mi vida fue la muerte de mi hermano, cuando yo tenía solamente 15 años. Eso fue muy triste. Recuerdo ese hecho con mucha tristeza. También recuerdo con mucha tristeza el día que recibí la demanda de divorcio de mi primera esposa. La época más difícil fue ese primer año, de los dos que duró el proceso de divorcio.

10. En el hogar
Tengo tres hijos de mi primer matrimonio. La mayor es maestra de profesión, recibió los genes de sus abuelos. Vive en los Estados Unidos. Tiene dos hijos. La segunda es madre de familia, me ha dado tres nietos. El tercero se iba a ir por la Educación pero la cambió por otra carrera y anda por los asuntos legales. También vive en los Estados Unidos. Estuve casado hasta el año 1989. Mi primer matrimonio duró 22 años. Después, en el año 1983, me casé de nuevo. De ese matrimonio no tengo hijos biológicos, pero los de ella, son también mis hijos. Ya tenemos 24 años de casados.

Tres etapas y 85 años de historia

“El Colegio Luis Muñoz Rivera tiene tres etapas. La primera, desde el año de su fundación hasta el año 1965, que vino la Revolución y hubo que cerrarlo porque fuimos ocupados. Desde el 1965 no se pudo continuar con la educación primaria y secundaria, en aquellos tiempos, teníamos primaria y secundaria por la mañana y en las tardes estudios secretariales. Luego de la Revolución, la educación primaria y secundaria hubo que suspenderla, porque perdimos el local. Nos mudamos a un local muy pequeño y no cabían los estudiantes, por eso el colegio siguió estrictamente con estudios secretariales. Durante siete años estuvimos ubicados en la avenida Abraham Lincoln, y siete años más tarde estaba disponible el local que ocupa actualmente, pero en un principio siguió dedicándose estrictamente a impartir cursos secretariales, hasta el año 93. En el año 1994 propiciamos el inicio de la escuela secundaria, con la llegada de nuestra directora académica, el 10 de abril, quien desde esa fecha y hasta septiembre, se encargó, con un equipo, de preparar las cosas para que pudiéramos reiniciar estudios secundarios. Recomenzamos al revés. Las escuelas inician con los grados bajitos y van subiendo, nosotros comenzamos con primero y segundo del bachillerato en 1994, con unos 60 alumnos. El próximo año agregamos tercero, séptimo y octavo, y el siguiente año, primero, segundo, tercero y cuarto, séptimo, octavo, sexto y quinto. Hasta completar todos los grados. Creo que la tradición, el buen nombre, cultivado durante muchos años, y la buena compañía de los últimos años, son las bases del éxito de este centro educativo. Aspiro a que en dos o tres años, no queden cupos vacantes en el colegio, a que sigamos creciendo como hasta ahora lo hemos hecho, en calidad, en diversificación y modernismo”.

Ejemplo
“De ser hijo de educadores, lo no tan bueno era que uno tenía que estar siempre derechito, como un guardia. Había que dar el ejemplo. No se podía fallar. En la casa había una educación muy estricta”.

Ventajas
“Lo bueno era que, en mi caso, salía de la habitación y en cinco minutos estaba en la escuela, porque mi papá y mi mamá no tenían casa, sino que vivíamos en el colegio”.

Cambio
Al enfermarse mi papá, y mi mamá dedicarse a cuidarlo, yo tuve que asumir algunas responsabilidades poquito a poco en el colegio”.

Profesión
Tendría yo cuatro o cinco años cuando me regalaron una bicicleta, y la bicicleta me hizo pensar que yo sería ingeniero mecánico”.

Costumbre
No importaba que fuera viernes y que al día siguiente era sábado, la tarea que había que llevar el lunes, se realizaba el viernes”.

Compromiso
No me podía desviar de la ruta trazada, tanto en la conducta como en los requisitos académicos del centro. Si fallaba, la reprimenda venía en seguida”.

Etapas
El Colegio Luis Muñoz Rivera tiene tres etapas, desde el año de su fundación. En la Revolución hubo que cerrarlo porque fuimos ocupados”.