José Ismael Reyes Nouel: “Mi gran anhelo era regresar al país y ejercer la psiquiatría”

Su amor por la salud mental y el contacto con la naturaleza en todo su esplendor han sido parte de su filosofía de vida.

El doctor Reyes Nouel hizo una Maestría en Agro Negocios, graduado con honores, entra en contacto con la agricultura para ofrecerles a sus pacientes el contacto con la naturaleza

El doctor José Ismael Reyes Nouel es el fundador, director y propietario de la primera clínica psiquiátrica que ofrece, por vez primera, un equipo multidisciplinario a la población dominicana, constituyendo la verdadera expresión de lo que es una comunidad terapéutica, lo que él llama su sueño guajiro de sus años universitarios.

Este médico, psiquiatra, conocedor del efecto terapéutico que ejerce el contacto con la naturaleza a sus pacientes, hace pocos años finalizó una Maestría en Agro Negocios, graduado con honores, parte de su esfuerzo de ver realizado otro de sus sueños: Un hospital para enfermos mentales en su invernadero.
Actualmente, es presidente del Clúster de Invernaderos y de la Cooperativa de Invernaderos.

Su amor por la salud mental y el contacto con la naturaleza en todo su esplendor han sido parte de su filosofía de vida.

Su ejemplo de vida da cuenta de la importancia que tiene en la formación de los hijos el papel que desempeñan progenitores y profesores.

En este sentido, aboga por la excelencia en lo referente a su educación. Se declara tolerante y se confiesa feliz por haber logrado, hasta la fecha, la mayoría de las cosas que se ha propuesto, en lo personal y profesional. Cuando ha sido infeliz, se toma su tiempo para hacer el cambio que se precisa e ir en busca de esa felicidad, y lo ha logrado, asegura. Admite que se ha equivocado y trata de enmendarlo cuando se lo han permitido, “porque si no me lo permiten…no puedo hacerlo”. El doctor Reyes Nouel comparte algunos de sus momentos memorables con elCaribe.

1. Gran sueño
Mi gran sueño en mis primeros años universitarios fue estudiar fuera del país, asimilar y estar expuesto a la enseñanza de múltiples y excelentes profesores que me permitirían, a mi regreso, ejercer mi profesión a mi gusto, satisfacción y experiencias adquiridas. La Clínica Reno ha sido desde su inicio hasta hoy, 20 años después, un extraordinario esfuerzo de la mutual que lo ha hecho posible, mi esposa Dalma De Castro y yo.

2. La infancia
Nací en Valverde, Mao, en una familia numerosa, y tuve la suerte de tener seis hermanos mayores y una menor. En total ocho. Aunque también fui muy protegido por los cientos de empleados de mi padre, así como también de mi madre, que tenían comercios: farmacias, tiendas y factorías de arroz.

En todos los rincones de la casa se respiraba amor, respeto, control, conciencia. Papá, un profesional de la salud, era farmacéutico, pero además un erudito de la Medicina, diría que impregnó mi consciente, subconsciente e inconsciente del amor a los conocimientos de la Medicina. Después de mayor me di cuenta de que fue mi gran modelo.

3. Doña Camelia
Ya a los siete años me sabía todos los huesos del cuerpo humano, gracias a mi profesor don Pepe, del Instituto Iberia de Santiago. En la preescolar, la suerte me acompañó, doña Camelia, baluarte, institución, arquitecta de vida de los maeños, me enseñó “a, e, i, o, u” y también el alfabeto, y que la ‘p’ con la ‘a’ dice ‘pa’ y la ‘m’ con la ‘a’, dice ‘ma’. Y muchas cosas más. Ella tenía una memoria bestial. Pasé alrededor de 40 años sin verla y en una visita que hice a Mao la encontré en la calle, me paré a saludarla y darle un abrazo, y le pregunté: “¿Usted se recuerda de mí”, y me contesta: “Cómo me puedo olvidar de “lápido colen los calos calgados de azuca del felocalil”, haciendo referencia a cuando me enseñó las letras. Era tan pequeño que no había aprendido a pronunciar las r.

4. Eterna gratitud
Agradezco a mis padres que cuando a ellos les tocó pensar por mí, me expusieron a excelentes profesores. Como era travieso y ellos eran muy mayores, mi madre, buscando educación para mis hermanos, se mudó a Santiago y prosiguiendo en esa búsqueda se mudó a la capital. Así, mis tres hermanos estudiaron leyes. A mí me dio la oportunidad de estudiar con don Pepe, en Santiago, luego en el colegio La Salle, en la capital y luego interno en La Salle de Santiago.

Con don Pepe en el Iberia fui corneta, lo que me preparó para fundar la “Batería” de la escuela primaria en Mao; y luego, más tarde, también formé la “Batería” de la escuela normal de Mao. Fui la primera corneta de la primaria y de la secundaria. Aquí, por fortuna, fui alumno de don Leo, a quien sanamente con payasadas de muchacho molesté muchísimo, pero después de regresar de España, ya un médico formado, fui a darle las gracias y al mismo tiempo gratificarle por todo lo mucho que me enseñó y porque formó parte básica en mi desarrollo académico.

5. Buenos profesores
En mi infancia y adolescencia, mis padres no se equivocaron conmigo seleccionando los mejores profesores que existían. Los recuerdo a todos con mucho amor: doña Titita, doña Camelia, el señor García… En La Salle, de la capital, Corbatica, Juan Din Din, el hermano Carlos… En el bachillerato Don Leo, Mr. Rodríguez en el Luis Muñoz Rivera. Me cambiaron mucho de colegio por lo travieso que era, pero nunca se equivocaron en cada elección que hicieron, siempre fui a lo mejor. Ya en la Universidad, me encargué yo de buscarlo.

6. Años universitarios
Ingresé a la UASD en 1963 y cuando inició la Revolución, 1965, algunos continuamos nuestros estudios en España. Yo elegí la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza porque sabía que José Martí y Juan Pablo Duarte habían estudiado en Zaragoza. Allí tuve grandes profesores. Don Ramón Rey Ardid fue mi profesor de psiquiatría, fui interno de su cátedra durante tres años. Ha sido el mayor ejemplo de conocimientos, en el área de la psicología y la salud mental. Fue mi profesor y mi compadre, me bautizó a mi primera hija Karelina. Otro gran maestro, Enrique De la Figuera, fue mi profesor y estuve como interno de su cátedra de medicina interna; así también fui alumno de John Frosh, uno de los primeros en discutir la personalidad fronteriza; él le llamo el carácter psicótico. También fui alumno de Paul Bellack, quien escribió libros sobre la psicoterapia breve. Todos ellos fueron alumnos de Sigmund Freud, disfruté sus charlas, me sentía muy cerca de Freud en lo que a aprendizaje se refiere. Recuerdo también a Paul Nemet, profesor de Psicopatología. El más importante de todos y el que más influyó en mí fue Pedro Ruiz, único hispano en ocupar la presidencia de la Sociedad Americana de Psiquiatría y también presidente de la Sociedad Mundial de Psiquiatría. Con él hice tres años de psiquiatría comunitaria, social y administrativa.

Luego de esos estudios me fui a la universidad de Puerto Rico y también a la universidad de Miami, donde me preparé para los exámenes de Estados Unidos (Board). Estuve en Columbia Presbisterian Medical Center, ahí fui alumno del doctor Glassman, gran profesor de Psicofarmacología.

7. Puerto Rico
En Puerto Rico fui director de la Unidad de Dependencia Química y Desórdenes de Sustancias del First Hospital Panamericano, una de las mejores clínicas de psiquiatría. También fui director de la Unidad de Agudo Hombre del Mepsy Center y director de la Unidad de Cernimiento, era el encargado de evaluar cada paciente que ingresaba y decidir a qué unidad correspondía su tratamiento.

8. Clínica Reno
Mi gran anhelo era regresar al país y ejercer la psiquiatría, es así como surge la clínica Reno en 1997, hace ya 20 años. En ese entonces laboraba en Puerto Rico y aquí, pero malgastaba mucho tiempo en los aeropuertos y el tiempo de espera en cada vuelo. De niño siempre quise ser piloto, y entonces me hice piloto y compré mi avión. Piloteaba mi avión y cada jueves en la tardecita viajaba a Santo Domingo y regresaba a Puerto Rico los lunes, de madrugada. Eso lo estuve haciendo por dos años, hasta que comenzó a mejorar la cantidad de pacientes aquí en la clínica, razón por la que decidí establecerme en mi país. En Reno ofrecemos todas las modalidades de tratamientos que existen modernamente en salud mental: Psicoterapia individual, psicoterapia de grupo, psicoterapia ocupacional, arte, relajación, terapia cognitiva, estudio biológico y análisis de laboratorio a cada paciente. Identificamos los problemas físicos y los mentales. Se hace una evaluación médica, psiquiátrica y psicológica; laboral y social, a partir de lo cual se hace un plan de tratamiento. Se trabaja no solo para curar al paciente, sino para que el paciente sea feliz. No tratamos solo los síntomas del paciente, procuramos que él encuentre su filosofía de vida y su felicidad. He tenido la oportunidad durante estos 20 años de atender en Reno 1,585 pacientes, todos ellos al momento de irse de alta tienen la oportunidad de evaluar el trabajo que hemos hecho, y tenemos un 95% de satisfacción; el otro 5% que no está satisfecho fue porque se fueron contra consejo médico, no tuvieron compromiso con el tratamiento o no pude ayudarlos, aunque insistí en hacerlo.

9. Los hijos
Tengo cuatro hijos, dos varones y dos hembras. Los dos varones siguieron mis pasos, ambos son psiquiatras, uno ejerce en Houston, Texas y el otro en Phoenix, Arizona. Las hembras viven en Florida, una es economista y la otra, aunque estudió Moda, trabaja con pacientes geriátricos, ella administra el cuerpo de enfermeros, médicos y psicólogos.

10. La muerte de José Alois
Cuando muere mi hijo José Alois, a los cuatro años, no tenía un centavo, y fue el profesor don Ramón Rey Ardid quien me ayudó a sepultarlo, eso no se me puede olvidar. A mi hijo le dio encefalitis a los cuatro meses y con su proceso aprendí toda la neurología que he aprendido durante toda mi vida.

La evolución de los tratamientos

“Desde el principio de los tratamientos de salud mental, los pacientes fueron tratados en áreas verdes, en contacto con la naturaleza. Cuando llegó el siglo XX el péndulo científico se inclinó a que si tú no podías demostrar científicamente que algo era bueno para los pacientes, se caía. Entonces, los hospitales psiquiátricos comenzaron a estar dentro de los hospitales generales, en unas alas que competen al área de psiquiatría y se apartaron de la naturaleza. Yo siempre pensé que como el contacto con la naturaleza es refrescante, mueve interiormente sentimientos que resultan agradables al sentir el aire, al respirar, contemplar el verdor de los árboles, el azul del cielo, las montañas, los ríos, los valles, las aguas… ayuda al estado mental. Todo eso quedó atrás porque no se podía demostrar científicamente que era beneficioso. Unos científicos en el área de California estudiaron los movimientos de los neurotransmisores en pacientes expuestos a estos ambientes, comprobando que, en efecto, el contacto con la naturaleza provocaba movimientos en su cerebro de neurotransmisores que producían satisfacción, placer y que eran terapéuticos. Se regresa ahora a la naturaleza. Yo, para ofrecerles a mis pacientes ese contacto con la naturaleza entro en contacto con la agricultura, que lo tengo en mis raíces: Mi abuelo y mi papá eran agricultores, aunque mi papá era también farmacéutico, comerciante y tenía factorías. De vez en cuando, yo llevo a mis pacientes a mi invernadero, ubicado a unos 20 minutos de la ciudad, en Pedro Brand, lo que constituye una experiencia preciosa. En mi mente tengo ideado hacer en mi invernadero un hospital, para pacientes de estadía prolongada. Ese es mi proyecto”.

Maestros
“Me cambiaron mucho de colegio por lo travieso que era, pero nunca se equivocaron en cada elección que hicieron, siempre fui a lo mejor”.

Ejecutivo
“En Puerto Rico fui director de la Unidad de Dependencia Química y Desórdenes de Sustancias del First Hospital Panamericano, una de las mejores clínicas de psiquiatría”.

Piloto
“De niño quise ser piloto, y entonces me hice piloto y compré mi avión. Cada jueves en la tarde viajaba a Santo Domingo y regresaba a Puerto Rico los lunes, de madrugada”.