El naciente imperio del siglo 19 (III)

Luego de escasas modificaciones, este escrito, parte de un conjunto de artículos sobre el intento del Gobierno norteamericano de adquirir la isla de Santo Domingo con el aparente propósito de sacar el esclavismo como institución del territorio de la federación norteamericana para enclavarlo en las islas de las Antillas Mayores, incluyendo a la mayor, mientras actuaba como principal suplidor de material de guerra de la España combatida a muerte por los patriotas cubanos de independencia, guerra debilitadora de ambos contendientes, pero ambas contribuyentes con la adquisición de armamentos al desarrollo militar y económico del nuevo hipócrita Imperio. Expresé que el Secretario de Estado William Seward había viajado a Santo Domingo el 2/01/1866 con su hijo Frederick, enviados especiales del presidente Andrew Johnson para negociar Tratados de Cesión de la península y la bahía de Samaná con Báez, quien los recibió el 15/01/1866, pero el tratado no se concretó porque Báez fue derrocado por fuerzas de Luperón el 28 de mayo, a pesar de los recursos bélicos del Gobierno norteamericano usados para sostener al lacayo Báez en el poder. Así que cuando el 19/01/1867 Frederick W. Seward retornó a la RD para negociar con Cabral la adquisición o arrendamiento de la península de Samaná, ya había pasado al menos once años de la vigilancia del quehacer dominicano por agentes norteamericanos, cuyos mandatos presidenciales procuraban encubrir sus propósitos expansionistas. Desde temprano en nuestra historia republicana, el agente comercial norteamericano Jonathan Elliot, escribió a sus superiores el 19/07/1856: “Les aseguro que en estos momentos los Estados Unidos pueden obtener lo que deseen de este gobierno. Podemos establecer una base naval donde queramos y bajo nuestros propios términos, así como ayuda y asistencia de los habitantes, sólo tenemos que actuar. Enviando dos o tres buques de guerra, todo podrá arreglarse sin dificultades entre Estados Unidos y otra potencia. Si los EE.UU. determinan establecer una base naval, abrirá una gran riqueza para sus habitantes, igualmente asegurará la independencia de la República. No hay tiempo que perder, en este momento el gobierno está destruido, la República se está perdiendo y esto afectaría el comercio y el interés general estadounidense si no actuamos.” Tampoco hubo acuerdos definitivos por la oposición del Ministro de Guerra de Cabral, General del Carmen Reinoso, y del de Relaciones Exteriores, José Gabriel García. Sin embargo, la precariedad económica del Gobierno dominicano obligó a Cabral a enviar a Washington al General Pujols a renegociar el arrendamiento de Samaná, donde llegó el 8/02/1868, sin trascendencia, pues Cabral fue derrocado antes de que terminara el mes. A su retorno al poder el 2/05/1868, Báez de inmediato comunicó al Secretario Seward que estaba dispuesto a negociar la cesión de Samaná por 2 millones de dólares, 1 millón en oro y el otro millón en armamentos. Al recibir la respuesta de que su oferta habría de ser estudiada, respondió proponiendo que el Presidente norteamericano emitiera un decreto que proclamara bajo la protección estadounidense a Dominicana, e hiciera efectiva la proclamación mandando buques de guerra a los puertos estratégicos de la isla.