“Llevo más de 50 años consagrado al trabajo intelectual”

Bruno Rosario Candelier, director de la Academia Dominicana de la Lengua, es un intelectual que siempre se ha preocupado porque sus semejantes hagan un buen uso de la lengua de Cervantes.A lo largo de su vida ha estado involucrado en el mundo de la intelectualidad, en principio como aprendiz, estudioso, y más adelante como docente.

Hoy, desde su posición como director de la Academia Dominicana de la Lengua, trabaja en favor de fortalecer el buen uso del idioma.

Para Rosario Candelier una de sus prioridades es la creación literaria y el apoyo a los aspirantes a escritores, a quienes aconseja profundizar en las bases sobre las cuales se pueden lograr textos con elevada calidad literaria.

1. Mocano de Moca
Soy mocano, de Moca. Esa es una expresión que quiere decir el mocano que vive en Moca. Nací en un campo de Moca. Soy hijo de Juan Rosario y Carmela Candelier. Soy el tercero de una familia numerosa. Los primeros años de mi vida los pasé en Guaucí, donde hice la escuela primaria. De ahí pasé a la ciudad, donde realicé parte de la primaria porque la escuela secundaria no existía. La secundaria la realicé entre Jarabacoa y Santo Domingo. Solo he estado fuera de Moca, los cuatro años que estudié en Jarabacoa, la etapa que estudié en el Seminario Diocesano, aquí en Santo Domingo, donde viví siete años y el tiempo que estudié en Madrid que fue de cuatro años.

2. Ejemplos más que consejos
Mi padre jugó un papel preponderante en mi formación, y fíjate un detalle, mi papá nunca me dijo que leyera. Aprendí a leer porque deduje que era importante leer, porque veía que mi padre leía. De ahí se desprende lo siguiente: Los padres no tienen que darles consejos a sus hijos, los padres lo que tienen que hacer es darles ejemplos a sus hijos. Los hijos imitan las acciones que ven en sus padres, porque habría una contradicción si tú le predicas una cosa a tu hijo y con el ejemplo le das muestras de lo contrario. El ejemplo es el que educa. Nuestro país está ahora mismo en un descenso espiritual, moral e intelectualmente, fruto de la familia, pues es la familia la que ha descendido.

3. Aventurero
De niño fui muy travieso. Era un aventurero. Tú sabes, yo nací en un campo, pero a los 10 años, quise conocer la capital y vine por mi cuenta en un camión, sin pedir permiso a mis padres, y regresé en un camión de carga. Me dieron mi pela, pero yo seguía. A mí me dieron muchas pelas. Yo salía mucho. Por ejemplo, tú sabes que la comunidad de Monción queda en la Línea Noroeste, pues en esa época me fui a conocer la comunidad de Monción con un grupo de Boy Scouts.

4. Cultivo intelectual
Desde muy niño aprendí a valorar los libros y el cultivo intelectual porque mi padre era un gran lector, leía libros, revistas y periódicos, aunque éramos muy pobres. Hubo un tiempo en el cual solo había un periódico, y ese era elCaribe, y un tiempo en que nos llegaba elCaribe desde Santo Domingo y La Información, que llegaba de Santiago. Mi padre compraba una revista que se llamaba “Carteles” y otra que se llamaba “Bohemia”, que venía de Cuba, y la revista Selecciones de Reader’s Digest, una revista muy buena con artículos de todos los temas. Esa colección entera la tenía mi padre y yo me formé leyendo esa revista. Luego vino la época de comenzar a leer libros. La vida intelectual fue nutriéndose, porque el intelecto se nutre de la observación de la realidad, de la lectura que uno realiza y de la gente con la que uno se vincula.

5. Seminarista
Entré al seminario porque sentía una inclinación religiosa, que quizás influyó más el deseo de encontrar una formación intelectual. Digo esto porque no continué. Entré al seminario a los 17 años y ahí estuve hasta los 24. Es decir, que estuve ahí siete años. Salí porque me di cuenta de que mi vocación no era dedicarme a la vida religiosa, sino a la vida intelectual. En el seminario experimenté una fuerte inclinación por la vida intelectual y por la creación literaria. Desde entonces me he dedicado a la vida intelectual. Llevo más de 50 años consagrado al trabajo intelectual y al trabajo creador a través de la palabra.

6. Fuera del seminario
Cuando salí del seminario busqué la forma más adecuada para ganarme la vida, y esa manera fue el magisterio. Ya yo era bachiller, había estudiado filosofía. Tenía cierta preparación en la rama de la lengua y la literatura y la filosofía, y conseguí trabajar en una escuela de maestros que hay en Licey, una comunidad que queda entre Moca y Santiago, pero pertenece a la provincia de Santiago. Allá hay una escuela de maestros. Ahí entré como profesor. Ahora ha pasado a ser administrada por el Instituto Salomé Ureña de Formación Universitaria. Ahora es una universidad que se dedica a la formación de maestros. En mi época era a nivel de bachillerato. Al tiempo que trabaja como maestro en esa escuela, me matriculé en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago. Por la mañana daba clases en Licey y por la tarde asistía a la universidad como estudiante. Impartí docencia en esa escuela durante cuatro años. Esa escuela, para la literatura tiene una gran importancia, porque allí formé el primer taller literario que se creó en el país, en el año 1967. Lo formé con estudiantes que yo veía que daban señales de que tenían vocación literaria. De hecho, de ahí salió un poeta muy importante que es el poeta José Enrique García, novelista y académico de la lengua. Incluso, la mayoría de los escritores ha pasado por un taller literario.

7. Formación académica
Cuando me gradué en la universidad participé en un concurso de oposición, porque entonces, para ingresar como profesor a la universidad había que pasar por un concurso de oposición, y yo gané, y así es como ingresé como profesor de Lengua Española en la Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago, y a los dos años conseguí una beca del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid y fui a Madrid a estudiar Filología, una carrera que todavía no es muy conocida en el país. Realicé un doctorado en Filología, en la Universidad Complutense de Madrid, y cuando terminé esa carrera me reintegré como docente en la Universidad Católica Madre y Maestra. Allí estuve por 35 años, como profesor de Lengua Española y de Literatura y de Lingüística.

8. Docente
Lo más importante de estos 35 años como docente, para mí, fue haber desarrollado la conciencia de lengua y de literatura, que yo la tengo. La adquirí y traté de transmitirla a los estudiantes. Traté de fomentarles la importancia de tener una conciencia de lengua y una conciencia literaria, tener la oportunidad de transmitir mis inquietudes intelectuales, estéticas y espirituales, y para desarrollar la capacidad de creación, que la he estado ejerciendo desde muy joven.

9. Medio siglo de matrimonio
Me he casado una sola vez. Llevo casi 50 años de casado con mi esposa. Mi esposa se llama Inés Méndez. Tenemos tres hijos. Yo estuve interno en un hospital y allí ella fue a visitar a una persona que estaba interna, y ahí la conocí. A partir de ese día se estableció un vínculo que terminó en noviazgo y después en matrimonio. Vivimos en Moca. Los escritores no somos padres ejemplares porque les dedicamos mucho tiempo a nuestros libros, a la lectura y a la creación, pero no soy tan mal padre.

10. En riesgo
No guardo muchos recuerdos tristes, pero sí recuerdo situaciones preocupantes y difíciles. Una vez en España padecí cólera. Me dio cólera en el año 1972 y me vi al borde de la muerte. En otra ocasión, en Licey, en la escuela normal, para curarme de una gripe me inyectaron penicilina, no sabía que era alérgico, hice una reacción alérgica que casi me cuesta la vida. Ese día supe que era alérgico a la penicilina.

Transmitir los conocimientos

“De mi carrera lo que más me ha satisfecho es haber podido testimoniar mis convicciones y mi percepción del mundo. Ahora estoy al frente del Ateneo Insular, cuya sede principal se encuentra en Moca. Esta entidad está conformada por escritores y aspirantes a escritores de todo el país. Esa institución surge apoyada en la idea de San Juan de la Cruz de que el concepto insular de Ínsula, alude al alma”. 

Profesor
“Cuando salí del seminario busqué la forma más adecuada para ganarme la vida, y esa manera fue el magisterio. Había estudiado filosofía”.

Concurso
“Cuando me gradué en la universidad, participé en un concurso de oposición, para ingresar como profesor a la universidad, y gané”.

Formación
“Hice un doctorado en Filología, en la Universidad Complutense de Madrid, y cuando terminé me reintegré como docente en la Madre y Maestra”.