Vinicio Franco: “Lo que más me dolió en la vida fue la muerte de papá”

Vinicio Franco, a lo largo de su carrera, grabó 460 merengues en 57 años. Su primera grabación la realizó en 1957 con la orquesta de Antonio Morel.
El merengue escrito por Bienvenido Brenes, “Apágame la vela”, se convirtió en uno de sus mayores éxitos.

Nacido en Puerto Plata, por allá por el año 1933, hijo de un maestro constructor que deseaba que su hijo siguiera sus pasos, y aunque al principio se opuso a su vocación de cantante, después reconoció el talento y gracia de su hijo.

Por razones que nunca le explicó su padre, no conoció a su madre.

Por este motivo pasó toda la vida viajando a Puerto Plata para tratar, sin éxito, de conocerla.

Aunque conoció algunos tíos maternos, a su madre solo la vio en una fotografía.

La falta de su madre y el inmenso amor que aún siente por su padre son dos distintivos de su vida, que salen a relucir durante toda la conversación.

En este diálogo también quedó evidenciado que el paso del tiempo ha mantenido inalterable su alegría y amor por la música, por eso confiesa sonriente que, a sus 83 años, aún tira sus numeritos, cuando se le pregunta si todavía canta y baila.

1. Hijo de su padre
Nací en Puerto Plata, el 14 de septiembre de 1933, es decir que ya tengo 83 años. Mi papá era maestro constructor y le tocó ir a realizar una obra a Puerto Plata, allá se enamoró de mi madre y nací yo. Mi papá era francés, se llamaba Normil Franco, vino aquí, le gustó y se quedó. Mi papá me llevó a San Cristóbal, allá él estaba realizando una construcción en La Toma y nos quedamos a vivir ahí un tiempo. Después, él me trajo a vivir a la capital.

2. Un constructor
Trujillo quería que le hicieran la construcción del balneario de La Toma de San Cristóbal y en esa construcción trabajó mi padre, que era maestro constructor, entonces Trujillo le dijo a mi papá que se fajara y él tuvo que hacer de ingeniero y maestro constructor. A mi papá lo llamaron para que realizara el primer puente colgante, que fue el San Rafael, de Mao. También él participó en la construcción del Instituto del Cáncer, al lado del Hospital Marión. Papá quería que yo fuera maestro constructor, igual que él. Mi papá era muy amigo de Trujillo.

3. Una madrastra
No conocí a mi madre. Solo supe que era de una familia de mucho dinero y que se llamaba Carmela García. Luego, mi papá se casó en Mao, con Josefina Minier, cuando yo tenía dos años, y le dijo a su esposa: “Yo no quiero que Vinicio sepa nunca que tú no eres su mamá”. Mi papá se iba a trabajar y yo le pedía que me llevara con él, que no me dejara en la casa, pero yo estaba estudiando. Entonces la madrastra, a la que él le había pedido que no me dijera nunca que ella no era mi mamá, me preguntaba que quién era mi mamá y yo me quedaba callado. Entonces ella me decía: “Dime cómo se llama tú mamá, que te voy a meter si no me dices”. Entonces yo le decía: “Carmela García”. Y ella me decía que me fuera para donde Carmela García. Ella era mala, madrastra al fin, peleaba mucho.

4. El peor castigo
En la escuela yo me portaba muy bien y también en la casa, pero mi madrastra me castigaba por cualquier cosa. Lo único que yo hacía era tocar tambora con palitos, las que yo mismo construía. Cuando yo estaba en tercer curso en la escuela, que me examiné, el profesor me dijo que yo no pasaría a cuarto, sino a quinto. Es decir que no hice el cuarto. Como te dije, yo me portaba bien, pero para mi madrastra yo siempre me portaba mal. Yo me iba a la biblioteca y me pasaba horas allá, y ella me daba el peor castigo que yo podía recibir, que era dejarme sin comer. No darme la comida de las 12. Por lo mala que era, les cogí odio a las mujeres de Mao, pero después me puse a pensar, porque yo no les hacía caso a las maeñas y les cortaba los ojos, que ellas no tenían la culpa, que mi madrastra era una sola persona. Ahí se arregló la cosa.

5. Un vacío
Yo quería conocer a mi mamá y por eso siempre iba a Puerto Plata, conocí a algunos tíos, que eran hermanos de mi mamá y ellos me dijeron que le iban a decir a mi abuela que me habían conocido, pero cuando se lo dijeron a mi abuela, ella no les creyó. Después que comencé a cantar siempre que iba a Puerto Plata, y me quedaba más tiempo, porque sabía que allá estaba mi mamá. Le decía al maestro Solano que se fuera tranquilo que yo me quedaba. A veces era sábado y me quedaba hasta el lunes.

6. La música
Desde muy pequeño me gustaba la música. Hacía tamboras y las tocaba con palitos. Comencé a cantar formalmente en el año 1957. Con el maestro Rafael Solano y su orquesta estuve 36 años. Recuerdo que comencé mi carrera profesional porque faltó uno de los cantantes de la orquesta San José y me pidieron que lo sustituyera y les encantó. Me quedé ahí. A pesar de mis 83 años tiro mis numeritos todavía, (jajaja) Lo más reciente que hice fue cantar con Gilberto Santa Rosa, esa fue una gran experiencia.

7. En el escenario
A la gente le encantaba que yo le cantara “Este disco se rayó”. Yo siempre hacía un movimiento con mi dedo índice, y a veces cuando tardaba en hacerlo, la gente me preguntaba: “¿Vinicio y el dedo dónde está?”. Algunas veces les respondía que él estaba ahí, pero que en ese momento estaba tocando la güira.

8. Subvencionado
En el año 1959 me designaron como alumno subvencionado en La Voz Dominicana. Ese día, el pianista Reyes Alfau le dijo a Petán que yo era de los buenos, entonces Petán le respondió: “Pues ahora es que él va a ser bueno, porque va a estudiar”. Entré a la Súper orquesta San José, bajo la dirección del maestro Papa Molina. Cuando yo escuché que Petán dijo que me pusieran una subvención, yo no sabía de lo que estaba hablando y le pregunté a la persona que estaba junto a mí, que qué era eso, y me respondió: “Debe ser cuarto”. Cuando vi el papel, decía: “Alumno subvencionado. 150 pesos de sueldo”. Era una millonada. Pero había otro joven que habían nombrado con 125 pesos, él no cantaba, pero bailaba mucho y a Petán le encantaba. Entonces él se quejaba de que porqué a mí me pagaban 150 pesos y a él 125 y yo le dije: “Pero no me lo digas a mí, mira a Petán, pregúntale a él, huye, que se va”.

9. Muy tarde
Solo pude ver una foto de mi madre en su tumba. Mi madre murió en 1976, y mira como son las cosas, mi papá también murió en ese año. Mis primos me llevaron al cementerio de la Máximo Gómez y sobre su tumba había una fotografía de ella. Cuando la vi, me quedé largo rato en silencio, mirándola fijamente. Recuerdo que en la foto ella estaba sentada en una mecedora y tenía el cabello así, como el suyo, pero más largo. Yo me quedé ahí. Mis tíos me dijeron que me iban a dar fotos, pero nunca me las dieron.

10. Amor de hijo
Lo que más me dolió en la vida fue la muerte de papá. Adoraba a mi padre y él a mí. Todavía hoy, en cada situación, pienso qué haría papá si estuviera vivo. Siempre le decía a mis hijos, cuando estaban chiquitos, que si papá estuviera aquí los pondría en cintura. Me duele mucho cuando se muere algún amigo. Me dolió mucho la muerte de Francis Santana y otros amigos a los que quise mucho.

Buen niño
En la escuela yo me portaba muy bien, y también en la casa, pero mi madrastra me castigaba por cualquier cosa”.

Aplicado
Cuando yo estaba en tercer curso en la escuela, cuando me examiné, el profesor me dijo que yo no pasaría a cuarto, sino a quinto”.

El dedo
Yo hacía un movimiento con mi dedo índice, y a veces, cuando tardaba en hacerlo, la gente me preguntaba: “¿ Y el dedo dónde está?”, y yo les respondía que estaba ahí, pero que estaba tocando la güira”.

En foto
“Mis primos me llevaron al cementerio de la Máximo Gómez, y sobre la tumba de mi madre había una fotografía de ella. Cuando la vi, me quedé largo rato en silencio, mirándola fijamente”.

Castigado
Yo me iba a la biblioteca y me pasaba horas allá, y mi madrastra me daba el peor castigo que yo podía recibir, que era dejarme sin comer”.

Anhelo
Después que comencé a cantar, siempre que iba a Puerto Plata me quedaba más tiempo, porque sabía que allá estaba mi mamá”.