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Acción Dominicana Independiente – 8

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Por varias semanas nos hemos
referido a una carta que escribió la Acción Dominicana Independiente en respuesta al editorial que dicho
periódico había escrito.
Como esa carta se explica por
sí misma, nos vamos a limitar a
reproducirla a continuación:
Acción Dominicana Independiente
Fundada el día 19 de marzo 1963
Santo Domingo, D.N.

25 de octubre de 1963
Señor Director:
Increíble es el título de su Editorial en edición de fecha 23 de octubre del corriente, dedicado a comentar aviesamente la Carta Pública que Acción Dominicana Independiente dirigió al Triunvirato en relación con el momento político actual.

No es la primera vez que el Listín Diario se refiere a la Acción Dominicana Independiente en un tono beligerante, cáustico y desconsiderado.

Es claro que entre nuestra organización y la dirección de ese periódico existe un abismo, estamos por lo tanto en dos riberas distintas.

Torcer el sentido y la intención de las palabras es proceder avieso, que no tiene otra explicación que el deliberado propósito de desorientar a la opinión pública y de echar sombras de duda sobre la reputación de personas que se han caracterizado por su desinterés.

Acción Dominicana Independiente no es golpista y no puede atribuirse acciones golpistas, porque carece de fuerza física para realizarlo; pero esta entidad sí fue “promotora y responsable” de los acontecimientos que desembocaron en la actual situación, por el hecho palpable, notorio, de su conducta pública durante los meses que precedieron al llamado “golpe”, que no fue tal, sino la puesta en práctica de un deseo popular clamorosamente expresado a través de innúmeras manifestaciones celebradas en las principales ciudades del país. Nos atribuimos esta responsabilidad porque fuimos quienes, sin mirar atrás ni medir el peligro, nos lanzamos a luchar, a la luz del día, contra la infiltración manifiesta de los Comunistas en el gobierno nacional, el propósito de que se rectificara una conducta que a todas luces conducía a la instauración de un gobierno abiertamente de extrema izquierda, que daría al traste con la verdadera libertad y que ponía en peligro la soberanía nacional.

El gobierno desoyó la voz del pueblo y sufrió las consecuencias.

Conjurado el peligro, el hecho histórico es irreversible y es deber de todo dominicano consciente y de sanas intenciones, respaldar al gobierno actual si se orienta hacia los fines esenciales de la salvación nacional.

Decir el editorialista de un órgano de prensa, “grande” por su formato y su poder económico, desde la tribuna en que se ha escudado, que “la implantación del Triunvirato ha sido un desastre moral, político y jurídico para nuestro país”, es acción perturbadora del orden social, de franca y abierta subversión, que distorsiona aviesamente la verdad, y tiende a dividir aún más a la ya tan conturbada familia dominicana.

Y esa acción, manifestada en sus artículos de fondo, en titulares abiertamente tendenciosos y en el hospedaje complaciente de la literatura altisonante y disolvente de las asociaciones y grupos caracterizados por sus tendencias inequívocamente extremistas, es una forma antojadiza de considerar los hechos y la situación actual.

Es claro, por lo tanto, que el Listín Diario en su línea informativa y editorial alienta y estimula un plan revanchista que tiende a subvertir el orden establecido.

Asumimos “la aterradora responsabilidad” de los sucesos aludidos y nos remitidos, tranquila la conciencia y alta la frente, al juicio de la historia, y ésta, que es escrita minuto a minuto por los hombres, con su conducta diáfana o con su conducta turbia, es en último término, dilucidada por la posteridad. No es el Listín Diario el llamado a calificar nuestra conducta.

Tenemos que consignar, con gran asombro que, muchos de los que ahora consideran como “desastre moral, político y jurídico la implantación del Triunvirato”; que se erigen en este crucial instante en que vive nuestra patria en defensores de la constitucionalidad y sienten que “el pueblo dominicano fue abofeteado moralmente por la destrucción de su sistema de derecho el 25 de septiembre”, se pasaron la vida sirviendo al “desastre moral, político jurídico” que fue la pasada tiranía.

La pluma debe temblar de rubor en las manos de quien hoy, civilista de nuevo cuño, pretende erigirse en censor y juez severo de quienes han surcado los caminos de la vida en perenne lucha por la libertad.

¿Con qué fuerza, con qué autoridad, dice el editorialista, que “el pueblo dominicano con su profundo valor moral, en esta hora cruel de su historia, está por encima de tan insultantes pretensiones?” ¿Es él el pueblo? ¿Es, acaso, su vocero?! No!, el pueblo dominicano sí está por encima de la vesania y de toda la saña, con que se quiere mancillar, sin conseguirlo, una situación provocada y surgida por el esfuerzo de quienes han sido movidos única y exclusivamente por el bienestar de la patria; de quienes se proponen permanecer en constante estado de vigilancia para que en el país sea realidad, en un futuro próximo, el verdadero estado de derecho, en que la vida privada se desenvuelva sin desasosiego; en que el derecho y el deber sean la norma de vida de todos los ciudadanos, sin discriminaciones, y que la familia dominicana retorne a aquel estado en que éramos una sola cosa; simplemente dominicanos, estrechamente unidos en el ideal de patria libre.

Queremos por último, puntualizar, que los regímenes surgidos de elecciones populares se ilegitiman cuando: violan la constitución; cuando tuercen el rumbo; cuando también defraudan las esperanzas del pueblo; cuando se ponen de espaldas al interés general; cuando, lejos de promover la concordia de la familia, implantan una política de odios fundada en la lucha de clases, de raza y de religión. Ésta sobre todo es una maldad que trasciende al crimen y se hace insufrible, insoportable, y fue la palanca que nos movió a la acción. Y continuará moviéndonos en la misma dirección hasta el último aliento de nuestras vidas, sin apetencias de poder, al que no aspiramos guiados únicamente por el interés, razonablemente fundado, de propiciarles a nuestros hijos un mejor orden de cosas, en el cual reine la concordia y el común esfuerzo de los dominicanos haga posible la formación de una patria grande y libre, que sea a los ojos del mundo de la laboriosidad y honestidad.

Acogiéndonos al derecho de réplicas, esperamos le den cabida a nuestros comentarios en el mismo lugar donde apareció su Editorial.

Atentamente,
Por Acción Dominicana Independiente.

José Andrés Aybar Castellanos, Robinson Ruiz López, Alejandro Melo, Dr Antonio Frías Gálvez, Henri De Mondessert, Abelardo Jiménez Peña, Dr. Aquiles Rodríguez R., Tomás Reyes, Cerda, Daysi Salazar De Pimentel, Wenceslao Sánchez, Leonardo Del Monte, Julio Cruz, Dr. Livio A. Duval, Joaquín Custals, Frank A. Tejeda V.