Santiago

Santiago de los Caballeros es el mayor asentamiento humano en la República después del Gran Santo Domingo, con un liderazgo que trata de convertirlo en una urbe modélica, con vocación para alojar de manera equilibrada a sus pobladores, y destino acogedor y funcional para quienes la visitan. Continuaría siendo el eje principal de desarrollo de la región Norte.

El municipio, en sus peores o mejores momentos, ha tenido siempre un acompañamiento participativo de la sociedad civil a través de sus diferentes núcleos, y todos se esfuerzan en alcanzar el propósito de seguir estimulando su crecimiento como punto de conexión con las demás ciudades y pueblos de la zona.

La movilidad y el crecimiento urbano, lo mismo que los elementos de ambientación territorial se inspiran en esos criterios. Para avanzar en esa dirección, es necesario que haya cohesión en la expansión del municipio cabecera de la provincia, de modo que pueda resistir las tendencias que amenazan su proceso de desarrollo.

De nuevo estamos ante la reanimación del movimiento vecinal, aupado por tendencias políticas, que impulsa la creación de otra municipalidad en la ciudad, con todas las implicaciones que tiene para el manejo ambiental y territorial, y de los cada vez más críticos servicios que se han de prestar a una ciudad de cerca de 600 mil habitantes.

Las agrupaciones más importantes del municipio y la provincia rechazan esa idea. La Asociación de Industriales de la Región Norte, la Asociación de Comerciantes e Industriales de Santiago, la Cámara de Comercio y Producción y lógicamente los auspiciadores del Plan Estratégico de Santiago concuerdan en que crear otro municipio amenazaría el uso del territorio, duplicaría la burocracia y modificaría, otra vez, de manera insensata, el mapa geográfico-político de la República.

Ahora bien, líderes comunitarios, sociales y políticos de la zona Oeste sienten que el ayuntamiento no los atiende. Tienen sus razones. Pero lo ideal es que los santiagueros se unan en la idea de un municipio eficiente, vigoroso, que obre en función de todos.